*Narra Jorge*
La tarde pasó sin nada que comentar. Acabé mis deberes, bajé a cenar solo ya que Clari había salido a comprarse unas cosas, me fui a tomar un baño, luego a la cama a pensar: ocupaba este rato antes de dormir para pensar...¿Por qué me trataban así? ¿Por qué no me podían tratar bien? ¿Por qué me fijo en chicas que jamás me harán caso? Mejor dicho...¿Por qué ninguna chica me hace caso? Decidí saltar de la cama e ir al baño, al espejo del baño, me vi: ya no traía los lentes ya que me los quité para dormir y cierto...mis ojos verdes no eran feos, eran lindos en realidad pero bueno, no tardaré todo la noche viéndome en el espejo, decidí irme a dormir.
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—El examen es mañana, y espero que estudien demasiado porque no querrán reprobarlo, es el 90% de su calificación final así que estudien su cuaderno, pueden irse —la maestra de español y sus exámenes oportunos.
—Se vendrá difícil el examen por como se ve, ¿no? —Jerry no era un idiota en la escuela pero tampoco un genio de la educación.
—Yo creo que tan solo con estudiar un poco basta —dijo Lodo.
—Sí, yo creo que sí. Aún así me prepararé bien, no puedo reprobar este examen —dije. Íbamos saliendo del salón cuando escucho que alguien grita mi apellido. Diablos.
—¿A dónde ibas, Blanco? ¿Te pensabas escapar de mí o qué?
—N-no, claro que no, Diego ¿ocupas algo? —era increíble mi estupidez, ni yo me la creía.
—¿Eres estúpido, verdad Blanco? El examen es mañana, dame tu cuaderno —dicho esto me jaló de la camisa.
—No puede, Diego. Lo ocupará para estudiar —Lodo, enserio, no te conviene meterte con este troglodita.
—¿Hermosa, a ti quién te metió en esta platica? —me soltó.
—No necesito tu permiso ni el de nadie para meterme en lo que yo quiera, deja en paz a Jorge —wow, Lodo podía ser amenazante cuando se proponía.
—¿Tú me obligarás a hacerlo? —vi cómo Diego se le acercaba a Lodo, esto no me gustaba.
—Hey, déjala en paz, Domínguez —habló Jerry.
—Ruggero, Xabiani —voltearon sus amigos— encárguense de estos imbéciles, yo me encargo de la señorita —sus amigos como buenos perros obedientes empezaron a forcejar con nosotros.
—¡DÉJALA EN PAZ, DIEGO! —grité cuando vi que estaba forcejeando con ella, intentando robarle un beso, no, me podrían hacer a mí lo que quisieran, pero con Lodo nadie se metía. Vi cómo Diego dejaba a Lodo y se acercaba a nosotros.
—Vaya, Blanco, no quieres que toque a tu noviecita ¿eh? —¿noviecita? ¿Lodo?
—No es mi novia, Diego. Pero déjala , no tiene nada que ver —yo mismo estaba sorprendido con mi actitud.
—Ok, la dejo. Mejor dicho, los dejo. Vámonos chicos, no hay nada más que hacer aquí —y...¿se van? ¿así de fácil?
—Wow, Jorge, tú ¿te defendiste? —dijo Jerry.
—Mejor dicho, me defendió; gracias Jorge —dijo Lodo.
—No hay de qué, vámonos a comer —y seguimos nuestro camino. Llegamos a la cafetería y vi a Martina sentada con sus amigas, Dios ¿podía ser más perfecta esa chica? No, no podía, no supe cuánto rato me quedé mirándola como idiota, solo supe que los chicos siguieron su camino y yo me quede ahí. Como un bobo.
—Blanco, debemos hablar —¿otra vez Diego?
—¿Qué quieres, Diego?
—Mira, te daré un trato, yo no te quitaré tu libretita “dorada”, dejaré a Lodo en paz y no volveré a intentar tocarla ¿vale? Pero tú —me señaló— deberás hacer algo.
—¿Qué quieres? —dije.
—Ve con Martina Stoessel que está por allá —ahora señaló a Martina— e invítala a salir.
