Capítulo 38

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Pero el baño no resultó ser relajante, sino todo lo contrario. Estaba claro que Christopher la deseaba... ¡y ella a él! Pero no era aconsejable. No podían hacerlo otra vez.

Cuando Christopher salió de la piscina, agarró las colchonetas de dos tumbonas y las echó en el suelo, una junto a la otra. Sus ojos estaban casi negros cuando se volvió y la miró.

Dulce: No puedo, Christopher —dijo con voz queda mientras él empezaba a quitarse el bañador.

Él frunció el ceño, deteniendo sus movimientos.

Christopher: ¿Qué quieres decir con que no puedes? ¿Me deseas tanto como yo a ti?

Dulce: Es posible —admitió.— Pero no debemos, estamos divorciados. He venido aquí a trabajar. No está bien que...

Christopher: No fue eso lo que dijiste anoche —la interrumpió.

Dulce: Lo de anoche fue una equivocación —declaró,— creo que ya te lo he dicho.

Sin embargo, lo que realmente deseaba era que Christopher le hiciera el amor. La pasión asomaba a los ojos de él.

Christopher: Me parece que protestas demasiado —dijo con voz suave al tiempo que la sacaba del agua.

Y sin dejar de mirarla a los ojos, comenzó a quitarle el traje de baño.
Entonces, la besó en los labios para luego continuar por el resto del cuerpo más intensamente.

Entregándose al placer que los besos de Christopher le producían, Dulce se rindió. Aquello era lo que quería. Sólo eso. Sólo a él.

Siempre había sido así entre los dos. Su amor había sido ardiente y apasionado, y seguía siéndolo.

Christopher le hizo el amor como si fuera la primera vez, y ella tampoco pudo controlarse. Olvidó toda idea de resistirse a él. Ambos estaban perdidos en un mundo de sensaciones sublimes que les llevaron al éxtasis antes de devolverlos a la realidad.

Sólo había durado unos minutos, pero había sido más excitante que nunca, pensó Dul.

Chris se incorporó ligeramente apoyándose en un codo y se le quedó mirando.

Christopher: ¿Vas a volver a querer deshacerte de mí?

Ella negó con la cabeza.

Dulce: No tendría mucho sentido, ¿verdad? —dijo con voz ronca.

Christopher: Mi hermosa Dulce... —la abrazó.— ¿Por qué hemos estado separados cuando es evidente que estamos hechos el uno para el otro?

Dul murmuró algo ininteligible. No quería hablar de las razones que la llevaron a dejarlo, menos aún cuando sus cuerpos seguían latiendo con fuerza, cuando todavía estaban unidos.

Le habría gustado que Chris hubiera sido siempre así. Le habría gustado que él no hubiera trabajado tanto. Quizá ahora que había obtenido el éxito profesional... ¿Y si hubiera cambiado? ¿No debería darle otra oportunidad?
Pero... ¿estaba pensando con el corazón o con la cabeza?

También podría ocurrir que Christopher no quisiera otra oportunidad, que estuviera disfrutando sólo su cuerpo.
Esa idea hizo que Dul se separara de él y se pusiera en pie.

Dulce: No podemos quedarnos aquí tumbados. Alguien podría vernos —dijo a modo de excusa.

Christopher: ¿Como quién? —preguntó con voz suave.— Estás asustada otra vez, ¿verdad, cariño? Todavía tienes miedo de lo que sientes. No tengas miedo. Lo que sientes es maravilloso y quiero que lo compartamos.

Dul cerró los ojos. Que el cielo la ayudara porque ella también lo quería.

Dulce se dio cuenta de que tenía que tener cuidado con Christopher.

Él se estaba aprovechando de la situación. Y ella, tonta como era, estaba corriendo el peligro de entregarse demasiado a él.

Aún se sentía culpable por no haberle dicho lo del aborto natural. No habría tenido importancia de no haber vuelto a tener relaciones, pero las tenían. Y cuanto más unidos estuvieran, más necesidad sentiría de decírselo. En realidad, se lo debía. Pero ¿cómo podía hacerlo después de esos años? Christopher estallaría. No, debía esperar; al menos, hasta pagarle lo que le debía. No soportaba deberle dinero, era una cuestión de pundonor.

Bajo Su HechizoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora