Cap 35: Momento de la verdad

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Kato acompañó a Melina a lo largo de la mansión hasta llegar a su habitación. Ella estaba realmente destrozada, pero hacia esfuerzos titánicos por no derrumbarse y volver a llorar, ya tenía bastantes problemas, no quería que el personal anduviera contando chismes inadecuados al verla en pleno derroche de lágrimas.

Cuando llegaron a su alcoba, Kato abrió la puerta y se dirigieron directamente al despacho de Ian, necesitaban hablar con él. Tal como lo esperaban, lo encontraron sentado en su escritorio revisando unos papeles. Al sentirse observado, Ian levantó la vista, y el espectáculo que vio no era lo que se esperaba.

Melina estaba sujetada del brazo de Kato de un modo tan firme que daba la impresión de que al soltarse el mundo se derrumbaría a sus pies. Sus ojos hinchados y rojos eran una clara prueba de las lágrimas recientes, y la sangre seca en las comisuras de sus labios demostraban que había hecho esfuerzos por no gritar.

Pero lo que más le llamó la atención y lo hizo casi correr a su lado con los brazos abiertos fue esa aura desolada que emanaba, la misma de la última vez. Melina, al verlo allí sintió que sus fuerzas se derrumbaban nuevamente y corrió a cobijarse en los brazos que le eran ofrecidos y que la aprisionaron con suavidad al tenerla cerca, mientras volvía a derramar lágrimas sin control.

―¡¿Que ha pasado?! ―preguntó alarmado de ver a Melina en ese estado―. ¡Contesta! ―Volvió a insistir mirando a Kato, molesto ante su silencio―, ¿qué ha pasado? ―comenzaba a desesperarse, sentía su corazón acongojado, y cada lágrima, gemido y temblor por contener las lágrimas que provenían de su hermana provocaban que su corazón se estrujara en impotencia.

Ian al mirarlo vió sus ojos llenos de dolor, su rostro, al igual que el de su hermana,  estaba marcado por la pena, reflejándose en ellos la misma impotencia que él sentía en esos instantes. Kato lo miró indeciso, como si no pudiese encontrar las palabras correctas para poder contar lo que pasó.

―Su familia… ―fue la única respuesta que pudo dar. Por un momento, Ian no necesitó más palabras, la verdad estaba escrita en los ojos de Kato, la tragedia marcada en ellos―, descubrimos quienes fueron los que…

―Entiendo ―dijo Ian cortando la frase de Kato.

No eran necesarias más palabras, sabia a lo que se refería. Una mirada a sus ojos era suficiente para saber el resto, porque reflejados en ellos había odio, pena y dolor, un sentimiento que en esos momentos ambos compartían.

Ambos sabían que Melina era una chica, y como todas era dulce, tierna, y frágil, por mucho que intente esconderlo, era alguien de corazón blando. Y verla sufrir de esa manera les partía el corazón.

En un reflejo, Ian abrazó a Melina con mucha más delicadeza, acariciando su espalda con suavidad procurando calmar su dolor apoyando su mentón en su coronilla le daba palabras dulces para reconfortarla. Kato la miró con nostalgia y posando su brazo en su hombro le dio un suave apretón haciéndole saber que él también estaba allí para ella.

Luego de un largo rato, que a ambos les pareció tortuosamente eterno, Melina logró calmar su llanto, y al hallarse más tranquila, Ian la mando a que tomara una ducha relajante para refrescarse y calmarse. Ambos guardaron silencio sin quitar la vista de la puerta donde Melina había desaparecido segundos antes, y siguieron así hasta que oyeron el sonido de agua cayendo sobre un cuerpo.

―Ahora si― dijo Ian volcando toda su atención a Kato de manera desafiante―. Explícame qué demonios paso para que Katniss se encuentre en ese estado.

Kato lo miró a los ojos, Ian tenía la molestia escrita en ellos, y su voz sonaba casi impaciente. Se lo contaría, ambos necesitaban estar al tanto de todo, y más si eso implicaba la seguridad, el bienestar y la cordura de su hermanita.

Enamorándose del demonio #BNEHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora