Capítulo veintiuno.

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Capítulo veintiuno—. “Amores imposibles y amores avanzados”

 La clase pasó veloz para mí. Salimos de clase y adivinen quién se me acercó: Martina. 

—¿Qué tal te cayó el profe de química? —me preguntó jugando con su cabello.

—Equis, si deja mucha tarea lo odio —respondí mirando a mi alrededor. Lodo y Jerry se hacían mensos guardando sus cosas, los conozco lo suficiente para saber que quieren escuchar de qué hablábamos. Diego y sus "amiguitos" estaban charlando con Mechi y Cande. 

—Ódialo desde ahora entonces, el tipo nos carga mucha tar... —Diego llegó a interrumpir nuestra charla.

—¡Martina! ¿No me presentaras a tu amiguito? —le preguntó Diego.

—No moles... —ahora yo la interrumpo. 

—Yo me puedo presentar solo, no te preocupes —le contesté.

—Diego —puso su mano enfrente de mí. Señal de que se presentaba.

—Jorge —levanté mi mano y nos chocamos las manos. 

—Já... Por cierto, Martina, ¿qué pasó con Blanco? —el imbécil se rió y le preguntó a Martina. Malditos.

—Deja ese tema en paz Diego, él se fue —le contestó indiferente Martina.

—¿Apoco no aguantó la niñita? —yo sólo lo miraba con cierto desprecio. Disimulando el odio que le tengo— ¿Ahora quién me hará mi tarea? —maldito seas Diego.

—Consíguete otra persona, Diego, Jorge se fue —escuché que hablaba detrás de mí Lodovica ¿no podía quedarse callada un maldito momento? No quiero que se meta en problemas.

—Miren a quién tenemos aquí. Lodovica Comello, la noviecita del imbécil ¿te dejó el Shrek de tu novio? 

—Déjala en paz, Diego, si vas a molestar a alguien vente conmigo —Jerry defendió a Lodo.

—Escuchen, a Jorge ni a mí nos importan sus estúpidas peleas, dejen ya las cosas en paz, vámonos Jorge —Martina me jaló y me sacó del salón de clases. Ou, yo quería ver esto.

—¿Qué fue eso? —pregunté luciendo "confundido" una vez afuera del salón, en el pasillo. Después de nosotros vi que salían Jerry y Lodo, después Cande y Mechi y al final Diego y Xabiani, en dirección a quien sabe dónde. ¿Dónde quedó el otro tipo? Ruggero salió al final, pero en dirección a Lodovica ¿me perdí de algo? 

—Nada, tonterías del pasado —¿ahora jugar con alguien son tonterías? Yo lo llamaría no tener corazón.

—Ok, tonterías —dije seriamente. 

—Olvídate de eso, ¿seguimos con el tour?

—Sigamos con el tour —respondí con una sonrisa.

*Narra Lodovica*

Estúpido Diego, estoy tan molesta con él, con Martina, con esos imbéciles que quisiera arrancarles la cabeza y... 

—Oye, mira quién viene —Jerry me sacó de mi mundo de odio señalándome a Ruggero que venía hacia mí.

—Hola —dijo Ruggero con una sonrisa—, necesito hablar contigo. 

—Dime —le contesté secamente.

—Em... —miró a Jerry, diciéndole con la mirada: déjanos solos. 

—Yo debo ir a buscar un libro, después te veo, Lodo —Jerry entendió el mensaje de Ruggero.

—Estamos solos, dime —dije una vez que Jerry se fue.

—Primero, siento lo de tu amigo Jorge, que se haya ido y todo eso.

—Yo también lo siento. 

—Escucha, intenté comunicarme contigo el fin de semana y…

—Estuve algo ocupada.

—Me imaginé, pero recuerdo lo que me dijiste; que debíamos olvidar todo lo que pasó... pero no puedo.

—¿Qué?

—Tal vez suene muy precipitado, pero no quiero perder lo que vivimos, sé que solo fue una semana pero te aseguro que en esa semana tú me enseñaste más cosas que nadie más me había enseñado en toda mi vida.

—Ruggero yo…

—También sé que te acercaste a mí solo para conseguir información, pero ¿qué te parece si lo intentamos de nuevo? Esta vez bien, como se debe.

—No lo sé... Escucha, eres un chico muy dulce, pero no puedo creer que aún sabiendo lo que Diego planeaba, tú no hiciste nada para cambiar las cosas.

—No podía, entiéndeme; aunque Diego sea la peor persona de la escuela, es mi amigo y no podía defraudarlo.

—¿Jorge qué les hizo?

—Nada, él jamás nos hizo nada.

—Exacto, y aún así ustedes lo trataron como les dio su gana por mucho tiempo.

—Diego fue el que lo trataba así, no yo.

—Tú te quedabas atrás cómodamente disfrutando del espectáculo, ¿no?

—Sí, pero…

—Escúchame, tú eres muy diferente a Diego, no eres así de malo, pero aún así no he olvidado que tú fuiste cómplice de Diego.

—Pero cambié.

—Eso no cambia tu pasado.

—Lodo, escúchame...

—Déjame sola —dije y seguí mi camino, Ruggero y yo jamás podríamos estar juntos. 

Opuestos Pero PerfectosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora