Capítulo 52: Varias Direcciones y Poca Información
Narra Helena
Era viernes por la tarde y me dirigía ver a Galván, no le llamé pensaba tomarle por sorpresa donde vivía. Me monté en la moto, me puse el casco y los guates y arranqué acelerando al máximo. El viento de diciembre movía mi escaso pelo que sobresalía por el casco. Tomé una curva cerrada medio tumbada y sentí la adrenalina hervir en mis venas, mis rodilleras rozaron el asfalto levantando un olor inconfundible a goma quemada.
Era como tocar el cielo con los dedos. Me sentía en sintonía con mi cuerpo y mi mente, era lo más parecido a ser completamente libre.
Desde el fin de semana pasado, no había tenido oportunidad de hablar con mis hermanos ya que Darío tuvo que irse con Corniloft a Nueva York por cuestión de trabajo y Ruth estaba muy entretenida con sus hijos y Ray.
Supe que estaba con él porque la chivata de mi madre me dijo que últimamente no paraba de sonreír y dormía fuera de casa.
Me alegré por ella, se merecía algo mejor que Carlos, no obstante, me di cuenta de que llevaba sin ver a mi sobrina Carlita desde hacía más de dos meses con lo que me propuse ir a verla en cuanto terminara con Galván. La echaba mucho de menos, sobre todo su sonrisa picaresca y sus ocurrencias.
Llegué a una zona residencial donde los chalets eran tan grandes como palacios, allí vivía gente de gran poder adquisitivo. Desaceleré la moto para mirarlas con detenimiento, y pasear los ojos por los innumerables coches deportivos aparcados en las puertas blindadas con materiales indestructibles. Sonreí. Con un poco de suerte, seguro que conseguía hackear las contraseñas de esas lujosas mansiones.
Me paré. Justo enfrente de mí estaba la mansión donde Galván viva. Estaba idéntica a cuando me fui. Si, esa fue la casa donde estuve secuestrada años atrás. Volver allí me traía amargos recuerdos, algunos buenos pero la mayoría malos. Desde fuera se podía oler el cloro de la piscina y el olor fresco del césped que aunque estuviera casi helando era indescriptible no olerlo.
Dejé la moto aparcada en una zona visible, estaba segura de que nadie me la robaría pero por si acaso, la até a un árbol con su candado. En cuando estuve en la verja, un sentimiento de intranquilidad me llenó el cuerpo. Mis manos temblaron cuando llamé al timbre.
La verja se abrió con un click y pasé.
Todo estaba intacto, como si no hubieran pasado los años por allí. La entrada con su precioso arco en blanco, y el camino de baldosas rojizas daban justo a las escaleras blancas como la nieve. Me detuve unos minutos para mirar la piscina. Y sonreí. Solo había bajado una vez en toda mi estancia pero me encanto que Quino me diera ese capricho.
Antes de continuar, cogí aire. Estaba algo abrumada y muy nerviosa. Al alzar la vista, vi la que fue mi ventana y me imaginé yo misma en aquellos tiempos, mirando por ahí. Subí los escalones con tranquilidad, no tenía prisa. Empujé la puerta con suavidad y me encontré en el impresionante hall. Vi la enorme escalera que daba a los pisos superiores, el ascensor, los jarrones a los lados, las diversas puertas que nunca supe a donde iban. Lo recordaba todo a la perfección. Lo tenía como una fotografía clavada en mi mente.
—Señorita Helena.
Una voz conocida me hizo girar. Ressa, la adorable mujer regordeta que siempre me cuidaba trayéndome las comidas y cuidando de mí, se quedó quieta en los últimos escalones. Llevaba su uniforme de asistenta. Su risueña sonrisa me hizo sonreír.
— ¡Oh niña! —Corrió hasta mí y me abrazó. Fue un abrazo de osezno.
Cogió mi cara con sus manos estrujándome los mofletes y después me besó en la frente. Se quedó mirándome con sus impresionantes ojos chocolate, me dio un repaso de arriba abajo.
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Un Disparo a mi Corazon 2: Solo Tu (PAUSADA)
ActionSecuela de Un Disparo a mi Corazon. Es recomendable leer la primera parte para entender ciertas situaciones que viviaran los personajes. Después del final tan traumatico por parte de Quino y Helena ambos han tomado caminos diferentes. Sus vidas han...