Capítulo 39

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Entonces, una mañana, llamó por teléfono su amiga Anahí.

Anahí: Dul, estoy aquí, en España. He venido con Erika y Joanne de vacaciones. ¿Puedo ir a verte mañana?

Dulce: Naturalmente —respondió encantada.— ¿Dónde estás? Le pediré a Christopher que envíe un coche a recogerte.

Anahí: ¡Maravilloso! ¡Qué lujo! Por cierto, estoy en Marbella.

••••••••••

Cuando Dul se lo dijo a Chris, éste accedió inmediatamente.

Christopher: Te sentará bien charlar con una amiga. ¿Cuánto tiempo se va a quedar?

Dulce: No lo sé. Supongo que sólo vendrá a pasar el día.

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Cuando Any llegó a la mañana siguiente, Chris anunció que se marchaba.

Christopher: Las dejaré solas para que hablen a sus anchas. Que se diviertan.

Anahí: Este sitio es magnífico —declaró cuando Chris se hubo marchado.— Vamos, enséñamelo todo.

Anahí era de buena estatura, delgada, rubia y extrovertida, y era guapa.

Después de haberle enseñado unas cuantas habitaciones, Any se mostró claramente impresionada.

Anahí: Pero ¿todo blanco? Siendo tan viril como Christopher es, habría imaginado que preferiría colores más fuertes.

Dul se encogió de hombros.

Dulce: La casa está decorada por un profesional.

Anahí: ¡Ah! —exclamó sonriendo.— Ha tenido que ser una mujer y él estaba encaprichado con ella, ¿verdad? Quizá no quisiera decirle que no a nada. Me pregunto si no le pagaría en especial...

Dulce: ¡Anahí! —protestó.

Sin embargo, ella también había pensado lo mismo que su amiga. La casa era elegante y muy bonita, pero no reflejaba el gusto de Christopher.

Dulce continuó enseñándole la casa a su amiga, a excepción del dormitorio de Chris, ya que le parecía que era invadir su intimidad. Sin embargo, Any no tenía los mismos escrúpulos.

Anahí: Ésta es la habitación de Christopher, ¿verdad? —dijo, abriendo la puerta que les quedaba por abrir.Y antes de que Dul pudiera impedírselo, Any entró en el dormitorio.— Christopher, me decepciona —comentó.— Aunque... ¡Qué maravilla! —exclamó al entrar en el cuarto de baño.— ¡Esto es un sueño! Apuesto a que lo han pasado muy bien aquí.

Dul se sonrojó a pesar suyo.

Dulce: Ven, deja que te enseñe el jardín —sugirió, ignorando la sugerencia de su amiga.

Más tarde, sentadas en la terraza tomando un té con hielo, Any volvió a sacar el tema.

Anahí: Dime, ¿qué hay entre Christopher y tú? ¿Están juntos otra vez?

Dulce: ¡No! —exclamó.— Aunque confieso que hemos hecho el amor.

Anahí: Nunca han tenido problemas con el sexo ustedes dos, lo sé. Se te notaba en la cara. Confieso que te tenía envidia. Yo jamás he conocido a un hombre que me haga sentir así —suspiró mirando a su alrededor.— Esto es precioso, no me extraña que te haya seducido y hayas acabado acostándote con él. Yo, en tu lugar, habría hecho lo mismo.

Dulce: ¡Anahí!

Su amiga se encogió de hombros.

Anahí: Siempre me ha gustado Christopher, como sabes muy bien. Aunque, por supuesto, jamás me he insinuado a él. Chris te adora, Dul.

Dulce: Quizá en el pasado —respondió rápidamente.— Pero no olvides que fue él quien arruinó nuestro matrimonio. Anteponía el trabajo a mí. ¿No te parece eso bastante significativo?

Anahí: Así que... ¿no hay posibilidad de una reconciliación?

Dulce: Ninguna —contestó sacudiendo la cabeza con firmeza.

Anahí: En ese caso, ¿por qué te estás acostando con él? —preguntó con el ceño fruncido.— ¿No te estarás metiendo en un lío?

Dulce: Es posible —admitió.— Pero no puedo evitarlo. Chris es un hombre muy persuasivo.

Anahí: ¿Crees que te está utilizando? Quiero decir que aquí están bastante aislados. Trabajan aquí y viven aquí... ¿qué otros placeres le quedan a Christopher?

Dulce: Supongo que ninguno —admitió.

Anahí: Además, a Christopher no le gusta la vida de ermitaño. Es un hombre muy sensual y tiene una enorme libido. Apuesto a que tuvo muchas novias antes de casarse contigo. ¿Tiene alguna aquí?

Dulce: No, que yo sepa.

Anahí: Así que sólo te tiene a ti, ¿no?

Dul se echó a reír.

Dulce: No seas tan bruta, Any.

Anahí: ¿Te molesta?

Dulce: ¿Qué? ¿Ser yo su única amante?

Anahí: Sí.

Dulce: No, claro que no. No lo dejaría que me tocara si supiera que se acuesta con otras.

Anahí: Entonces, ¿cómo están las cosas realmente? —preguntó mirando a Dul intensamente.

Dulce: No lo sé —respondió encogiéndose de hombros.— No creo que volvamos a estar juntos, pero me excita. ¿Te parece mal?

Anahí: No, tratándose de un hombre tan guapo como Christopher.

Dulce: Y tú, ¿tienes algún novio? —preguntó.

Su amiga cambiaba de pareja con alarmante frecuencia, no parecía encontrar nunca a un hombre adecuado para ella.

Anahí: No, pero nunca se sabe —confesó.— Puede que encuentre un español encantador mientras estoy aquí. No has conocido a ninguno a quien le pueda gustar una inglesa rubia, ¿verdad?

Dul tuvo que admitir que no había sido así. Y después de un almuerzo ligero, bajaron a la playa.

Anahí: ¡Dios mío, qué barcos tan fantásticos! —exclamó mientras se acercaban al muelle.— ¡Es un paraíso para los millonarios! ¿Qué barco es el de Christopher?

Dulce: No tiene barco.

Anahí: ¿Que no tiene? ¿No es mejor tener un barco aquí que en Londres? Eh, mira ése. Tiene tu nombre.

Dul no daba crédito a lo que veía. Dulce II. Se trataba de un barco del doble de tamaño que el otro.

Dulce: No lo comprendo —dijo.—. Chris no me ha dicho que tuviera un barco aquí. Debe de ser una coincidencia.

Any negó con la cabeza.

Anahí: Tiene que ser de Christopher. ¿Lo ves? Esto te demuestra que jamás te ha olvidado. Recuerda que tienes que invitarme a tu segunda boda.

Dulce: ¡Anahí, por favor! —exclamó.— No vamos a casarnos.

Pero su amiga se limitó a sonreír traviesamente.

Bajo Su HechizoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora