Capítulo 9

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Helen POV

Me desperté antes de que el soldado se atreviera a despertarnos a voces una vez más.

No había dormido demasiado bien, por lo que debía parecer una zombie ambulante. Pero era lo que menos me importaba en ese momento.

Me duché con tranquilidad y me vestí con la ropa del ejército sin muchas ganas. No le dediqué tiempo a mi pelo porque era un caso perdido, como siempre. Tampoco vi sentido a maquillarme, ya que yo no estaba ahí para gustarle a nadie.

Desayuné en una mesa apartada de los demás, esperando con urgencia la señal para ir a la zona de entrenamiento.

Nos mandaron a practicar con sacos de boxeo. Según habían dicho, debíamos aprender a dar patadas y puñetazos para mejorar en la lucha de cuerpo a cuerpo ¡Al fin una buena prueba!

Nos metieron en diferentes habitaciones por cada 10 personas. La desgracia fue que en mi grupo estaban Mara y Zayn ¿Porque todo me pasaba a mi? Al menos también se encontraba allí Erica. El resto del grupo lo formaban un chico que según tenía entendido se llamaba Simon, una chica bastante masculina cuyo nombre desconocía, un tal Andy, una mujer llamada Wendy, un tipo cuadrado cuyo nombre tampoco sabía y Yamila, una chica con acento extraño.

Nos coloracon frente a un saco a cada uno, y nos explicaron como era la mejor forma de golpeo. Después nos dieron margen para poder analizar como era nuestra técnica.

-Posición erguida- Me recordó el instructor.

Asentí con la mirada. Recordé el asqueroso beso que se habían dado Zayn y Mara en el día libre, y sin pensarlo mucho me puse a golpear el saco con todas mis fuerzas.

-Eh...tranquila- Me susurró Erica desde unos metros a la izquierda -Cálmate un poco. Creo que estas demasiado alterada.

-Perdón- Sonreí avergonzada.

Miré por el rabillo del ojo como Zayn golpeaba el saco y de vez en cuando miraba a Mara riéndose. No quería pensar en que esas miradas me hubiera gustado recibirlas a mi, y sobretodo no debía pensarlo.

Le di una patada al saco con tal fuerza que provoqué que una de las cuerdas que lo sostenían se resquebrajara un poco.

-¿Te pasa algo?- Me preguntó Mara notando una de las miradas que le lancé.

-Nada, solo que das asco- Le dije con todo el odio brotando de mi.

¿Pero que me pasaba? Yo nunca me había comportado así. No parecía yo la que pronunciaba esas palabras.

-¿Perdona?- Dijo acercándose a mi peligrosamente. Vi como Zayn se acercaba hasta ella para detenerla -Si tienes algún problema, no lo pagues conmigo.

-Puta- Murmuré.

-Insípida- Me respondió.

-¡Nada de peleas!- Gritó el instructor- Cada una a su posición ¡Ahora!

Miró mi saco con el ceño fruncido.

-Equilibra tu fuerza- Me indicó- O puedes resultar herida.

Asentí a sus palabras y empecé a memorizarlas mentalmente.

Al cabo de un rato consideraron que la prueba nos había agotado lo suficiente, y dieron tiempo libre.

Sin dejarme siquiera respirar Zayn se acercó hasta mi para agarrarme de un brazo y llevarme con él a la fuerza. Me resistí todo lo que pude, pero acabó siendo en vano.

Llegamos hasta un pasillo entre los barracones masculinos y femeninos. Estaba completamente vacío, lo que provocó que mis nervios se pusieran a flor de piel.

-¿Qué quieres? Tu novia se va a enfadar si nos ve aquí- Ironicé.

-Mara no es mi novia, pero me encanta ponerte celosa. Ni te imaginas lo adorable que eres cuando estás enfadada -Sonrió arrogantemente.

-¿Tú eres idiota?- Murmuré cabreada por su actitud -Los dos me dais asco, no celos. Si os cortarais un poco tal vez os toleraría.

Por unos segundos vi una expresión de dolor en su rostro, pero rapidamente se transformó en ira.

-Bueno, eso no te lo crees ni tu ¿Pero sabes qué? Mara tenía razón con lo que dijo ¿Crees que alguien se fijará alguna vez en ti? ¡Me gustas porque estas buena! Pero con ese carácter tu sola te encargas de estar sola.

Traté de no llorar, pero fue en vano. Sus palabras me recordaron un tiempo pasado, muy oscuro para mi . Zayn no era la primera persona que me describía de esa forma, y aunque la última vez juré que nadie volvería a herirme, otra vez estaba pasando.

-Lo...lo siento- Murmuró, pero ya era tarde.

-No vuelvas a dirigirme la palabra- Dije con todo el odio que sentía y las lágrimas cayendo por mis mejillas.

Le dio un fuerte puñetazo a la pared y se fue, dejándome sola en el pasillo. Me metí en el barracón femenino y me tumbé en mi cama, deseando que nadie notara mi ausencia.

Probablemente fuera una actitud infantil, pero no me importaba.

Part of UsHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora