Hemos actualizado nuestras Pautas de Contenido.
Consulta las pautas más recientes para seguir compartiendo historias de forma segura.

Capítulo 4

4.6K 314 19
                                        


«En una guerra entre el corazón y la razón nunca va haber un ganador.»


—Melanie, verifique unos datos y si ve alguna anomalía, avise —ordena Cristian con su voz precisa, cortante como un escalpelo. Su exactitud, su postura impecable, su traje que parece tallado en mármol, todo en él me hace sentir diminuta, como si mi presencia en este espacio fuera un error de cálculo. —Y hablando de...

Lo interrumpo antes de que pueda terminar.

—De nada, señor. Es asunto de Samara —respondo, apresurándome a cortar el tema sin caer en la descortesía. Las palabras salen demasiado rápido, como si temiera que un segundo de silencio delatara el temblor que llevo por dentro.

Cristian se acomoda el saco con un gesto mecánico, casi robótico, pero yo mantengo la mirada fija. Mírame, pienso. Mírame y dime qué ves. ¿Una profesional? ¿Una impostora? ¿O solo una farsante a punto de desmoronarse?

Mi madre solía decir que mis ojos eran traicioneros. "Melody, eres como un libro abierto", me repetía con esa mezcla de ternura y exasperación. "Todo lo que sientes se escribe en tu mirada antes de que tus labios lo nieguen."

Y ahora, mientras Cristian me observa con esa calma impenetrable, sé que está leyendo cada línea. Como si estuviera hojeando mis páginas sin que yo me diera cuenta.

Soy un libro ya leído, con un final que decepcionó. Un volumen gastado cuyas páginas se deshojan solas, incapaz de reescribirse.

Respiro hondo, conteniendo el peso que se acumula en el pecho. Cristian asiente, evitando ahondar, y se retira no sin antes recorrer con la vista los puestos de trabajo, escudriñando cada detalle como solo él sabe hacer.

Me quedo inmóvil, las carpetas entre mis manos convertidas en un lastre.

Ahora soy esa: la chica patética que necesitó que alguien más peleara sus batallas. La que intercedió por Samara como si no pudiera valerse por sí misma.

Genial.

—Melody —la voz de Samara llega a mis oídos.

La impotencia recorre mi torrente sanguíneo como un veneno, caliente y corrosivo. Estoy a punto de explotar.

—Sé que has hecho mucho por mí, Samara —la encaro con los dientes apretados. La pelirroja sostiene un café en una mano y su cartera en la otra, como si acabara de salir de una reunión casual en lugar de haber desencadenado este desastre.

—Quise pasar a saludar antes de irme a trabajar, si necesitas ayuda me avisas, este lugar es nuevo para ti —dice con un ánimo efusivo que me irrita hasta el hueso. Le vendría bien ese café hirviendo encima.

Su voz dulce, su actitud despreocupada... cada sílaba me rasga como un cuchillo.

¿En qué mundo vive para no verlo? ¿Para no entender que su compasión me ahoga?

—¡No necesito ayuda, entiéndelo! —vocifero, haciendo que varias cabezas giren hacia mí. El murmullo del piso se detiene por un instante. Los observo a todos con una expresión que debe ser tan poco agradable como me siento por dentro.

Samara parpadea, sorprendida, pero no se inmuta. —Hablamos en el almuerzo —susurra antes de hacer sonar sus tacones y dirigirse al ascensor. Lo de ella no es llamar la atención; lamentablemente, eso parece ser lo mío, aunque no lo quiera.

Sus facciones son apáticas, como si ya hubiera previsto mi estallido. Samara es un ser admirable, porque yo de ella ya me hubiera ido, solo que yo no puedo escapar de mi cuerpo.

Giros Del DestinoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora