La casa era grande y habían muchos adultos mayores o personas con problemas. Aunque, personalmente, no me agradaba la idea de dejar a Tom ahí, sabía que no tendría el tiempo ni los medios necesarios para cuidarlo adecuadamente.
-Aquí es; nunca sale de su cuarto.
Tocó la puerta y entró.
-Tom, tu hija vino a verte.
-¿Mi hija?
Entré; su expresión se relajó, dejó su lectura y sus lentes de lado y me miró sorprendido.
-Hola pa.
-Sara... Estás aquí.
-Estoy aquí...-susurré con un nudo en la garganta y los ojos llenos de lágrimas.
Ahí estaba, sentado en su silla, mirándome como si los años sin vernos no hubieran sido nada.
-Ven aquí pequeña...
Me acerqué corriendo a sus brazos, quienes esperaban por mi abrazo, y comencé a llorar.
-¿Porqué estás llorando, Marie?
-¿Por...? No sé...
-Marie, estoy bien.
-Tienes Alzheimer.
-Bah, eso es pura mierda. Podemos seguir bailando y puedo seguir haciendo lo de siempre. Tengo 60 años, ¿acaso crees que viviría por siempre?
-Pá, estás muy joven para esto...
-Al diablo con la edad, ¿acaso tu madre no murió a los 44?
Suspiré. La tuve sólo 15 años de mi vida. A los 29, me tuvo con el mismo hombre con el que tuvo a mi hermano, ¿porqué? Jamás lo supe y no lo sabré.
-Tengo tantas cosas que contarte antes de morir.
-Papi, no hables así. Aún te falta conocer a tus nietos.
Sonrió débilmente, después nos pusimos de pie y me sacó de su habitación para ir a caminar.
-Tom, prometo que volveré lo más pronto que pueda, ¿vale?
-Ay, pequeña, no hay problema. Sólo cuando puedas.-se acercó y en un susurro me dijo:- Cuando vengas, tráeme algún dulce o algún cigarro.
Puse los ojos en blanco, me despedí y me fui.
-¿A dónde, señorita?-preguntó el taxista.
-Al centro.
El hombre asintió y me llevó sin preguntar nada en el camino.
Miré por la ventana. Una lágrima salió sin permiso de mis ojos; la limpié rápidamente y envíe un texto a Anna.
«Lamento interrumpir el sexo.
Fui a ver a Tom hoy...»
-¿Aquí, señorita?
-Sí, ¿cuanto es?
-£10
-Vale, aquí tiene. Guarde el cambio.
Salí del taxi rápidamente y comencé a caminar hasta la casa.
Pasé el primer portón y después de unos tres minutos, llegué al segundo portón, lo abrí, caminé hasta la casa y una vez adentro me puse a llorar.
«Mamá, no te lo lleves. Sé que lo amas, pero no lo hagas», pensé.
Unas cálidas manos con unos cuantos pelitos rojos me salvaron.
-Te dije que no debías ir sola...
-Aunque hubieras venido conmigo, igual lloraría.
No respondió, sólo se quedo ahí junto a mi en silencio.
-Ven, te duchas y yo te alimento, ¿vale?
Asentí.
Él caminó hasta la cocina, yo hasta mi cuarto a ducharme.
Con el pelo mojado, pegado a la camiseta que me acababa de poner, sentada en la ventana, sólo con las bragas puestas, los pies colgando y un cigarro en la mano, admiraba por encima de algunos árboles, Londres. Pensaba en mi madre, en Derek y en Tom.
¿Y si habían secretos que Tom aún no me había revelado? Muchas veces había soñado con que comenzaba a decirme el porqué de muchas cosas.
Alguien tocó la puerta, tiré mi cigarrillo casi apagado y volví a poner los pies en mi cuarto.
-Adelante-dije mientras me arreglaba la camisa.
Una cabeza de perfectos rizos oscuros apareció con una sonrisa. Pero pronto se desvaneció al oler el asqueroso y repulsivo olor a tabaco.
-Pensé que lo...–
-No es fácil. Igual, debo dejarlo para el lunes. No puedo bailar con pulmones llenos de humo.
-¿Ya tienes empleo?
-Si. Bailarina principal de una academia.
-Tendrás que modelar, ¿no?
-Sí.
Su ceño se arrugó. Estaba disgustado.
-¿Qué?-pregunté inofensivamente.
-No me agrada la idea.
Se comenzó a acercar; con los puños fuertemente cerrados, respiración agitada.
-¿De que modele? Casi nunca lo haré.
-Sí, lo hacen todo el tiempo. Pregúntale a Danielle.
-Ella es diferente.
-Es lo mismo-dijo entre dientes.
Me mordí la lengua para evitar decir algo de lo que después me arrepentiría.
-Te estás mordiendo la lengua.
Negué con la cabeza. Mis ojos claros llenos de inocencia por que no sabía que traía entre manos.
-¿Bailarás con chicos?
Asentí.
Bufó. Apretó la mandíbula y respiró fuertemente.
Me mordí el labio; él lo notó y me besó mientras me apretaba contra su cuerpo.
-Eres mía, ¿entiendes?-me dijo aún con nuestros labios unidos.
Asentí obediente.
Mordió mi labio, lo jaló y lo soltó cuando un pequeño gemido se escapó de ellos.
-Y de nadie más.
Besó delicadamente mi labio, por el cual corría la sangre para sanar la herida que me había hecho.
-Vale, ve a comer-se separó un poco de mi-. Ponte un pantalón y un bra, Ed tiene compañía y no quiero que vean nada de ti.
Se dio media vuelta, desapareciendo de mi vista. Llevé mi mano hacia mi labio. Me había hecho daño.
Obediente, me puse un pantalón deportivo y un suéter y bajé a comer.
-¿Ya te vas?-preguntó Ed a Harry.
-Sí, sólo venía a saludar.
Bajé en el momento que Harry salió de la casa; corriendo hacia la cocina para no toparme con los amigos de Ed, quienes estaban jugando póker en la sala.
-¿Qué pasa?-preguntó Ed.
-Nada, sólo muero de hambre.
-¿Fumaste?
-Sólo uno.
-Ah.
Me di cuenta que había salido de la cocina, así que me senté a comer los espaguettis a la boloñesa que me había cocinado con una copa de vino blanco al lado.
-Esperen, voy a la cocina por una cerveza-escuché una voz.
-¡No, no,no!-intentó impedirlo Ed. Pero era demasiado tarde, su hermano ya había entrado y sus ojos estaban posados en mi.
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Secrets.
FanfictionPrólogo: {Continuación de 'Intenta Conquistarme'} Después de enterarse de su embarazo, Sara decide alejarse de todos lo más que pueda. Lo inesperado sucede, y las cosas comienzan a mejorar para nuestra amiga a tal punto, que se marchará de la vida d...
