Todos me estaban observando con mala cara. Ross no podía dejar de mirarme, pero su mirada era fría de esas que te podían matar. Me sentía muy incómoda.
—Dejemos de lado las historias, ahora pasemos a comer a la mesa —dijo un señor de cabello rubio, algo canoso. Me parece que era el encargado de la casa, o algo así.
—Sí, es cierto. Tengo muchas cosas para contarles —respondió Tini, separándose de su familia.
—Bueno, niña, gracias por traer a Martina a casa. Te haremos llegar algo de dinero, te puedes...
—No —Martina había interrumpido a esa señora, que si mi memoría no fallaba, se llamaba Stormie —. Ella se quedará a comer —exigió, en voz de mando.
Todos se quejaron, nadie estaba de acuerdo. Ni siquiera yo estaba de acuerdo, Tini era una persona agradable, pero su familia no. A ninguno de ellos le caí bien, y eso me desesperaba. ¿Por qué las personas critican a alguien sin siquiera poder conocerlo? Eso me parece un insulto.
Todos pasamos al comedor. Ahí todos empezaron a sentarse. Martina quedó en la cabecera. Yo me senté al lado de Ross, no porque quisiera, sino que era el único lugar disponible, para mi mala suerte.
Nos sirvieron langosta, con mantequilla al lado, y un poco de lechuga. Nunca en toda mi vida había comido langosta, y si quieren que sea completamente sincera, la langosta se ve algo asquerosa.
—Ella se llama Laura, y me estuvo cuidando por todo este tiempo —comenzó a contar Martina —. Tuve un accidente, perdí la memoria y así es cómo ella me ayudó.
—¿Y cómo llegó hasta ti? —preguntó una chica rubia, algo parecida a Ross, apostaría que es su hermana —, No creo que sea casualidad que haya dado con una millonaria. No has pensado que ella sabía de ti, y ella misma te dañó.
Enarqué las cejas, sorprendida. Esa chica me miró con mala cara. Yo suspiré, nunca en mi vida sería capaz de dañar a alguien, mucho menos a una abuela, eso sería algo espantoso.
—No. Ella me contó la historia, me encontró tirada en el suelo, me llevó al hospital y así fuimos a su casa —explicó Martina.
—Mamá, ¿Y si ella sólo quería dinero? —preguntó Stormie —, Ahora que está aquí, seguramente va a querer dinero.
—Tengo otros planes —respondió Martina, con tono serio.
De acuerdo, puedo decirles que si las miradas tuvieran el poder de matar, yo ya estaría realmente muerta. ¿Qué planes puede tener Martina? Sinceramente no tengo ni la menor idea, esto se vuelve cada vez más incómodo.
—Laura lo ha perdido todo, si quiere dinero, yo...
—Abuela, no pierdas dinero en gente que no vale nada —dijo Ross, interrumpiendo a Martina —. Si ella no tiene nada, es porque es una tonta. No necesita nada.
—Laura vale mucho —respondió Martina, levantándose de la mesa. Estaba más que enojada, eso se podía ver. Me iba a defender. Una anciana, que no me conoce tanto, me va a defender —. Y he llegado a la decisión de que se quedará a vivir aquí, porque la ayudaré.
Todos empezaron a gritar y a reclamar enseguida. Escuchaba todas las tonterías que decían, pero no les prestaba atención. Sólo podía perderme en la inmensidad de la mansión. ¿En serio Martina quiere que viva aquí? Pero... ¿Por qué? Yo sé que no vivo en las mejores condiciones, pero... ¿Podría soportar vivir con todos ellos, que me odian?
—¡Silencio todos! —ordenó Martina. Todos le hicieron caso enseguida, dejaron de quejarse de mí —. Laura vivirá aquí, es una orden. La dueña de casa soy yo, y yo tomó las decisiones.
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The True.
FanfictionLaura vivió toda la vida con su padre. Hasta que un día, él decidió comenzar a salir con Jill Mitchell, quién se convertiría en su madrastra. Ella a pesar de ser millonaria, quería dedicarse a estudiar algo simple: gastronomía. Simplemente quería se...
