Capítulo 42

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Dulce, conmovida, cerró los ojos. Christopher había pasado tres años creyendo que ella le había sido infiel. Ahora se explicaba por qué no había insistido en encontrarla.

Tres años odiándola mientras ella se había pasado todo aquel tiempo aún medio enamorada de él, preguntándose si no habría cometido el mayor error de su vida al dejarlo.
Y ahora Chris le había pedido intentar volver a estar juntos... aunque como amantes.

Christopher: Bueno, princesa, ¿qué vamos a hacer ahora?

Dul nunca le había visto la mirada tan triste ni tanto dolor en ella, y su corazón se abrió a él.

Dulce: Bebé, creo que deberíamos darnos una ducha, vestirnos y sentarnos a hablar. No podemos tener una conversación seria así, desnudos.

Christopher: Tienes razón. Aunque me parece un pecado cubrir ese cuerpo tan delicioso que tienes. Por cierto, me encanta que me digas bebé.

Y le acarició el cuerpo con los ojos.

Dulce: Si queremos hablar de verdad, será necesario —respondió.— Dúchate tú primero, bebé.

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En la cubierta del barco, con una botella de champán abierta y copas en las manos, Dul respondió a la pregunta de Chris.

Dulce: Sí, Chris, seré tu amante. En realidad, es la mejor proposición que me han hecho en años.

Christopher: Gracias, Dul —dijo en voz baja.— ¿Te he dicho lo guapa que estás hoy? Has empezado a engordar un poco y te brilla la piel. Ya no pareces una sombra.

Dulce: ¿En serio parecía una sombra?

Christopher: Cuando te vi en la fiesta, sí.

Dulce: En ese caso, te debo a ti mi transformación.

Christopher: En ese caso, lo considero un honor.

La felicidad de Dul se reflejó en sus ojos y permanecieron en el Dulce II durante el resto del día: charlando, tocándose, besándose, comiendo y haciendo el amor.
Contemplaron una gloriosa puesta de sol en el mar y allí pasaron toda la noche.

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Al día siguiente, cuando se despertaron, era casi mediodía.

Christopher: Supongo que deberíamos volver —dijo con desgana mientras desayunaban fruta y yogur.

Ella asintió.

Christopher: No has cambiado de parecer, ¿verdad?

Dulce: No, bebé —susurró, poniéndose de puntillas para darle un beso en los labios.

Al instante, él la abrazó.

Christopher: Me has hecho el hombre más feliz del mundo al aceptar ser mi amante, ¿lo sabías?

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Apenas había transcurrido una hora de su regreso a la casa cuando a Ucker le llamaron pidiéndole que fuera a la oficina de Sevilla.

Christopher: Lo siento, cariño —dijo con pesar.— Al parecer, hay un problema y me necesitan. Volveré tan pronto como me sea posible.

Dulce: No te preocupes por mí, bebé. —contestó Dul, que estaba de excelente humor.

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Bajo Su HechizoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora