«Nadie sabe la definición exacta de amar, porque como existen diferentes amores, existen diferentes corazones y muchas formas de amor. Entonces ¿Cómo se siente amar exactamente?»
Guardo la carta en mi bolso con un cuidado casi ritualístico, como si al sellarla dentro del cuero oscuro también estuviera sellando mi propia decisión. La entregaré cuando Arquímedes esté destruido, cuando no quede ni rastro de ese hombre que alguna vez creí conocer. Hasta entonces, la tendré cerca, como un recordatorio silencioso de lo que está por venir. Y, sí, lo disfrutaré. No con la euforia vacía de la venganza barata, sino con esa satisfacción lenta y amarga que solo nace cuando la justicia—o lo que sea esto—se sirve fría.
Pero mientras tanto, observaré. Veré cómo se desploma, ladrillo a ladrillo, hasta que no quede más que el polvo de su orgullo.
El peso de los secretos ajenos me oprime el pecho. ¿Por qué todo el mundo parece esconder, tapar o saber algo de lo que ni yo misma estoy enterada? Es como caminar sobre un piso de cristal, sintiendo que en cualquier momento las grietas se abrirán bajo mis pies. Savannah no ha dejado de enviarme mensajes, una letanía de palabras que oscilan entre lo desesperado y lo absurdo. La he querido bloquear mil veces, pero algo me detiene. ¿Miedo? ¿Curiosidad? ¿O simplemente esa parte tóxica de mí que no puede resistirse a mirar el abismo, aunque sea de reojo?
"Necesito verte. SH"
"Melanie, responde. SH"
"Tengo mucho que contarte. SH"
"¿Dónde vives? SH"
No puedo evitar reírme, aunque el sonido se ahogue en mi garganta. ¿En qué mundo paralelo cree que la recibiría en mi departamento después de todo? Ingenua. Pero lo que más me intriga no es su insistencia, sino ese "SH" al final de cada mensaje. Un código, una firma, una advertencia. No lo entiendo, y eso me molesta más de lo que debería.
Sé que lo lógico sería cambiar de número, cortar de raíz cualquier posibilidad de contacto. Pero no lo hago. ¿Por qué? Porque sé que sería inútil. Savannah siempre encuentra la manera, como una sombra que se cuela por las rendijas. Y, en el fondo, tal vez no quiero escapar del todo. Porque si huyo, ¿qué me espera? ¿Un pasado que se repite como un eco maldito? Ya lo intenté una vez: de Santa Martha a la ciudad de Elena, creyendo que podía dejar atrás los fantasmas. Pero ellos siempre regresan, más fuertes, más hambrientos.
¿Y si me voy del país? La idea cruza mi mente, pero la descarto de inmediato. Ni loca. Allá donde vaya, terminaré tropezando con los mismos rostros, las mismas historias torcidas. Como dijo Cristian Coello, con esa mezcla de cinismo y verdad que lo caracterizaba: "¿Te han dicho que da igual si te escapas de los problemas o los enfrentas? Porque de otras maneras te atraparán. Más arrasadores y destructores que la última vez."
Estefan me escribió, preguntando qué había sucedido entre nosotros. Le respondí con evasivas, agradeciéndole pero dejando claro que no había futuro. "Cuando te miro, es como ver a Arquímedes", le dije. Y era cierto. Claro, omití la parte donde confesaba que, en realidad, no podía ver un futuro en nadie. Ni siquiera en mí misma.
Me aplico la última capa de labial rojo, el color de una seguridad que no siento. Las ojeras han retrocedido un poco, gracias a las pastillas para dormir. Al menos ahora puedo cerrar los ojos sin que la oscuridad me devore viva. Es un pequeño triunfo, pero en esta guerra de supervivencia, hasta los logros mínimos cuentan.
Esta mañana me levanté antes de que el sol asomara, como si mi cuerpo ya no supiera qué hacer con el descanso. Tomé un taxi hacia el cementerio, movida por esa necesidad enfermiza de estar cerca de lo único que no me ha fallado: el silencio de Amalia. El guardia me hace firmar el registro con indiferencia, como si mi dolor fuera solo otra firma más en su lista. El lugar está desierto, como siempre a esta hora. Tantos cuerpos bajo la tierra, tantas historias truncadas. Algunas largas, otras tan cortas que ni siquiera tuvieron tiempo de empezar.
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Giros Del Destino
Romance"Para que nada nos separe, que nada nos una" -Pablo Neruda. Arquímedes Bernat un déspota, calculador en sus pasos, el mundo para él es como jugar al ajedrez, siempre va a ver un jaque mate y es él quien va a mover la primera pieza. Ve a las mujeres...
