Cuando estaba por completar el último digito de la policía, colgó el teléfono. Era un hecho que en más problemas no podía estar metido. Pero quizá podría sacarle provecho a la situación. Quizá, y solo quizá, podría sobornar a ambos jóvenes y salir bien parado de la situación, o por lo menos vivo.
Regresó sobre sus pasos, vio en su consultorio a la dama en la camilla, y al debilitado guardián en una muy incómoda posición en la silla que había colocado al lado de la dama. No supo cómo, no supo por qué, ni siquiera supo en que momento. Pero Riberto Fortini estaba allí al lado del joven acomodándolo mejor en el sillón para que su cabeza pudiera descansar de una manera decente evitando así una contractura o quizá una migraña tremenda si llegaba a despertar en la posición anterior.
Era imposible negarlo, llevaba su profesión en las venas, si alguien necesitaba su ayuda, siempre lo haría, era su vida, su profesión. Pero lastimosamente era algo que le estaban quitando de por vida.
Era un hecho entero que terminaría tras las rejas. Y nuevamente la idea loca rondó su mente. Si quizá... si simplemente quizá...
Decidido a arriesgarlo el todo por el todo, regresó por sobre sus pasos, sabía lo que tenía que hacer y si quizá lo lograba estaría salvado. Debía jugar bien sus cartas, debía ver cómo hacer las cosas, pero debía ser sumamente precavido.
Al cabo de lo que a Zafrán le parecieron unos cortos minutos, volvió a abrir los ojos, sentía una leve pesadez en la cabeza, pero después de eso nada. Lo primero que sus ojos buscaron con ansiedad fue a su señora. Recorrió con ansiosa mirada todo el recinto, encontrando en una camilla no muy lejos de él a su señora que aun dormía conectada a un par de sueros y una bolsa de sangre.
Cuando intentó incorporarse para acercarse a ella, sintió un pequeño pinchazo en el antebrazo, y al bajar la vista pudo observar otro par de sueros ingresando en sus venas. Inquieto y ansioso intentó deshacerse de ellos, pero las palabras del médico frenaron sus movimientos.
—No le recomiendo hacerlo —dijo con voz segura. Zafrán lo miró con desconfianza —ha perdido usted mucha sangre. No puedo conseguir la sangre necesaria para ambos, apenas y si pude conseguir un pequeño paquete esta mañana para la dama pero nada más. Usted deberá reponer energías simplemente con sueros. —Zafrán volvió a mirarlo con recelo —son efectivos, pero de igual manera deberá reposar al menos otro día más.
— ¿Otro día más? —preguntó Zafrán sumamente intrigado.
—Usted también sufrió graves heridas joven —aseguró acercándose a Zafrán con una bandeja llena de implementos médicos —déjeme cambiarle los vendajes.
Intrigado Zafrán bajo la vista a su propia figura, le habían quitado toda la parte superior de la ropa, incluyendo aquella que cubría su rostro. Ahora sus rubios cabellos caían libremente por su rostro acariciando sus hombros. Había olvidado que tan largo lo tenía. Mirando su pecho vio en uno de sus costados una venda que le cubría gran parte del torso. Y muchos otros parches pequeños alrededor de su pecho y brazos.
—No le preguntaré como fue que se hizo eso. Pero si le diré que logré curarlos todos. ¡Fue una locura dar su sangre en la situación en la que se encontraba! —dijo el médico. Zafrán no respondió. —aun me sorprende su resistencia para poder realizar una transfusión con semejantes heridas en el cuerpo.
—No tenía opción —respondió sin ningún atisbo de emoción. Y era verdad, era ella o simplemente ella.
Dejo que el médico lo atendiera y limpiara sus nuevas heridas que de seguro dejarían nuevas cicatrices. Pero no le importó, menos ahora que sabía que esas eran pruebas de que había dado todo para ponerla a salvo y que esta vez sí lo consiguió.
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Enamorándose del demonio #BNE
FanfictionMelina, una chica normal termina envuelta en un mundo completamente opuesto al suyo desde que se topó con un extraño joven de ojos verdes. Desde entonces su vida se transforma en un caos, donde el dolor, traición, venganza, muertes y asesinatos se...
