Capítulo 41

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Dulce miró a Chris con grandes y luminosos ojos, inconsciente de que nunca se habían visto tan hermosos.

Dulce: No nos está pasando nada —dijo con firmeza.

Y aunque nada le habría gustado tanto como permanecer en los brazos de él, giró en la cama y le dio la espalda.

Estaba corriendo el peligro de enamorarse de Ucker otra vez. Había demasiadas cosas en su vida de las que no le había hablado, cosas que podían destruirlos a ambos. No podía permitirse el lujo de implicarse emocionalmente con él.

Christopher: ¿Ya te está pesando lo que hemos hecho? —preguntó con el ceño fruncido.

Dulce: ¡No! ¡Sí! Sí, me pesa. No quiero que volvamos a estar juntos.

Christopher: ¡Mentirosa! —se levantó de la cama y, de pie, se la quedó mirando.— Entonces, ¿lo único que quieres de mí es sexo, sin ninguna obligación? ¿Es eso lo único que quieres?

Dul se sentó en la cama y se cubrió los pechos con la sábana.

Dulce: Por favor, Chris, no estropees este momento. Acabamos de hacer el amor y ha sido mejor que nunca. Sin embargo, no tenemos que comprometernos el uno con el otro una vez más. ¿Es que no podemos disfrutar de lo que tenemos?

En el momento que aquellas palabras escaparon de su garganta, Dulce se arrepintió de haberlas pronunciado. Había dado la impresión de querer sólo el cuerpo de Christopher.

Él se dio cuenta al instante.

Christopher: Lo que estás diciendo es que tienes ganas de sexo, pero nada más, ¿no es eso?

Dulce: ¡No! —exclamó.— No tengo ganas de nada. Pero... no puedo evitarlo cuando estoy contigo.

Chris esbozó una sonrisa.

Christopher: ¿Quieres que te cuente un secreto? A mí me ocurre lo mismo. Al parecer, tenemos un problema.

Un problema insuperable, pensó ella.

Christopher: Pero creo que tengo la forma de solucionarlo.

Dulce: ¿En serio? —frunció el ceño y lo miró con curiosidad.

Chris se sentó en el borde de la cama y le acarició los labios con la yema de un dedo.

Christopher: Digamos que estás de acuerdo en que nos llevamos mejor, ¿no? —preguntó. Dul asintió.— Y no sólo físicamente, ¿me equivoco?

Dulce: No, no te equivocas —respondió débilmente, preguntándose a dónde quería llegar.

Christopher: Dulce, creo que deberíamos hacernos amantes. Creo que deberíamos comportarnos como si acabáramos de conocernos. Aquí, en este lugar tan especial, creo que podríamos aprender a conocernos otra vez.

Chris esperó a ver cómo reaccionaba. Al ver que ella no decía nada, continuó:

Christopher: Sé que hemos tenido desavenencias; pero, en mi opinión, deberíamos intentar superarlas. ¿Qué te parece?

Dul no sabía qué decir. La sugerencia de él la había tomado desprevenida. Y aunque no la había esperado, le resultó tentadora.

Dulce: Tendríamos que superar muchas cosas —respondió débilmente.

Christopher: Estoy de acuerdo, pero tenemos tiempo. ¡Tenemos todo el tiempo del mundo! Podríamos ir despacio, si es eso lo que quieres.

Las dudas la obligaron a hacer una pregunta:

Dulce: ¿Cómo sabré que me eres fiel? Tuviste una aventura amorosa mientras estábamos casados. Si te vieras tentado otra vez... te resultaría más fácil si fuéramos independientes. Además, yo no podría soportarlo.

Con sobresalto, vio que Ucker volvía a levantarse y la miraba furioso.

Christopher: Para tu información, jamás he tocado a otra mujer mientras estábamos casados, a pesar de lo que tú creas. ¿Y por qué, siendo yo el que ha propuesto que volvamos a estar juntos, iba a querer tener una aventura con otra?

Dulce: No es imposible —dijo con una leve sonrisa.— Atraes al sexo opuesto como la luz a las polillas. Incluso mi amiga Any me ha dicho que no le importaría acostarse contigo.

Ucker sacudió la cabeza.

Christopher: Me parece que tu opinión sobre mí no ha cambiado nada. Y ya que estamos con ese tema... ¿cómo sé yo que no vas a volver a dejarme por otro hombre?

Enfadado, Chris se dio media vuelta y empezó a caminar hacia el cuarto de baño.
Dul se sentía como si acabaran de darle una bofetada. Al momento, saltó de la cama y fue tras él.

Dulce: ¿De qué demonios estás hablando?

Christopher: Te vi —le espetó.

Dulce: ¿Qué es lo que viste? —preguntó, más confusa que nunca.

Christopher: Te vi abrazando a otro hombre y a plena luz del día —contestó con fría furia.

Dul estaba perpleja.

Dulce: Perdona, pero debiste de confundirme con otra. Después de ti, jamás he estado con otro hombre.

Christopher: ¿En serio? —una negra cólera había oscurecido los hermosos ojos de Chris.— No me mientas, Dulce, te vi.

Dulce: ¡Por el amor de Dios! ¿Dónde? ¿Y cuándo?

Debía de tratarse de un error. Christopher estaba completamente equivocado.

Christopher: En Oxford Street, un par de días después de que me dejaras. ¿Quién era, Jack Duarte? ¿Tu amigo del gimnasio? ¡Vaya amigo!

Dulce: ¡Ah! —exclamó, lanzando un suspiro de comprensión.

Christopher: ¿Lo ves? Lo sabía. Sabía que estabas mintiendo. Vamos, Dulce, vístete. Regresamos.

Dulce: ¡Christopher! —Dul fue a ponerle una mano en el brazo, pero él se apartó de ella bruscamente.— Escúchame, Chris, todo fue perfectamente inocente. Yo estaba...

Christopher: ¿No es eso lo que se suele decir en estos casos? —preguntó fríamente.

Dulce: Es la verdad. Era mi primo.

Christopher: ¿Tu primo?

Dulce: Daniel y yo nos criamos juntos, éramos como hermanos. Pero mis tíos, sus padres, emigraron a Australia y perdimos el contacto. Ese día nos encontramos por casualidad en Oxford Street, no podíamos creerlo. Fue como un milagro.

Chris la miró fijamente a los ojos, parecía estar preguntándose si le creía o no.

Christopher: ¿Es eso verdad? —preguntó por fin.

Ella asintió y contuvo la respiración.
Poco a poco, la tensión abandonó el cuerpo de Chris. Por fin, él abrió los brazos hacia ella.

Christopher: Siento haber dudado de ti, Dul.

Dulce: ¿Así que todo este tiempo creíste que me había ido con otro hombre? — preguntó, dándose cuenta de la importancia de lo que él había dicho.

Él asintió.

A Dul le entristeció la mala opinión que Chris había debido de tener respecto a ella y las lágrimas asomaron a sus ojos. Al momento, él la estrechó en sus brazos.

Christopher: No llores, pequeña. No me hagas sentir más idiota de lo que ya me siento.

Bajo Su HechizoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora