Capítulo treinta y ocho.

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Capítulo treinta y ocho―. “Mangos ricos, padres de visita, hermanas obsesivas y cabellos pelirrojos”

*Narra Jorge*

Lodo quiere golpearme, y a la vez no puede creer lo que pasó. Hablé con Martina y ella misma me aclaró que no es lo que “esa persona” “me hizo parecer” (entre comillas “esa persona” porque no le mencioné quién me dijo eso, para evitar problemas, ustedes saben; y también “me hizo parecer” porque, sabía que Lodo estaba confundida y no era lo que ella creía) Tini me dijo que en realidad me tenía una sorpresa, no insistí en el tema así que no sé de qué habla. Ah sí, ¿saben componer canciones? ¿No? Yo al menos, soy un asco en esto.

―Hace días que no salimos juntos bro, deberías ir a mi casa conmigo, ¿o saldrás con tu noviecita? ―Jerry llegó corriendo tras mío mientras iba saliendo/corriendo de la cárcel, ejem, escuela. ¿Mi moto? En casa. Que genial, gran día se le ocurrió a mi bebé para poncharse una llanta.

―Es arriesgado ―dije sacando el mango que llevaba en la mochila. Clari me mata si sabe que no me lo comí.

―¿Me has olvidado, verdad? ¿La popularidad es bastante para ti, cierto? ―él debería ser actor, siempre finge sufrimiento…bueno, actor porno tal vez, mentira, tampoco eso.

―Ya cállate, torpe. Claro que no, pero ¿justo ahora? Quedé con Martina de ir al parque a las cuatro ―dos y media, si Jerry esperaba que estuviera con él solo…haciendo cuentas, una hora, me apunto.

―Es viernes, por Dios, debemos salir…o ya sé, podemos salir a algún lugar esta noche.

―¿Bebidas, baile y esas cosas? ―pelaba un pedazo de mango, lo tiraba, pelaba un pedazo, lo tiraba. El ambiente no cambiará solo conmigo cuidándolo. Al diablo todo. No hay botes cercanos de basura.

―Y chicas guapas bailando como si no hubiera mañana ―me guiñó un ojo el coqueto.

―Y resaca al día siguiente... ―mordí mi fruta. Amo el mango. No lo comía por…estupidez escolar ¿quizá? Cuando era pequeño mi mamá solía ir al mercado a comprármelos, odiaba la época donde estaban verdes y no eran ricos, arrg.

―Y diversión, ¿eres aún un aburrido? Los guapos salimos de fiesta, amigo.

―Si te digo que sí, ¿me dejas comer mi fruta en silencio? ―hablé aun con comida en mi boca. Al diablo los modales, estaba con Jerry.

―Sip, puedes dormir en mi casa así podemos llegar a la hora que sea, no digo que tu hermana sea una aburrida y eso, claro que no ―Jerry negaba con la cabeza burlándose.

―De acuerdo, así no te traumas de por vida y dices que ya no te quiero ―el hueso, arrg, mi mango se acaba.

―Dale, nos vemos en mi casa a las ocho y de ahí nos vamos ¿tu moto sigue sin llanta? ―recuérdamelo si quieres, el amor del que todos me mencionaron es cierto, me enamoré de ella, de mi moto claro.

―Sí, iremos caminando, deberías robarte un auto o rogarle a tus padres por uno ―reí, sus padres no creen que sea lo suficientemente maduro para tener el poder de un auto, la bicicleta se la dieron a los doce por miedo a que chocara contra el buzón del vecino y matara al gato de éste. Imagínense.

―Invitaré a Facundo y a Ruggero ―ah sí, olvidaba decirles que Jerry se hizo muy amigo de estos dos―. Esta será noche de chicos ―se tronó los puños.

―Ok, nos vemos en tu casa, chico malo ―yo di vuelta a la izquierda, él a la derecha. Ah, mi mango se acabó. Eso es tan triste.

***

―Ya llegué! ―grité a los cuatro vientos al (obviamente) llegar a casa. Clari fue despedida de su pasado empleo debido a…debido a motivos de corte de personal según ella.

―¿Ya te llamó? ―bajó corriendo las escaleras con una escoba, muy a la típica señora barriendo.

―¿Quién? ―lancé la mochila a medio sillón, ahh, hogar dulce hogar.

―Papá, llega mañana para vernos ―no por mucho tiempo.

―Ah, ok entonces mañana llego temprano, ¿puedo ir a casa de Jerry a dormir? ―seguro pensarán que odio a mi padre…no lo odio, lo quiero demasiado sí, pero hay algo que cambió en mí la última vez que lo vi, y él no sabe por qué pasó esto. Es algo llamado confianza, algo que yo no tengo con él. Se fue hace mucho tiempo y ya saben todo eso ¿no?

―¿Me pides permiso o me estás avisando? ―puso sus manos en sus caderas, la “Clari seria” no le sale, me pregunto qué pasaría si ella tuviera un hijo e intentara poner el orden…no pensemos en esa situación por el momento.

―¿Si te estuviera avisando, no me dirías nada? ¿Puedo salir esta noche? Vuelvo mañana, estaré con Jerry ―a estas alturas ya le estaba gritando desde la cocina mientras me servía agua.

―Solo llega mañana temprano, ¿está bien?

Fui con Martina a nuestra cita. Fuimos al parque, le compré un algodón de azúcar (dice que ama el dulce) y estuvimos simplemente debajo de un árbol con nuestras manos entrelazadas toda la tarde. Dirán que es patético, pero no entiendo por qué Martina era así. En este tiempo me di cuenta de la gran persona que puede llegar a ser. Es linda, talentosa, divertida…y aquí es cuando debo parar lo que estoy pensando y recordar que lo mío con ella no es real.

Le dije que saldría con los chicos y ella dijo que estaba bien, que ella también saldría con sus amigas. Fiuf, me salvé de la novia empalagosa que quiere ir a donde yo vaya.

Fui a casa, tomé lo necesario para dormir en casa de Yeyi y salí de casa (casi jurando que no tomaría demasiado). Llegué a su casa, Facu ya estaba ahí, su hermana me acosó un rato (de Jerry, no la de Facu, sería extraño que Facu llevara a su hermana a un antro, bar o como se llame, emm) ya saben, lo típico. Llegó Ruggero (con su auto, gracias a Dios) y salimos de la casa de Jerry al bar/antro o como sea. ¿Adivinen qué cabello rojizo noté al momento de aparcar en el estacionamiento del lugar?

Opuestos Pero PerfectosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora