«Me despedí, aunque te quería. Me fui sin importar que estabas, no miré atrás, aunque me veías y comencé de nuevo, dejándote en el olvido sin importar que no quería.»
(La mitad de este capítulo es flashback)
Mis palmas se pegaban al vestido de mezclilla, dejando pequeñas marcas húmedas que desaparecían solo para reaparecer segundos después. Los dedos de Arquímedes dibujaban círculos distraídos sobre el volante mientras manejábamos hacia el condominio de sus padres, y yo no podía dejar de tragar saliva, como si tuviera un nudo de cristales rotos alojado en la garganta.
Un mes. Solo un mes desde que me había preguntado "¿Quieres ser mi novia?" con esa sonrisa que hacía que el mundo girara más despacio. Y ahora aquí estábamos, a minutos de que conociera a Viviana, su madre, quien había insistido tanto en este encuentro que a veces sospechaba si sería algún tipo de prueba iniciática.
—No estés nerviosa, amor —su voz me arrancó de mis pensamientos. Al girar, encontré esa sonrisa suya, la que siempre tenía un dejo de burla pero que, inexplicablemente, me calmaba más que cualquier palabra.
Apreté las manos contra mis muslos, sintiendo cómo las uñas se clavaban levemente en la tela. —¿Cómo quieres que no esté nerviosa si voy a conocer a tus padres? —La risita que solté sonó falsa incluso para mis propios oídos. Mis dedos comenzaron a tronar solos, un tic nervioso que había desarrollado en la adolescencia.
Arquímedes esbozó una sonrisa más amplia, pero solo logró que el vacío en mi estómago se expandiera. —Bien dicho, mis padres no al presidente de la República —su risa gutural llenó el auto, y yo respondí con un golpe juguetón a su hombro que sonó más fuerte de lo que pretendía.
—Con cuidado con tu agresividad —bromeó, frotándose el hombro con exageración—, porque después lo único que vamos a conocer es una sala de hospital.
—Pudimos haber muerto —exageré, sintiendo cómo el nerviosismo se convertía en una bola de energía pura que recorría cada centímetro de mi cuerpo.
Él ladeó la cabeza, y por un momento vi ese destello en sus ojos grises que siempre aparecía antes de decir algo terriblemente cursi o terriblemente inapropiado. —Si hubieras muerto, los ángeles harían fiesta en el cielo por la llegada de otro ángel.
Mi expresión debió ser tan increída que soltó otra carcajada mientras yo, incapaz de decidir entre reírme o golpearlo de nuevo, solo me limité a murmurar un "gracioso" mientras lo observaba de reojo. Él. Siempre él. Desde el primer día, había sido mi ancla en medio del caos. —¿Y si no les agrado? —la pregunta salió en un susurro, como si temiera que el universo la escuchara y la convirtiera en realidad.
Sus dedos encontraron los míos, entrelazándose con una firmeza que hacía imposible seguir tronándolos. —Si a mí me encantaste, a ellos les fascinarás —declaró con esa seguridad absoluta que tanto me exasperaba y enamoraba. Su pulgar acarició mi nudillo, un movimiento pequeño pero que logró que mi corazón diera un vuelco incómodo en el pecho.
El auto se detuvo bruscamente, sacándome de mis pensamientos. —Llegamos —anunció Arquímedes mientras sacaba las llaves del contacto con un movimiento parsimonioso que contrastaba con el caos interno que yo sentía.
Mis ojos se fijaron en cada uno de sus movimientos, como si memorizar la forma en que sus músculos se tensaban bajo la camisa pudiera distraerme del pánico creciente. —No me digas, pensé que se había acabado la gasolina —bromeé, pero mi voz sonó estrangulada, como si alguien estuviera apretando mi garganta.
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Giros Del Destino
Romance"Para que nada nos separe, que nada nos una" -Pablo Neruda. Arquímedes Bernat un déspota, calculador en sus pasos, el mundo para él es como jugar al ajedrez, siempre va a ver un jaque mate y es él quien va a mover la primera pieza. Ve a las mujeres...
