Capítulo veinticuatro—. “¿Primera cita en un castigo?"
*Narra Jorge*
—¿No te enseñaron a no meterte donde no te llaman? —me contestó Diego.
—Y aún no sueltas a Martina, ¿qué esperas? —por fin la soltó, Martina fue al lado de Mechi.
—Mira, no te metas en...
—Hey, hey, hey, ni te atrevas a tocarme, ¿oíste? —lo amenacé antes de que se me acercase— Tú eres el tipo de chico rudo que se cree mejor que los demás y molesta a todos para sentirse mejor consigo mismo, ¿no? Apuesto también a que tienes a tu nerd que te hace las tareas, ¿o me equivoco? Si tienes algún maldito problema en tu vida no trates de desquitarte aquí en la escuela con los demás. Resuelve tus estúpidos problemas como se supone que se debe; actuando como un hombre. Y si te crees incapaz de arreglarlo, ve y córtarte por algún lugar de la escuela, mientras yo este aquí no dejaré que te aproveches de nadie como creo que siempre haces ¿vale? —Diego se me quedó mirando al igual que todos en el salón, que ya éramos más, incluidos mis amigos, Cande, Ruggero y Xabiani.
Se me iba a lanzar encima, pero...
—Ah —lo detuve—, si crees que me voy a pelear contigo estás equivocado, no pienso rebajarme a tu nivel. Aparte, no quiero otro castigo, ya tengo uno ¿verdad, preciosa? —volteé a sonreírle a Martina a lo que ella me sonrió de la misma manera. Diego se me iba a volver a lanzar cuando llega el profesor de inglés dando por terminada esta pequeña conversación
—¿Lista? —le dije a Martina al llegar junto a ella para irnos a nuestra "primera cita".
—¿Cómo me veo? ¿Estoy bien para donde me llevas? —preguntó bromeando.
—Tranquila, te ves increíble para la primera cita.
—Vamos, guapo —¿no era el chico el que debía llevar a la chica?
*Narra Martina*
—Estarán aquí todo el almuerzo; no hablen, no hagan nada, ahora vuelvo —dijo el profesor de Física para después irse (seguramente a comer).
—Él puede comer y nosotros no —le dije a Jorge que estaba al lado mío.
—No estés tan segura... —y Jorge sacó de su chaqueta (o no sé de dónde rayos) un paquete con chocolates.
—¿Y eso?
—Estos son chocolates...
—No me digas, pero no podemos comer aquí.
—Tranquila, chica buena, no comeremos estos chocolates.
—¿Qué planeas, entonces?
—¿Has tratado de tomar uno con la boca? —me dijo Jorge con una gran sonrisa.
Y ahí Jorge y yo empezamos a aventarnos chocolates el uno al otro para intentar atraparlos. Jorge dijo que quien atrape más de tres, gana. Por mi parte soy bastante mala en esto, y Jorge es un pésimo lanzador de chocolates, así que claro, él iba ganando esta competencia. ¿Los demás compañeros? Ahí estaban, algunos durmiendo, otros platicando, y unos más entretenidos viendo lo que hacíamos.
—La decisiva, este es el último chocolate. Si lo atrapas... bueno, ni atrapándola ganarás pero no quedarás como una perdedora total.
—Ja, ja, qué gracioso, lánzala que la atrapo.
—¿Interrumpo alguna clase de juego, jóvenes? —llegó el maestro, esto no es bueno.
—Lo sentimos, señor —tomé mi postura "correcta" en la silla.
—No queríamos hacer todo este desorden, solo queríamos jugar un rato; somos jóvenes, después de todo.
—Hay lugares para divertirse, y este no lo es. Ahora ustedes dos pónganse a limpiar mi piso y los veré el resto de la semana en el castigo, empiecen.
—Sí, señor —dije para empezar a recoger todo este desastre que hicimos jugando.
—Gracias, ahora tengo castigo toda la semana gracias a ti —le dije a Jorge al salir del castigo.
—Bien que te divertiste, y no acabamos el juego ¿eh?
—¿Estás diciendo que haremos una revancha?
—En el siguiente castigo, o sea, nuestra siguiente cita.
—Aún después de esta pésima primera cita, ¿quieres otra?
—Me divertí, preciosa, ¿por qué no repetirlo?
{Lodo}
—Contigo justo quería hablar —había venido a la casa de Jorge ¿por qué quería hablar conmigo?
—Me llamaste con el pensamiento entonces ¿qué pasa?
—¿Qué onda contigo y Ruggero? ¿Me ibas a contar?
—Jerry te platicó, ¿cierto? Seguramente te contó todo, ¿qué más quieres saber?
—Quiero saber lo que sientes.
—Nada, no siento nada.
—¿Segura? Ruggero es un...
—Es un idiota, igual que Diego, y Xabiani.
—Ellos dos no son así, lo hacen por Diego nada más.
—Aún así, jamás estaría con Ruggero, no es mi tipo.
—Te conozco, intenta algo con Ruggero.
—No y no, deja ese tema ¿sí?
—Eres tan terca... pero bueno, te dejo, porque sé que ahora no escucharás.
—Hablemos de otra cosa, Ruggero no es mi tema de conversación favorito, y nunca lo será ¿oíste?
—Entendido, miss terca.
—¿Qué me dijiste, tonto? —le di un zape. Jum, miss terca ¿yo? Sí lo soy, pero nadie me dice así.
—Auch, ¿era necesaria la agresión?
—Sí, lo era.
—Cambiando de tema, Lodo, el viernes tengo una fiesta en casa de Mercedes.
—Wow, ¿ya eres popular?
—Eso parece, sólo porque le gusto a Martina. ¿Vienen conmigo? ¿Tú y Jerry?
—Nos necesitas, ¿cierto?
—Obvio, los necesito y mucho.
—Idiota —dije jugando—. Te quiero.
—Te quiero más, guapa —y me abrazó. ¿De dónde salió ese lindo momento? No lo sé, sólo sé que Jorge es el mejor amigo del mundo.
