Capítulo veintiséis - parte uno.

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Capítulo veintiséis—. “Fiesta adolescente y primer paso”

*Narra Martina*

—¿Dónde estabas? Te estuve buscando por todos lados —Jorge se había desaparecido cuánto, ¿10 minutos?

—Me encontré con un viejo amigo y estaba con él, no importa ¿aquí estoy, no? —lo admito, me encanta su sonrisa, cada vez que me regala una de ellas, muero, literalmente.

—¿Y las bebidas? —es divertido notar que fue por ellas, y vuelve sin nada.

—Ah, eso, em, las olvidé ¿te traigo una? —oh no no, de aquí no te mueves sin darme mi beso.

—No, está bien, tranquilo. ¿Vamos afuera? Estoy un poco engentada —(engentada es cuando hay mucha gente en un lugar pequeño).

—Vamos, preciosa —y otra cosa que me encanta es que me diga preciosa, es mi apodo, mío, y de nadie más.

*Narra Jorge*

—¿Es tuya? —me pregunto Martina al ver mi motocicleta aparcada a una cuadra de la casa de Mechi— Nunca la había visto.

—Toda mía. ¿Te gusta? Ah y a lo otro...estabas muy ocupada viendo mis ojos, eso pasaba.

—¿No dejas de ser tan tan...Jorge? Ah y lo otro...me encanta, apuesto a que la amas ¿o me equivoco? —Martina tenía razón, y los chicos también tenían razón cuando me dijeron que terminaría amándola. Ese sentimiento de adrenalina que se siente manejándola es increíble y eso que no salgo mucho con ella, debería salir más con ella ¿no creen?

—No te equivocas, es más, ¿me acompañas a un viajecito? Debes sentir la adrenalina de estar arriba de ella.

—¿Viajecito?

—Sí, viajecito, ¿o qué? ¿A la princesa no le gusta la idea?

—Ja, ja. Claro que sí, tonto.

—Toma —le ofrecí mi casco.

—No, es tuyo, aparte ¿tú qué llevarás puesto si lo llevo yo?

—Oh vamos, no correremos una carrera ni nada por el estilo, solo iremos por ahí, abandonando un rato la fiesta, no me pasará nada, toma —se lo volví a ofrecer.

—Que no —se negó cruzándose de brazos.

—¿Con que no? —la tomé de sus dos brazos y la detuve— Así está mejor —le puse el casco en la cabeza, quedando muy cerca, sus labios cerca de los míos, vamos, bésala...esperen, aquí, aquí no.

—Listo —pude ver la gota de desilusión, ella sin dudas quiere besarme—. ¿Nos vamos?

—Vamos.

Me subí a la moto, esperando que ella subiera detrás de mí. Y así lo hizo, decidí llevarla a un parque que está cerca de aquí. ¿Qué lugar más perfecto para nuestro primer beso se me ocurrió? Nada mejor, recuerden, esto no es lo mío.

*Narra Lodovica*

—Oh vamos, eso fue tan extraño, tan, tan...

—Tan simple, Jerry. Deja el tema ya, ¿de acuerdo? —si hubiera sabido que Jerry me molestaría el resto de la fiesta con “mis apasionados besos con Jorge”, como los llama él, ni lo hubiera besado.

—¿Te gustó el beso, verdad? —esa sonrisa de Jerry...lo que me faltaba, aparte de Jorge molestándome con Ruggero, Jerry molestándome con Jorge ¿Qué sigue? ¿Ruggero molestándome con Jerry?

—Mira, mejor ve a intentar algo con, no sé, cualquier chica incrédula que veas así yo me divierto viendo cómo te manda al diablo ¿vale? Porque ni las más tontas caen a ti.

Opuestos Pero PerfectosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora