Después de que rechacé el beso de Maia, se formó un silencio muy incómodo. Uno de esos que ni siquiera con tijeras puedes arreglar. Suspiré para demostrar que estaba incómodo, Maia me miró y mostró una leve sonrisa.
—Ross, tal vez deberíamos...
—Maia, iré a casa a dormir —la corté en seguida. No quería escucharla, no quería nada de lo que ella quisiera. Ya estaba cansado de todo.
Ella me miró con sorpresa.
—Pero... —intenta hablar, pero antes de que pueda hacerlo antepongo mi mano, interrumpiéndola.
—No tenemos nada de que hablar —dijo tajante, poniéndome de pie —. Adiós —le di un corto beso en la mejilla.
—Te acompañó hasta la puerta.
Los dos avanzamos hasta la puerta. Ella me dio un abrazo, yo lo correspondí, pero no con cariño. No me sentía tan feliz como antes a su lado y no podía entender bien la razón de ello.
Subí al auto y comencé a conducir lleno de dudas sobre muchas cosas. Mis piernas me estaba matando debido a la larga jornada de trabajo por la cual tuve que pasar, he estado trabajando como nunca antes en la vida y me parece algo odioso. En casa tengo que pasar tiempo quiera o no quiera con la pesadilla de Laura, que cada vez me confunde más. En ocasiones siento que es malvada, y en ocasiones siento que es buena, es una chica complicada. Respecto a Maia, cada día me aturde más...
Encendí la radio y de ese modo me relaje un poco más, con la música un tanto alta.
Las horas de conducción no fueron tan largas, por lo que llegué pronto a mí casa. Guardé el auto en el garaje y abrí la puerta de la casa.
Al ingresar al comedor, me di cuenta de que lo mejor que podía hacer era terminar mi absurda relación con Maia, porque ya no es lo que era. No tenemos amor, sólo siento cariño hacia ella, nada más. No quiero ilusionarla, prefiero ser directo con ella a seguir mintiéndole.
Siento unos pasos que se acercan y veo a Laura. Ella lleva puesto un vestido de color rojo y su cabello está tomado, en un moño. Se ve muy bonita.
—Hola —me saluda la recién llegada con una sonrisa.
—Ni pienses que tenemos una relación tan buena como para saludarnos cuándo se te dé le gana —respondo tajante y separándome de ella. Me mira confundida y abre la boca, decido interrumpirla —. No confió en ti, tu actitud de Santurrona me hace tener muchas dudas respecto a lo que seas —le aclaré. Ella se dedicó a rodar sus ojos.
—¿Cuántas veces tengo que...
En ese momento, la puerta se abre y podemos ver como entra mi abuela. Sonríe, pero tiene una cara de preocupación en el rostro que me preocupa en seguida.
—¡Señora!
Laura se separa de mí y se acerca a mi abuela, la sostiene de los hombros y la ayuda a sentarse con sumo cuidado. Ahora mi abuela está sentada en la mesa del comedor, suspirando.
—Le traeré agua —Laura se retira con pasos veloces para ir a la cocina.
—¿Qué pasó, abuela? —me acercó a ella, sentándome en la silla que está frente a ella. Ella me mira con pesar, mi estómago no deja de doler.
—¿Dónde están los demás? —pregunta con un susurró. Se ve realmente agotada, eso me hace sentir peor.
—No hay nadie en casa, salvo nosotros y Laura —respondo preocupado —. ¿Quieres que los llame? —estoy por pararme, pero ella coloca su mano sobre la mía, deteniéndome.
—No, quiero hablar de algo con los dos —en ese preciso momento Laura vuelve con agua, se la entrega a mi abuela que se la toma al toque —. Les diré lo que pasó, por favor siéntense.
Laura se sienta a mí lado. Ambos compartimos una mirada llena de preocupación, como si fuesemos una pareja de esposos, es algo extraño.
—Me demandaron...
—¿Quién te demandó? —preguntó haciendo puños mis manos, iba a decir alguna grosería, pero me contuve porque mi abuela estaba presente en la sala.
—Cómo decía, me demandaron —me ignoró y yo suspiré de mala gana —. En la demanda dijeron lo vieja que estoy, y gracias a ello, me quieren quitar el Restaurante. Tengo treinta días para subir las ventas, o sino... Cerrarán el restaurante —terminó de explicar con un hilo de voz, estaba comenzando a llorar, se veía fatal.
Laura estaba sorprendida, tenía los ojos abiertos de par en par. Mientras que yo estaba indignado. ¿Quién se creía capaz de pasar a llevar a mi abuela?
—Ese restaurante es mi vida... —mi abuela comienza a llorar de inmediato, me duele el corazón al verla tan vulnerable.
—¡Señora! —Laura se levanta y la abraza, mi abuela sonríe entre lágrimas y yo siento mucha ternura al verlas de ese modo —. Te ayudaré a recuperar el Restaurante, las ventas van subir, yo lo prometo.
En ese momento sonrió, porque ya descubrí a Laura. Quiere salvar el Restaurante para no perder la fortuna, ¡Es una tonta! ¿Acaso cree que se saldrá con la suya? Lo siento abuela, pero...
—Es un caso perdido —digo poniéndome de pie, con una sonrisa impregnada en el rostro.
—¿Un caso perdido? —Laura se separa de mi abuela, y me confronta parada. Es tan baja que ni siquiera llega a mi rostro, sonrió con suficiencia y veo hacia abajo, conteniendo la risa. Ella se para de puntitas, y su gesto enojado es completamente gracioso —. ¡No puedes decirle algo así a tú abuela! —grita.
—Tú lo has dicho, mi abuela —le recuerdo y remarcó la palabra abuela —. Ella es una anciana, y si quieren quitarle el restaurante, está bien. Ella no...
—¡Cierra la boca! —me interrumpe, evitando que pueda terminar aquella oración. La observó y su rostro se ha puesto rojo, debido a la rabia que pudo sentir en ese preciso momento, me calló, no porque me de miedo o algo así, sino que quiero saber su opinión —. Puede que ella sea una anciana, pero el trabajo que hace es increíble, no cualquier persona a su edad puede seguir dirigiendo un restaurante, ¡Ella es increíble!
Laura se aleja de mí y se acerca a mí abuela, mirándola con mucha ternura. Aunque también, con decisión.
—Te prometo que te ayudaré, todo estará bien —le dije con seguridad.
—Mentir es malo —susurró y me alejó, para ir a mi habitación dejándolas a ambas solas.
—...—
Ross se fue y yo hice dos perfectos puños con mis manos. Su falta de educación me molestaba un montón. ¿Quién se creía que era? Lo odio, fue tan frío con su abuela.
—Vamos, creo que sería buena idea dormir —le digo a Tini con cariño.
—Gracias por todo —dice sonriendo débilmente.
La ayudó a incorporarse, y juntas llegamos hasta su habitación. La recuesto sobre la cama, y ella simplemente sonríe, yo hago lo mismo y cierro la puerta al salir, sonriendo. Aunque me siento un poco cansada.
Martina llegó muy mal de la demanda, los chicos la ayudaron, pero discutieron. Ross se comporta frío con su abuela, y Laura la cuida como si fuera su propia abuela. ¡Ay, Dios! Veamos qué solución se les ocurre.
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The True.
FanfictionLaura vivió toda la vida con su padre. Hasta que un día, él decidió comenzar a salir con Jill Mitchell, quién se convertiría en su madrastra. Ella a pesar de ser millonaria, quería dedicarse a estudiar algo simple: gastronomía. Simplemente quería se...
