Aunque quizá fuera ella quien hubiera tenido la culpa de lo que había pasado entre ambos. La verdad era que, cuando se casaron, no había estado preparada para el matrimonio.
Había albergado el sueño de que iban a pasar todo el tiempo juntos, con largas sesiones de sexo, procreando niños, y él siempre a su lado.
Al no ser así, con Chris ocupando su tiempo con el trabajo más que con ella, volviendo a casa con el olor al perfume de otra mujer, ella había dado por concluido su matrimonio y había huido como un animal asustado.
Por otra parte, había pesado en ella el fracaso matrimonial de su madre, con un marido que no la cuidaba y que pasaba la mayor parte del tiempo fuera de su casa. Le había parecido como si la historia se repitiera.
Ucker bebió un sorbo de café y dejó de nuevo la taza encima de la mesa.
Christopher: Creo que voy a marcharme. Es posible que sea mejor que hablemos mañana, cuando estés más tranquila. Vendré a recogerte a las diez.
Tras esas palabras, Christopher agarró su chaqueta y se marchó.
Cuando se quedó a solas, Dulce sintió enfado consigo misma. ¿Por qué no le había dicho nada? ¿Por qué no le había dicho que no quería volver a verlo en la vida?
Ahora no le quedaba más remedio que encontrarse de nuevo con él por la mañana.
Aquella noche apenas durmió, no podía dejar de pensar en Chris...
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Dulce estaba arreglada cuando Uckermann fue a recogerla a la mañana siguiente, a pesar de que no quería ir con él. De haber sabido cómo ponerse en contacto con Ucker, no le había llamado para cancelar la cita.
Christopher la había presionado. En lo que a ella se refería, no tenían nada de qué hablar. El pasado era eso, el pasado. No tenía sentido recorrer el camino ya andado. Habían terminado. Estaban divorciados. ¿Por qué quería Chris verla de nuevo?
Christopher llegó a las diez en punto, increíblemente guapo con pantalones grises y camisa blanca. A pesar suyo, no pudo evitar que le diera un vuelco el corazón.
Ella se había arreglado poco intencionadamente. Llevaba unos sencillos pantalones blancos y una blusa de color cereza, y no esperaba que Chris hiciera un comentario sobre su aspecto.
Pero sí lo hizo.
Christopher: Estás muy guapa. No pareces haber pasado la noche en vela preguntándote cómo evitar verme hoy.
Dul frunció el ceño. ¿Cómo sabía Chris que había pasado la noche en vela? A menos, por supuesto, que a él le hubiera ocurrido lo mismo. Se fijó en sus ojos, en busca de ojeras, pero no vio muestras de ellas.
Christopher estaba igual que siempre... ¡Increíblemente atractivo!
«Debería existir una ley que prohibiera a los hombres ser tan guapos», pensó Dulce. Ucker tenía un rostro de duras facciones y unos labios que, con sólo mirarlos, le hacían querer besarlos.
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Bajo Su Hechizo
De TodoQuería que fuera su secretaria durante el día... y su amante de noche. Cuando Dulce María volvió a ver a su marido tres años después de abandonarlo, su primer instinto fue huir. Christopher Uckermann no volvería a hacerla sufrir. Chris buscaba ven...
