Capitulo 7: Enseñame a Volar

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Narra Quino

Entre en mi casa con la cabeza baja, después de confesarle a Helena que le seguía amando…me sentía tonto. De nuevo había caído en la trampa del amor.

-Quino –Al levantar la mirada vi a Marta, mi asistenta –¿Qué te pasa? –Era una mujer que se preocupaba mucho por mí. Se acerco y me abrazo con fuerza, yo agradecí el gesto. Al separarme mis ojos estaban empapados en lagrimas –Muchacho… ¿Por ella no? –Yo solo asentí. Ella sabia toda la historia, me obligo a contársela durante las horas en las que espere el coche de policía para detenerme. –Ay niño –Suspiro –He hecho chocolate, te vendrá bien tomar un poco.

-Quiero dormir –Dije como un chiquillo, sin dejarla terminar de hablar me fui a mi habitación. Me despoje de la ropa y me metí solo con el bóxer. Mirando fijamente el escritorio vi que encima estaban las maquetas de nuestras motos, me levante y la cogí. Las acaricie con una triste sonrisa en mi cara. Esa niña sabia como hacerme feliz…siempre lo supo. De pronto me sentí solo, la habitación tan grande…sin ella. Sin mi mitad, sin mi amor. No sé en qué punto me quede dormido y solo el tono de llamada insistente me despertó. Lo cogí de malos modos, era Galván diciéndome que tenía que ir a la discoteca. Bufe…con lo bien que estaba yo durmiendo pero un momento…¡mierda! Es que eran las 5 de la tarde. Salí como una flecha a ducharme, me puse unos vaqueros claros rasgados con una camiseta gris y la chupa que Helena me regalo…la mire. Era preciosa al igual que ella. Sonreí, estaba de mejor humor. Cogí las llaves de la moto y me encamine hacia la discoteca…allí estuve unas dos horas, mi jefe necesitaba ayuda con un sujeto que no le pagaba…en fin lo mismo de siempre. Después de tanto años en este negocio todavía no entendía como había gente que se jodia la vida intentado engañarnos, es que hay que ser inútil. Antes de irme me tope con Ingrid, su mirada era matadora.

-¿Qué pasa? ¿Por qué me miras así?

-¿De verdad lo preguntas? La loca de tu ex novia ha dejado tullida a una de mis mejores chicas, debería despedirla.

-¿Tullida? –Me reí –Si no la hubieras subido, no habría pasado nada.

-Pero ese hombre…¿Quien era para que se pusiera así? –Obviamente nadie sabía la verdad, excepto nosotros y Miriam…luego tendría que hablar con ella para que no abriera la boca, bajo ningún concepto podían averiguar nuestro vínculo.

-No te importa Ingrid –Dije serio –La próxima vez solo sube a tus chicas cuando te lo mandemos, por el contrario si quieres tener otra tullida…ya sabes.

Ya en la calle me saque el paquete de cigarros…joder no me quedaban. Busque con la mirada un estanco pero no vi ninguno, me encogí de hombros. Me puse el casco y emprendí la marcha, no me apetecía irme a casa así que no sé porque…acabe por el barrio de Helena…si por donde vivía ahora. Lo sabía porque Ingrid me dejo ver su currículo, pude ver que el tiempo en el que desaparecí de su vida no había perdido el tiempo. Estuvo en Nueva York en la empresa de su hermano y también trabajando en lo que le salía. Divise un estanco, hice la glorieta y aparque. Cuando lo compre me estaba montando cuando vi un pelo rubio, largo y oí esa risa contagiosa que tanto me gustaba oír…enfrente de mi estaba ella. Parecía despreocupada y feliz pero sabía de sobra que fingía. La conocía lo suficiente como para saberlo. Vestía con vaqueros claros, camisa azul claro junto con chaqueta blanca y en el respaldo de la silla una chupa de cuero…sonreí. Quería acercarme pero tenía miedo de cagarla con lo cual me mantuve en la distancia pero no dure mucho…levanto la mirada y me vio. De pronto su sonrisa se borro por completo, me tense. Con los nervios el cigarro que tenía en la boca casi se me cae al suelo, parecía un adolescente. La vi levantarse pero antes sonrió a un chico que estaba con ella a parte de otra gente mas, claro…mierda me puse muy celoso ya que además este le cogió la mano por suerte se deshizo con elegancia de la mano del chico. Con forme sus pasos se acercaban a mí, me puse más nervioso, note que mi pulso se aceleraba. Cuando estábamos cara a cara nos miramos, ninguno de los dos se atrevía a decir nada.

Un Disparo a mi Corazon 2: Solo Tu (PAUSADA)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora