Había ocurrido en su noche de bodas. Se habían duchado después del vuelo y estaban en la terraza de la habitación del hotel mirando al mar en el momento del ocaso, maravillándose del espectáculo visual que se estaba desarrollando frente a ellos.
Nadie podía verlos en la terraza de su habitación y ambos estaban completamente desnudos. Durante el vuelo, Chris le había advertido que así quería tenerla durante los siete días que iba a durar su luna de miel.
Los nervios se habían apoderado de ella, pero sus inhibiciones desaparecieron en el momento en que se encontraron allí y, en la terraza de la habitación, el aroma de Ucker la había embriagado.
De repente, dejó de desear ver la puesta de sol... ¡Quería hacer el amor!
Se había emborrachado con la esencia de él, le había inhalado hasta lo más profundo de su ser; después, le había tomado la mano y le había llevado al dormitorio.
Lo que ocurrió a continuación fue increíble. Allí, en esa isla mágica, aquella noche, comienzo de su vida juntos, alcanzaron un placer enloquecedor. Y ella pensó que iba a ser muy feliz.
Sin embargo, su relación no había tenido un final feliz. Y ahora, al volver a absorber su aroma, esa esencia pagana, sintió miedo. ¡Miedo y deseo! ¡Un estúpido deseo!
Chris sólo podía hacerla sufrir.
Sin embargo, necesitaba el trabajo que él le había ofrecido.
¡Chris era su única salida!
Sería una estupidez rechazar la oferta por algo que había ocurrido tres años atrás.
Christopher: ¿Lo has pensado?
Dulce: ¿En qué trabajaría?
Chris le lanzó una traviesa sonrisa.
Christopher: Mi secretaria va a tomar la baja por maternidad y todavía no he encontrado una sustituta. Tú servirías.
Dul se quedó horrorizada. ¡No podía ser! ¡No podía ser su secretaria! Ella quería estar lejos de Chris, no a su lado.
Christopher: Pareces sorprendida.
Dulce: Lo estoy. No puedo trabajar tan cerca de ti.
Christopher: ¿Por qué no? —preguntó en tono agradable, aunque ella temía que su amabilidad era la propia de un lobo a punto de lanzarse a su presa.
Dulce: Porque... porque... —le falló la voz.
No se le ocurría ninguna excusa convincente.
Christopher: ¿Lo ves?, no sabes por qué —sonrió.— En cuyo caso, todo está solucionado. Serás mi secretaria.
Dulce: No —declaró valientemente.— Necesito pensarlo. Considerar si puedo o no trabajar en continuo contacto contigo. Me tomaré hoy para pensarlo y te contestaré mañana por la mañana.
La sonrisa de Ucker mostraba confianza en sí mismo.
Christopher: Los dos sabemos lo qué vas a contestarme.
Dul sacudió la cabeza.
Dulce: Eso no es verdad. Es cierto que necesito un trabajo, pero no estoy tan desesperada.
Chris arqueó las cejas.
Christopher: Si lo que me has dicho es verdad, serías una tonta si rechazaras mi oferta.
Dulce no era de la misma opinión.
Sería una tonta si se colocara en una situación en la que pudiera volver a sufrir... porque eso era lo que iba a ocurrirle.
Trabajar junto a Chris sería un desastre.
Dulce: Piensa lo que quieras —le dijo irritada.— Ahora, quiero irme a mi casa.
Christopher: Acabas de llegar —dijo sin comprender.
Dulce: He cometido un error al aceptar venir aquí. Y si no quieres llevarme a mi casa, pediré un taxi por teléfono.
Christopher: Los taxis cuestan un dinero que tú no tienes. En fin, si tan decidida estás, te llevaré a tu casa.
Pero Chris no parecía contento y la llevó a su casa en absoluto silencio.
A Dul le alivió que él no quisiera hablar, porque ella no tenía nada que decirle.
Estaba confusa. La oferta de trabajo de Ucker era muy generosa, dadas las circunstancias, y sabía que debía aceptarla. Sin embargo, tenía miedo de lo que pudiera ocurrir entre los dos.
Al llegar a su casa, Chris decidió romper por fin su silencio.
Christopher: No puedo esperar. Necesito una secretaria inmediatamente —dijo en tono frío y distante.— Si no me llamas mañana a primera hora, no me llames.
Dul salió del coche rápidamente.
Dulce: No te llamaré —dijo antes de cerrar dando un portazo.
¿Qué había hecho? Había rechazado una muy buena y necesaria oferta de trabajo. ¿Era idiota o qué le pasaba?
Y cuando abrió el sobre que le habían echado por debajo de la puerta y lo leyó, se dio cuenta de lo estúpida que realmente había sido.
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Bajo Su Hechizo
RandomQuería que fuera su secretaria durante el día... y su amante de noche. Cuando Dulce María volvió a ver a su marido tres años después de abandonarlo, su primer instinto fue huir. Christopher Uckermann no volvería a hacerla sufrir. Chris buscaba ven...
