3 meses después se casaron allí, en España. Pasaron la luna de miel en Madeira, en el mismo hotel que la primera vez.
Y después fueron a Londres, donde Christopher la llevó a un ginecólogo.
—Bueno, señora Uckermann, no comprendo muy bien por qué está usted aquí.
Dul miró a Chris, aferrada a su mano, convencida de que el especialista iba a decirle que él no podía hacer nada.
Sintió las lágrimas amenazando con escapar de sus ojos.
Dulce: Lo siento —le susurró a su marido.
Chris le apretó la mano en un afán de darle ánimos.
—Tengo el informe de cuando perdió el bebé y sé lo que le dijeron. Pero lo cierto es que...
El médico se interrumpió un momento y a Dul le dieron ganas de gritarle que continuara y que acabara con todo aquello.
—En fin, se equivocaron. Señora Uckermann, tengo el placer de decirle que está usted embarazada —anunció el ginecólogo con una amplia sonrisa.— Déjeme ser el primero en felicitarla.
Ella se quedó boquiabierta.
Dulce: ¡No puede ser!
—Le aseguro que sí —respondió el médico.— Está usted embarazada. Y tanto usted como el bebé están en perfecto estado.
El médico le ofreció la mano.
Dulce se la estrechó, casi mareada, y luego miró a Christopher, que estaba tan perplejo como ella.
Entonces, ambos sonrieron, se abrazaron, se levantaron de sus asientos y comenzaron a bailar por la consulta.
El ginecólogo, probablemente, pensara que estaban locos. Pero ellos no pudieron evitarlo, eran completamente felices.
Dulce: Es un milagro —declaró.
Cuando el médico los dejó solos en la consulta, Dul clavó los ojos en los de Christopher y sacudió la cabeza con expresión incrédula.
Dulce: ¡Es un milagro! —repitió.
Christopher: El milagro eres tú, señora Uckermann.
Dulce: No puedo creerlo. Debes de ser muy especial para hacerme esto, Chris.
Christopher: No, la especial eres tú, mi vida. Me has hecho muy feliz. No es que no lo fuera antes, pero... En fin, esto es la guinda. Te amo, Dul, te amo más que a mi propia vida. Y estoy orgulloso de que vayas a ser la madre de mi hijo.
Chris la abrazó con fuerza.
Christopher: ¡Dul, vamos a gritarlo a los cuatro vientos!
••••••••••
Siete meses después, Dulce y Christopher eran los orgullosos padres de unos mellizos, un niño y una niña, Alexander y Renata Uckermann Espinoza habían llegado al mundo.
Christopher aún recordaba la inmensa felicidad que habían sentido al enterarse de que serían padres por partida doble, Dulce le había dado lo que más deseaba en la vida: sus preciosos mellizos.
Aún tenía presente la hermosa sonrisa en el rostro de su mujer, al ver por primera vez a sus bebés, al final, todo había valido la pena, incluso el escucharla gritar miles de veces que jamás volvería a acostarse con él.
Dulce Espinoza era la mujer de su vida, aún no entendía como había sido tan estúpido y había permitido que se marchara así sin más.
Alexander tenía el cabello rizado como Chris, físicamente era tan idéntico a él, en cambio, Renata era muy parecida a Dulce, tenía sus preciosos ojos cafés y las facciones de su carita eran como las de su mamá.
Dos años después, tuvieron otra niña, Chloe.
Ella era una combinación de ambos, tenía el cabello como el de Dul, los ojos de Chris, en fin, era perfecta, al igual que sus hermanos.
Cuando Dulce les dijo a sus pequeños mellizos que tendrían una hermanita, y que la tenía en la panza, los mellizos abrieron los ojos con asombro, quedándose pensativos y, entonces, al cabo de unos segundos Renata corrió como pudo hacia su papá y con sus palabras a penas entendibles, acusó a Dulce de haberse comido a la bebé... Christopher y Dul soltaron una carcajada al escuchar a su princesa, pero después le explicaron que no era así.
La familia estaba completa.
Christopher ya no trabajaba a todas horas. Era un padre de familia, orgulloso de su mujer y de sus hijos, y Dulce jamás había sido tan feliz.
Olvidados quedaban los momentos de tristeza y dolor.
Ni siquiera Christopher podía creer que, en el pasado, se le hubiera ocurrido vivir sin Dulce.
¡Qué error habría sido! Ella era el único amor de su vida.
¡Por siempre jamás!
FIN.
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Bajo Su Hechizo
RandomQuería que fuera su secretaria durante el día... y su amante de noche. Cuando Dulce María volvió a ver a su marido tres años después de abandonarlo, su primer instinto fue huir. Christopher Uckermann no volvería a hacerla sufrir. Chris buscaba ven...
