Michelle
Jamás le había visto tan serio, menos aún cuando estábamos solos y eso solo podía significar que teníamos que hablar, de algo importante. Le sostuve la mirada, por mucho que quisiera apartarla, intentando descifrar qué pasaba ahora. Acabábamos de llegar a su casa después de la playa, nos habíamos duchado (por separado) y nos habíamos sentado en el sofá, pero Vic no dejaba de mirarme con algo de preocupación, como si no supiera como empezar.
—¿Puedes solo soltarlo? Tampoco puede ser tan malo. —Pedí nerviosa, jugueteando con mis manos.
—Está bien. —Suspiró. —Ya he visitado a todos los psicólogos de la lista. —Vale, quizá sí que era algo difícil de decir.
—Oh, vaya. —Murmuré. —¿Y... Bien?
—Creo que ya sé cual es el mejor para ti. Hablé con cada uno, contándoles más o menos porqué necesitabas ayuda psicológica y el que se mostró más... Familiarizado fue el doctor Mainford. —Explicó acercándose más a mí. Tomó mis manos entre las suyas, distrayéndome del apresurado latido de mi corazón por los nervios. —Sé que es difícil para ti, M, pero creo que es lo mejor, claro que seguiré ayudándote en todo lo posible, pero que sepamos por qué empezó es importante para poder ponerle fin. —Llevó una mano a mi mejilla, acariciándola suavemente. —Si estás de acuerdo, puedo llamarle ahora para pedir cita. —Propuso hablando más bajo. Solté un suspiro.
—Vale. —Susurré.
—¿De verdad? —Preguntó, dándome una oportunidad para pensarlo mejor.
—Bueno, has entrevistado a todos y dices que ese es el más apropiado. Confío en tu palabra, así que sí. Puedes llamarle. —Miré a nuestras manos juntas, mordiendo ligeramente mi labio inferior sin saber si lo que había dicho era cierto. No quería ir a un psicólogo, no quería sentirme más loca de lo que me sentía, pero él tenía razón.
—Gracias, Michelle. —Sonrió un poco, levantando mi cabeza. —Te irá bien, estoy seguro. —Añadió inclinándose hacia mí. Atrapó mis labios con los suyos en un corto beso antes de soltarme y levantarse.
Salió del salón con su móvil en la mano, marcando el número del doctor Mainford mientras yo me quedaba quieta, mirando al suelo y pensando si era buena idea. No quería contarle mis problemas a un desconocido, mucho menos que me analizara e intentara meterse en mi mente. No estaba bien, ya lo sabía, necesitaba ayuda de alguien, pero no quería que ese alguien fuera un psicólogo que se comportara como si lo supiera todo sobre mí, como si fuera yo y mi problema fuera lo más fácil de solucionar del mundo. Desde luego no estaría para nada cómoda y el hecho de tener que decirle detalles de mi infancia y mis padres... Todo eso me desagradaba bastante, considerando que el único que lo sabía todo era Kellin. Y ahora Vic. Si lo hacía, sería por él, porque le hice entrevistar a toda la lista de profesionales y sería injusto que fuera en vano. Si él decía que era lo mejor para mí, tendría que creerle, él también había pasado por lo mismo que yo. Suspiré, recargándome contra el sofá y cerrando los ojos, a la espera de que Vic volviera. Podía oír de lejos algunas palabras que decía al teléfono, nada concreto o que me diera información, pero escuchaba su tono feliz. Feliz porque yo hubiera accedido a ver a un psicólogo, a que me trataran, a que buscaran dentro de mi mente el origen de mi problema, el origen de mi baja autoestima, el origen de mi mal humor, mi desconfianza, mi tosquedad, mi capacidad insuficiente para olvidar, mi falta de amor y sobre todo, el origen de mis cortes, porqué, cómo y cuándo acudí a ello, bajo qué pensamiento, qué esperaba conseguir y por qué lo seguía haciendo, por qué me confortaba. No lo sabía, no sabría responder a ninguna de esas preguntas, ¿Por qué un desconocido podría hacerlo? Estaba harta de sentirme así, claro que lo estaba, pero no creía que esto fuera una solución. Escuché a Vic despedirse y pronto lo ví entrar en el salón, con una leve sonrisa para consolarme. Volvió a sentarse a mi lado, esta vez envolviéndome en sus brazos para tenerme más cerca y besando mi cabeza.
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Saving You {Vic Fuentes}
Fanfic-¿Quién eres? -Pregunté confusa. -Solo soy Vic. -Se encogió de hombros.