El primer día de clase fue un verdadero asco.
Me desperté sobresaltada por el ruidoso secador de Alessia y mis ganas de matar aumentaron a niveles estratosféricos. De verdad, ¿cómo se le ocurre poner el secador a las 6.00 de la mañana con dos personas dormidas al lado? Parecía que quería que nos diera un infarto.
Como de costumbre, mi humor por la mañana no era nada bueno aunque pensándolo mejor, nunca tenía buen humor, pero esa mañana entre el mal despertar por culpa de Alessia y la enorme lentitud de Oly para levantarse y vestirse... me iba a dar ansiedad.
Por lo visto, los desayunos te los traían a los dormitorios en un carrito de metal como los de los hoteles de cinco estrellas y a los que jamás había ido pero había visto en las películas. Tostadas con mermelada de fresa, plátanos, cafés, napolitanas y bizcochos. Tenía para elegir.
Fuimos al baño y mientras Oly se duchaba, yo y Alessia nos cepillabamos los dientes. Yo me duchaba por las noches, así lo había decidido porque era mucho más cómodo y relajante. Alessia se levantaba una hora antes que los demás alumnos para ducharse por las mañanas y antes que todos. Una locura. A esas horas por la mañana era un jaleo encontrar una ducha libre. Todas las chicas del internado deambulaban en ropa interior o desnudas por todos sitios y me hacía sentir incómoda.
¿Cuál fue mi sorpresa al entrar en clase y encontrarme a Oliver Ferrara? Estupenda. Vamos, en cualquier momento explotaría de la emoción y se lo hice saber con una simple mirada al igual que él a mí cuando me vio entrar en clase. El único consuelo era que Alessia y Oly también iban a mi clase y bueno... por lo menos no estaría tan sola.
- Bienvenidos otro año más al internado Ancora. Algunos ya me conoceréis de otros años y otros puede que no. Yo soy Marcella Agnelli y voy a ser vuestra profesora de francés -dijo la profesora cuando todos nos sentamos. Se sentó en su silla y nos miró a través de sus gafas de montura gorda y negra-. Me gustaría que los alumnos y alumnas nuevas se presentaran.
Genial. ¿Por qué teníamos que hacer algo de niños de ocho años? ¿presentarnos? ¿no podía mirar los nombres en la lista de alumnos y ya está? Resoplé y empecé a escribir en la mesa con un bolígrafo negro. Nada en particular, solo rayas.
Cinco minutos después de estar totalmente empanada en mi pupitre, noté un leve codazo de Oly a mi derecha que me hizo levantar la mirada y ver a Marcella mirándome fijamente con una sonrisa en su bonita cara estropeada por las múltiples arrugas.
''Hola, me llamo Edith Lombardo, tengo diecisiete años, soy de Roma y mis hobbys favoritos son fumar marihuana y odiar a la gente''. Vale, eso mejor no.
- Levántate para presentarte, querida -recordó y tuve que hacer caso.
Eché mi silla amorfa hacia atrás y me puse de pie mientras los treinta alumnos se giraban sin cortarse un pelo y me miraban.
- Me llamo Edith Lombardo.
- Encantada, Edith, pero explícame algo más. ¿Eres de Génova? ¿cuántos años tienes?
- No hay mucho que explicar. Soy de Roma y tengo diecisiete años.
Noté la insatisfacción de la profesora al darle tan poca información sobre mi persona, pero ¿qué quería que le contara? ¿toda mi vida? ¿para qué quería saber nada más? No entendía esa ansia de los profesores por saber más y más de los alumnos cuando lo único que les debería interesar son sus calificaciones.
Me senté de nuevo y le tocó a otro chico detrás de mí, se le notaba bastante avergonzado y muy tímido.
La mañana pasó lenta, tan lenta que casi me dormí en la clase de informática. No aguantaba más y lo peor de todo es que el primer día de clase no fue para dar clase, lógicamente, si no para presentarnos y para que se presentara el profesor si era nuevo. ¿Y para ésto madrugué? Si lo hubiese sabido me hubiera quedado durmiendo.
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Merece la pena odiarte
Fiksi Remaja¿Qué pasaría si se juntase el fuego con el hielo? ¿la vida y la muerte? Lo mismo que si juntas a Edith Lombardo con Oliver Ferrara, su enemigo desde el primer día en el internado Ancora. Ella es una italiana dura, fría, casi sin sentimientos y harta...
