Exhausto.
Gabriel, mi padre, anda que me jode el día con sus llamadas. El timbre incesante del celular me hastía, y no sé cómo consiguió mi número privado; antes solo molestaba a Lucía, y ella se encargaba de decirle que estaba ocupado.
¿Cuándo entenderá que ya no soy el niño que necesita su aprobación para cada decisión? Cada vez que suena ese maldito teléfono, es como si me recordara que, sin importar cuánto poder acumule, nunca seré lo suficientemente bueno para él.
Cierro la computadora con furia y me paso las manos por el cabello, exasperado. Me dirijo a la licorera, me sirvo un vaso de tequila y lo acabo de un trago. El ardor en mi garganta es un alivio momentáneo, pero ni el alcohol más fuerte puede quemar este resentimiento que llevo años arrastrando.
¿Por qué no puede dejarme en paz? Siempre es lo mismo: sus reproches, sus dudas, como si no confiara en mis decisiones. Como si, después de todo este tiempo, aún creyera que no soy capaz de llevar esto. ¿Acaso no he demostrado lo contrario?
Capaz se enteró de que pasé por las faldas de casi todas las trabajadoras... menos una.
¿O será que alguien más le está informando cada uno de mis movimientos? La idea de que tenga ojos dentro de mi propia empresa no me sorprendería. Al fin y al cabo, es Gabriel Bernal, el hombre que nunca confía del todo, ni siquiera en su propio hijo.
Maldición. Samara Giler es una belleza exótica, con su cabello rojo como fuego ardiente y unas curvas que dan ganas de tocarlas.
Pero no es eso lo que me detiene. Hay algo en ella, una resistencia que me intriga. No es como las otras, que caen con un simple vistazo, un halago barato. Es como si me viera a través, como si supiera exactamente qué juego estoy jugando.
Sonrío. Si no es fácil a la primera, peor lo será a la segunda. No como otras.
¿O quizá es solo otra ilusión? Algo para distraerme de este vacío que no se llena, ni con alcohol, ni con mujeres, ni con poder. ¿Cuántas más tendré que conquistar para olvidar que ninguna será ella?
Me sirvo otro vaso en el momento más inoportuno, cuando vuelve a sonar mi celular. Me siento en el escritorio y, ya harto, le contesto:
—¿Qué sucede, Gabriel? —digo con tono jocoso, mientras observo por el gran ventanal los autos pasar. Últimamente, me critica por lo que hago y lo que no. El sonido que se escucha a través de la línea simula tráfico, dando a entender que se dirige a la corporación. Toso para que hable de una vez y se deje de rodeos.
Como si no supiera exactamente lo que va a decir.
—Hijo, ya lo hablamos. ¿Seguro que quieres esto? —La pregunta es retórica; sabe muy bien la respuesta y no entiendo por qué insiste en gastar saliva con lo mismo. Juego con el vaso de whisky sin apartar la vista de la carretera.
¿Seguro? Claro que no lo estoy. Pero no es como si tuviera otra opción. ¿Acaso él me dio alguna alternativa cuando decidió escapar de sus responsabilidades?
—Sí —respondo cortante, bebiendo un trago del líquido. Me muerdo el labio inferior, tratando de no cortar la llamada. No hoy, no otra vez.
—Susana regresa hoy de California. Está saliendo como modelo, y no sé si esto favorece al grupo. ¿Sabes los escándalos que traerá? —Su voz tiene un tono de preocupación, pero hay que recordar que, tras la muerte de mi madre, él no quiso hacerse cargo del grupo. Yo tuve que cargar con todo, incluido el duelo de ambos, mientras él huía.
ESTÁS LEYENDO
Giros Del Destino
Romance"Para que nada nos separe, que nada nos una" -Pablo Neruda. Arquímedes Bernat un déspota, calculador en sus pasos, el mundo para él es como jugar al ajedrez, siempre va a ver un jaque mate y es él quien va a mover la primera pieza. Ve a las mujeres...
