Capítulo diez.

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Capítulo diez. —“Palomitas y cafés”

*Narra Jorge*

Segunda cita con Martina...hoy en la escuela estuvimos juntos mucho tiempo...y amé eso. Ella es muy divertida y dulce. Nada de la Martina de la que todos dicen. Llegué a casa y como Clari me dijo, no estaba. Me pasé con ella, estoy consciente de ello, le debo una disculpa.

El timbre irrumpió mis pensamientos.

—Hola —en cuanto abrí la puerta, Lodo estaba ahí.

—¿Qué haces aquí? —no planeaba ser mala onda con ella, solo quería saber qué hacía ahí.

—Pasaba por aquí y decidí venir a pedirte disculpas, me pasé en el almuerzo.

—Sí, eso lo noté.

—Escucha, ahora sí prometo no volver a meterme con Martina ¿me disculpas?

—Por mí está bien, solo no lo repitas. En serio no me gusta estar mal contigo y es difícil no estar mal contigo cuando atacas constantemente a la chica que quiero.

—De acuerdo —me regalo una bella sonrisa y se despidió.

—Te veo mañana, guapo —dijo Lodo antes de irse.

—Hasta mañana, Lodo —yo no era de decir cumplidos a las chicas. O no me salían o...no me salían.

(*)

—¿Qué película quieres ver? —le pregunté a Martina ya en el cine.

—La que sea, tú escoge —contestó esta lindura...claro, solo en mi mente hago cumplidos.

—Ya sé, tú compra las palomitas, toma —le entregué el dinero, soy un caballero después de todo.

—Y tú los boletos —me dijo Martina.

—Ahora vuelvo...

Ya en la sala de cine (compré para ver "El conjuro"; todos hablaban de ella) estábamos los dos. Juntos. A oscuras. ¿Debía hacer lo que pensaba? Ya saben...eso de pasar sutilmente mi brazo atrás del asiento, ¿lo hago? *hazlo, tonto; no pierdas esta oportunidad* dijo Yoyi. Lo haré. Pasé mi brazo atrás del asiento simulando estar estirándome, me acomodé y listo. ¿Ves que no era tan difícil, Blanco? De repente sentí un peso de más en mi pecho. Era Martina ¡¿ERA MARTINA?!

Ah ya, la escena que estaba pasando era de miedo y Martina se estaba refugiando en mis brazos. La verdad no estaba poniéndole atención a la película así que no sé qué rayos pasa. Sentía su respiración en mi pecho, sentía cómo ella se acercaba más a mí, buscando refugio, cómo escondía su cara en mi cuello, ahora sentía su respiración en mi cuello. Mierda. Esa sensación era única. La chica que siempre quise a mi lado, en mis brazos, a veces pienso que esto es un sueño, del cual no quiero despertar.

—Debí haberte dicho que soy un poco miedosa con el tema de películas —dijo Tini al salir de la sala de cine "oh Martina, cuando quieras".

—No hay problema —terminé diciendo.

—Me encantó aún así la película —dijo sonriendo.

—Yo prefiero otro tipo, las de miedo no son mucho de mi agrado.

—A mí tampoco, pero esta la disfruté —mira qué casualidad, yo también Martina.

—Estar contigo es de mi agrado —y ahí debía hablar yo.

—A mí igual me encanta estar contigo, pero debo irme, Jorge.

—¿Te llevo a casa?

—No, yo puedo ir sola, te veo mañana, gracias por todo —me dio un beso en la mejilla y se fue. ¿La habré espantado con lo que dije? Si es así me lanzo de un puente por arruinar todo.

*Narra Jerry*

Con lo que le dije a Lodo, la puse como loca. Ya sabemos a dónde van las cosas pero necesitamos tener las cosas concretas, y escarbar más en el tema porque lo que me dijo Cande no fue suficiente. Se le había metido en la cabeza que esa tarde debía empezar el plan II de la misión (que al final la llamé "Salvando A Jorge") y con eso, debía ir con nadie más ni nada menos que con Ruggero Pasquarelli.

—Me siento como en una película de espías —dije al verla arreglándose; parte de su plan.

—No es un juego, Jerry. Hay que acabar con esto rápido.

—¿Y cómo planeas hacerlo?

—No llegaré como tú de directo —quién entiende a las mujeres—. No me conviene si quiero sacarle esa información —dijo mientras se daba los últimos detalles a su maquillaje.

—Tu plan entonces es tardarte, en ese tiempo el pobre Jorge ya está bajo tierra hundido por...

—Mira, Jerry: no tardaré 5 minutos pero tampoco 7 días, debo ganarme su confianza, aunque sea una pizca de ella y así cantará como gallo ¿hiciste lo que te dije?

—Claro, siempre me encuentro a Ruggero en el café "Coffe Spresse" en la tarde, el tipo no hace tareas o algo así.

—Ok, en la noche te hablo y te cuento que pasó.

—¿Segura que no quieres que vaya contigo?

—Yo puedo sola, gracias —y se fue de su propia casa dejándome solo. Ella me tenía confianza.

*Narra Ruggero*

—¡Hey, Rugg! Te dejo, tengo cosas que hacer, sirve que estás solo para encontrar a alguien con quien pasar el rato, sabes a qué me refiero —dijo pícaramente mi camarada Diego antes e irse—. Adiós viejo —y se fue.

Ahí estaba yo solo, no podía estar solo, debía encontrar alguien (como dijo Diego) con quien pasar el rato.

Esa chica...no, muy...equis; ella...no, muy...rubia, no me caen muy bien las rubias y menos si son teñidas. Estaba checando las opciones y vi a una chica de pelo negro, un vestido azul que le quedaba perfecto y unos zapatos hermosos. De aquí soy.

—Hola —le dije a la chica que estaba parada a la puerta, no le había visto la cara pero con ver su cuerpo...es todo lo que necesito.

—Hola —dijo volteando a verme, yo la conozco.

—¿Te conozco, preciosa?

—Voy en la misma escuela que tú —contestó la chica.

—Ahh sí, eres Lodovica, ¿no? —estaba seguro que era ella.

—Sí, soy yo —contesto con una sonrisa, una bella sonrisa.

—Qué raro ¿no? Acabo de notar que eres preciosa.

—Wow, qué gran cumplido ¿eh? —dijo la chica bromeando.

—No lo tomes a mal pero...te ves distinta.

—En la escuela no me visto igual que acá afuera.

—¿Por qué? Así te ves preciosa —dije sonriéndole, esa sonrisa que las pone locas.

—Gracias, Ruggero —contestó tímidamente.

—¿Te gustaría sentarte? —dije señalando mi mesa sola, bueno que estaba sola.

—¿Por qué no? Vamos —me tomo de la mano y me guió a la mesa. Sigo diciendo, de aquí soy.

Opuestos Pero PerfectosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora