Dulce se alejó a nado de Chris tan rápidamente como le fue posible. Debería haber adivinado lo que iba a ocurrir. Sentía su cuerpo entero ardiendo en deseo, un deseo fuerte e incontrolable.
Le dio miedo y deseó tener escapatoria, deseó que la curiosidad no hubiera podido con ella. Debería haberse quedado sentada en la terraza, lejos de Ucker.
Pero lo que más le pesaba era haber permitido que Any la convenciera para ir a aquella fiesta. Si su amiga supiera...
Christopher: No hay escapatoria.
La voz de Ucker retumbó en su oído, alarmándola aún más, sus ojos la penetraron.
Dul trató de alejarse, pero Chris le agarró el brazo y la atrajo hacia sí. La piscina no era profunda, ambos hacían pie en aquella parte; sin embargo, cuando él bajó la cabeza para besarla, Dul se zafó de Ucker y, nadando con la rapidez que pudo, llegó al extremo opuesto de la piscina.
Dulce: ¡Ni se te ocurra! —gritó volviéndose.
Lo vio de pie justo donde lo había dejado. Chris no parecía enfadado, ni siquiera desilusionado. Por el contrario, una sonrisa iluminaba su rostro.
Christopher: ¿De qué tienes miedo, cariño?
Dulce: De ti no, desde luego —le espetó, deseando que hubiera una forma digna de salir de aquel atolladero.
Christopher: Si no es de mí, debes de tener miedo de lo que sientes tú.
¡Maldito Uckermann! Había acertado.
Dulce: No tienes derecho a aprovecharte de mí.
Christopher: ¿Haría yo semejante cosa? —preguntó al tiempo que comenzaba a nadar hacia ella.
Apresuradamente, Dul se dispuso a salir. Entre la virtud y la modestia, se decidió por mantener su virtud. Pero Ucker fue demasiado rápido y la agarró antes de que ella pudiera salir del agua.
De repente, sintiéndose prisionera, todas sus fuerzas parecieron abandonarla. Dejó de ser consciente de todo, a excepción de unas emociones demasiado intensas para poder describirlas.
Y no pudo impedir que Chris se apoderara de su boca.
El beso le recordó placeres pasados... ¡E infelicidad!
¿En qué estaba pensando? ¿Por qué se había dejado llevar a semejante situación?
Dulce: Apártate de mí, Christopher —gritó, empujándolo con todas sus fuerzas.
Ucker sonrió, era una sonrisa de satisfacción.
Christopher: No hablas en serio, Dulce —respondió estrechando su abrazo.
Dulce: Claro que sí hablo en serio —dijo furiosa.— Te estás aprovechando de mí. Sigues sin aceptar que te dejara, ¿verdad? Tu orgullo no te lo permite.
Christopher: Si eso es lo que piensas... —se encogió de hombros.— Sin embargo, me ha parecido que te ha gustado que te besara.
Y tras esas palabras, volvió a bajar el rostro, acercándolo al de ella.
A Christopher no le preocupaba encontrar aún a Dulce extremadamente atractiva. Siempre había tenido un fuerte impulso sexual y, cuando conoció a Dul, le encantó descubrir que el apetito de ella igualaba al suyo. Le había gustado enseñarle y ver que, a veces, ella tomaba la iniciativa.
Y ahora también iba a disfrutar de aquel cuerpo. Era sólo sexo. El amor ya no contaba.
Dulce: No me gusta que me beses —declaró, mirándolo con incredulidad.— ¿Cómo puedes decir que me gusta que me beses cuando lo estás haciendo en contra de mi voluntad?
Christopher: ¿En serio?
Ucker clavó los ojos en los preciosos ojos cafes de Dul. Tenían un color único, no lo había visto nunca en otra persona.
Dulce: Sí, en contra de mi voluntad —insistió.
Christopher: No te he visto protestar.
Ucker estaba seguro de que Dul había disfrutado el beso tanto como él.
Ella le lanzó una colérica mirada.
Dulce: Contra ti, de nada vale.
Christopher: Lo tomaré como un halago —dijo con una sonrisa.
Dulce: Quiero salir de aquí —declaró con frialdad.
La sonrisa de Ucker se hizo más amplia.
Christopher: ¿Qué te lo impide? —preguntó, a pesar de que sabía la respuesta que ella iba a darle.
Dulce: ¡Tú! —exclamó.—Te agradecería que te dieras la vuelta.
Chris arqueó las cejas.
Christopher: Te he visto desnuda un millón de veces, aunque admito que tenías más carne. Me preocupa que hayas perdido tanto peso, Dulce. No es sano. No deberías haberme echado tanto de menos.
Ella le lanzó una mirada desdeñosa.
Dulce: ¡No lo he hecho! He perdido peso por cuidar a mi madre.
Christopher: Lo siento —dijo inmediatamente y con absoluta sinceridad.
Chris se apartó de ella a nado con el fin de darle unos momentos de tranquilidad. Cuando se detuvo y se volvió, Dulce ya había salido del agua y estaba cubierta con el albornoz mojado. No pudo evitar admirar el valor de ella y, al mismo tiempo, avergonzarse un poco de sí mismo. Debería haberla ayudado en los momentos difíciles.
Christopher: Me parece que tengo que encontrar algo que puedas ponerte —dijo él saliendo de la piscina.— Ahí mismo hay un vestuario con montones de toallas. Usa lo que necesites.
Unos minutos más tarde, Dul salió del vestuario envuelta en una toalla multicolor. De nuevo, a Ucker le sorprendió su delgadez. ¡Y quería hacer algo al respecto!
Sin embargo, ayudarla a volver a ser la mujer que había sido, cuidarla, no era parte de su plan y sintió un profundo enfado consigo mismo.
Christopher: Voy a ver cuándo va a estar lista tu ropa —anunció, dirigiéndose hacia la puerta.
¡No tenía por qué sentirse preocupado! No quería sentir nada que no fuera ira por la forma en que Dulce lo había tratado.
Fue a ver cómo iba la ropa de ella y luego se encerró en su estudio y pasó casi una hora examinando papeles sin saber casi lo que hacía.
Cuando Dul llamó a la puerta del estudio y él le dijo que entrara, ella ya estaba vestida con su ropa.
Christopher: Siéntate —dijo bruscamente, rechazando el súbito deseo de tocarla.
Dul sacudió la cabeza.
Dulce: Quiero irme a casa.
Christopher: ¿Ya te has cansado de mí por hoy? ¿Es eso?
Ella asintió.
Y Ucker sabía que no era conveniente precipitar los acontecimientos, por mucho que lo deseara. Sin embargo, había aprendido cosas respecto a ella. Sabía que Dulce no era inmune a él, que todavía sentía algo por él. ¡E iba a aprovecharse de ello! Pero paso a paso. Le daría un descanso al día siguiente. El lunes, en la oficina, volvería a atacar.
Pensar en su plan le dio un gran placer.
ESTÁS LEYENDO
Bajo Su Hechizo
AcakQuería que fuera su secretaria durante el día... y su amante de noche. Cuando Dulce María volvió a ver a su marido tres años después de abandonarlo, su primer instinto fue huir. Christopher Uckermann no volvería a hacerla sufrir. Chris buscaba ven...
