Capítulo veinte. —“Empezando a mentir”
—Ve con él, háblale —me dijo Mercedes cuando notó que lo estaba viendo detenidamente, ¿acaso no nota que lo espiamos detrás de una puerta?
—Te gustó, niégalo —habló Cande.
—No me gusta, está lindo pero no —admití.
—Ve y habla con él.
—No Mechi, ¿qué le digo?
—'Disculpa por haber chocado contigo'
—¿¡Qué?! —y en ese momento Cande y Mercedes me aventaron a donde está el chico, esas dos me las pagarán ¿qué le digo ahora?
*Narra Jorge*
~Estás bien, te ves genial, lo admito
~No sé qué hacer Jerry, sólo estoy recargado en la pared mensajeándome contigo
~Eso funciona, de verdad te ves genial
Y ahí una persona choca conmigo cortando la comunicación con Jerry. Pero no era cualquier persona, era Martina...
—Lo siento, discúlpame, no era mi intención —se disculpó Martina. Vamos y habla Jorge, espera, actuar indiferente es el primer paso.
—No te preocupes—contesté indiferente haciéndome el que hacía algo en mi celular.
—No, de verdad no creas que fue mi intención ni nada.
—No lo creo, no te preocupes.
—Está bien, eres nuevo ¿cierto?
—Así es —la primera mentira de muchas.
—Bienvenido entonces. ¿Cómo te llamas? —me preguntó Martina, soy Jorge Blanco, el chico con el que jugaste ¿te suena?
—Jorge Vargas —decidí dejar el celular y ponerle algo de atención. Por cierto pff que raro suena eso, Vargas.
—Lindo nombre, Jorge —las apariencias lo son todo sin duda, aunque las apariencias engañan; antes jamás alagó mi nombre.
—¿Y tú? —pregunté.
—Martina Stoessel —me dio una sonrisa ¿nerviosa?
—Oye y ¿ya conoces la escuela? —me preguntó.
—No, acabo de llegar y la verdad ni idea de donde es cada cosa —otra mentira.
—Yo te puedo mostrar el lugar, si quieres claro.
—No tengo a quién más, vamos —me quité los lentes ¿era el momento ahora? Quitármelos cuando empecé a caminar ¿eso fue bueno?
—¿No eres tú el que debe seguirme? —me dijo Martina con una sonrisa.
—Nah, yo iré a un lado y tú me seguirás diciéndome donde estamos, no hagamos lo típico, yo te sigo y voy callado a ver dónde me llevarás, mejor me sigues y solo me dices dónde estamos y qué es cada cosa.
—Ok, eso es un bote de basura, eso un casillero ¿así? —bromeó Martina.
—Bromista ¿eh? —le dije.
—Chico malo ¿eh? —preguntó divertida.
—Llámame como quieras, te dejo llamarme como gustes.
—En definitiva eres un chico malo —Martina estaba coqueteando conmigo, solo era de mirarla a los ojos y a su sonrisa, Martina intentaba coquetear conmigo, wow. No pude evitar una risita al pensar en eso, qué vueltas da la vida.
—¿Se puede saber de qué te ríes? —me preguntó uniéndose a mi risa. Recordé algo que me dijo Clari "No dejes que ella te domine, si ella te coquetea, tu demuéstrale que eres mejor en eso"
—De nada... ¿te agradan los malos? —oh, empecemos a coquetear.
—Claro ¿a qué chica no le agrada un chico malo?
—Tratas de decir que soy el chico de tus sueños, entiendo —hice mi "sonrisa perfecta", la que me dijeron los chicos.
—No, yo dije que un chico malo es el que le agradan a las chicas, mas no dije que eres el chico de mis sueños, hay una diferencia entre mi chico perfecto y el chico que me agrada.
—Aún así llegaré a ser el chico de tus sueños.
—¿No querías conocer la escuela? —cambió de tema riéndose, supongo que la puse nerviosa, o le cayó gracioso mi comentario, no lo sé.
—Ok bonita, como tú digas —seguí mi camino dejándola atrás, escuché una risa nerviosa de su parte, la pongo nerviosa, eso me gusta.
—Bueno, aquí es tu primera clase que también es la mía —dijo Martina. Me había enseñado una parte de la escuela, pero las clases empezaban en 2 minutos.
—Wow, el destino nos quiere juntos —era tan divertido ponerla nerviosa y me di cuenta que cada vez que coqueteaba con ella lograba eso.
—Eres terrible —mencionó Martina—. Ven, vamos a que conozcas a tus nuevos compañeros
Lo que menos quiero es cruzarme con ellos— Genial —dije y entramos al salón. Noté a mis amigos sentados en sus típicos lugares, al grupito de Diego como siempre al fondo y las amigas de Martina sentadas a media clase. Su lugar era justo en medio ¿para tener la atención? No lo sé ¿Dónde me sentaría ahora? Mi lugar era con mis amigos, supongo que donde el maestro me ponga, no lo sé.
—Te quiero presentar a mis amigas, ven —me tomó la mano y me arrastró directo a sus amigas—; ella es Cande —la señaló—, y ella es Mercedes —señaló a su otra amiga.
—Un gusto —dije con una sonrisa.
—El gusto es nuestro, Jorge —habló Cande.
—Linda sonrisa, Jorge —¿Mercedes alagando mi sonrisa?
—Buen día clase —llegó a interrumpir el profesor de Química. Él siempre fue muy buena onda conmigo, ahora sabré si el director les contó sobre mi “plan”.
—Tenemos nuevo compañero, profe —dijo Cande.
—Ah sí ¿Vargas, no? —preguntó.
—Así es —dije y tomé asiento al lado de Martina, el único lugar disponible.
—Bienvenido sea, joven Vargas —y con eso murió Blanco para los maestros.
