El Baño de los prefectos

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Portavoz: Ron.

Era muy tarde ya, como las doce y cuarto de la noche, cuando Hermione y yo acabamos la ronda de prefectos por los pasillos de los pisos superiores.

No había nadie a la vista ni señales que indicaran vida alguna por allí.

Bajamos a la Sala Común.

Yo moría por darme un baño, porque habíamos jugado al quidditch ese día y estaba muy sucio.

Saludé a Hermione y la observé subir a su cuarto. Me preguntaba si alguna vez se daría cuenta de que la amaba.

Subí a mi habitación.

Harry y Seamus roncaban. Dean no estaba en su cama (estaba en medio de una visita nocturna a Parvati Patil) y Neville estaba cubierto con las sábanas hasta la nariz.

Intenté no reír al ver que Harry babeaba sobre la almohada y busqué las cosas para ducharme.

Sabía que no podía estar fuera de la cama a aquellas horas, pero de todas formas necesitaba un baño... Si alguien me veía, podría decir que me había quedado dormido allí, nadie se daría cuenta de que mentía.

Tomé una bata que nos daban a todos los prefectos y me dirigí hacia los baños.

La Dama Gorda se molestó mucho cuando la desperté para pasar.

-No deberías estar aquí a estas horas.-Dijo.

-Lo siento, estoy sucio.-Contesté saliendo por el retrato.

-No quiero interrumpir mi sueño otra vez, así que mejor si tardas en regresar.

La ignoré y caminé por el pasillo. Subí por varias escaleras (una de ellas cambiaba de lugar sólo para fastidiarme, al parecer), evité cruzarme con Peeves y llegué frente a los baños.

Filch y la señora Norris estaban patrullando el Bosque Prohibido por orden de Dumbledore, así que no tenía que preocuparme, ya que Peeves estaba ocupado poniendo una broma a su medida (nadie sabía de qué se trataba) frente al aula de Adivinación.

Abrí la puerta del baño.

Antes de la enorme bañera, había un lugar para desvestirse y, lógicamente, también estaban los lavabos.

Me puse la bata y me acerqué a la segunda puerta con la toalla en la mano. Iba a poder disfrutar de un refrescante y limpio baño de burbujas.

Ya podía sentir cómo me sumergía en el agua tibia...

Pero escuché algo. Una voz... Que cantaba.

Pegué mi oreja a la puerta.

Una voz dulce y melodiosa cantaba una canción sin letra.

Fruncí el ceño. ¿Myrtle la Llorona sabía cantar? ¿Y qué hacía en el quinto piso? ¿Ella no estaba en los baños del segundo?

Entreabrí la puerta.

Pude ver que la luz de la luna que entraba por la ventana iluminaba a una chica con una bata rosa...

Hermione.

No tuve que ver su rostro para poder decirlo. Era ella.

Miré su cabello, que caía por su espalda.

En ese momento, la primera pregunta que cruzó por mi mente fue qué rayos hacía ella desobedeciendo las reglas a esa hora.

Y la segunda pregunta que se me ocurrió fue cómo es que nunca la había escuchado cantar.

Espié mientras ella dejaba sus zapatos junto a la tina.

Acercó sus manos a su vientre y observé el cinturón de su bata caer a los lados de la prenda.

Wingardium Leviosa [Romione]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora