Capítulo cuarenta.

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Capítulo cuarenta―. “Y que somos pobres”

*Narra Jerry*

Yo siempre supe que Diego merecía ser golpeado, ahora mismo, que estoy viendo al chico que Diego atacaba peleando con ese cavernícola es algo impresionante. Bien hecho, campeón. La gente alrededor sólo hacía expresiones al ver a estos dos chicos golpeando el uno al otro, me pregunto ¿no hay seguridad en este lugar?
―¡Jerry, haz algo para que frene! ―me gritaba Martina desde la zona VIP, o sea los que tienen el privilegio de ver esta pelea en primer plano. Yo sólo alcanzo a ver poco, estúpida gente, ¿acaso no ven que quiero ver la paliza que espero que mi amigo le dé al otro tipo? La seguridad puede irse al diablo.

―¡¿Se quedarán sólo viendo como casi se matan estos dos?! ―Lodovica no pensaba igual que yo, ella solo pensaba en el “bienestar” de su mejor amigo. Qué estupidez, ¿no? Diego recibirá lo que merece. Vi a Ruggero y Facundo correr hacia los dos chicos en el suelo para frenarlos, yo los detuve.

―¿Qué haces? Debemos detenerlos, se los pueden llevar presos si no los frenamos ―Había una razón, yo sabía que Jorge en esa pelea estaba desquitando todo ese coraje que siempre le tuvo a Diego, ojo por ojo.

―Déjenlo ―al final de la frase grité al notar que voló un diente de donde estaban los rinocerontes, apuesto a que es de Diego, espero. Todo era sangre alrededor, definitivamente mi amigo estaba desquitándose en esta escena. Y ahí me di cuenta que sí, se estaban pasando. Solté a los chicos y ellos corrieron hacia Jorge y Diego y, unos golpes después pudieron separarlos. También llegó seguridad. Qué genial, sólo espero no tener que ser atacado por Clari por dejar que Jorge se metiera en una pelea y terminara preso. Bueno, hagamos recuento de los daños:

Jorge terminó con su camisa rasgada, sus nudillos son un asco y tiene un moretón en su ojo derecho.
Diego termino sin un diente (eso explica los nudillos de Jorge) con su labio cortado y su ojo izquierdo está muriendo creo. 
Agréguenles a ambos muchos más golpes.
¿Adivinen quién casi llora del orgullo? Naa, yo no. Ah sí, volviendo a la realidad, bueno la realidad ahora mismo no es tan linda que digamos.

―¿150 dólares? ¿De dónde diablos sacaremos el dinero? ―gritó Lodovica, ahora estamos en la delegación. Al parecer a la seguridad de los lugares públicos no les gusta la idea de dos personas matándose.

―Yo cuento con ese dinero, pero no cargo con ciento cincuenta dólares cada vez que salgo de noche ―habló Tini tratando de calmar a todos.

―Yo puedo llevarte a tu casa, ahí está el dinero, ¿no? ―dijo Rugge

―De hecho no, ahora que recuerdo, el dinero está en el banco, mis padres me obligan a guardarlo ahí ―perfecto. 

―¿Qué haremos? ―dijo Alba.

―Les aviso de una vez, en cuanto Clari sepa esto yo moriré junto con Jorge ―y sin testamento, es triste eso.

―Todo es mi culpa ―Tini se dejó caer en uno de los sucios asientos de delegación.

―Tienes razón ―toció/dijo Lodo. La conozco y sé que ella ahora mismo quiere matarla.

¿Es la noche de matanzas o qué?

Es increíble que Diego ya haya salido. Claro, si los padres de Jorge estuvieran aquí y lo tuvieran súper consentido y fuera el niño de papi todo sería diferente ¿no? Diego llamó a sus padres por eso de: tiene derecho a una llamada. Nop, Jorge no llamó a nadie. ¿Entienden por qué?

―¿Dónde diablos esta Tini? Debería haber llegado hace como media hora ―Lodo no dejaba de mirar el reloj y culpar a Tini, mirar el reloj y culpar a Tini. Su instinto quizá.

―Ya llega, tranquila ―la calmó Mechi

Justo iba a decirle que se calmara cuando llega una chica de cabello castaño claro junto con... ¿su padre? Sí, su padre. Chan chan chan.
Santa María líbrame, porque Clari se irá contra mí.

Opuestos Pero PerfectosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora