«Algunos dicen que se llega a conocer a una persona por cómo te trata cuando ya no te necesita, pero no hagas caso, yo siempre te necesitaré, solo que siempre fallo al demostrártelo. Quizá por eso me merezco que no estés...»
«Pusilanimidad.»
Esa es la palabra que en ocasiones logra representarme. La cobardía de decir lo que pienso solo a medias, de dar indirectas en lugar de enfrentar las verdades que me queman la lengua. O más bien siempre, porque nunca logro dar el paso final. Trato de decírselo a Eduardo, sembrando pistas como si fuera un detective que debería investigar más, pero él solo me da motivos para referirse a Castro como un buen socio, como si mi intuición fuera solo paranoia sin fundamento.
—Rosell, sé que desconfías y estás preocupada por mí —suelta con esa condescendencia que me hace revirar los ojos. Eduardo se burla de mi preocupación, como si fuera un capricho infantil. —Pero tengo que mostrarle a Arquímedes que yo puedo elegir muy bien a mi gente y estoy apto para el puesto.
Sus palabras hacen eco en mi mente, chocando contra lo que me dijo Samara hace unos días. Una disputa entre el poder conmutativo, como ella lo llamó. Arquímedes, siendo tan selectivo y desconfiado en todo lo laboral, no se arriesgaría con Erick a menos que tuviera una razón más profunda. Tal vez solo está dando el beneficio de la duda a su primo, tolerando a Erick para demostrarle que puede ser responsable, aunque le desagrade. Pero nadie lo nota, porque Arquímedes nunca ha sido expresivo con sus intenciones.
Lo único que sé con certeza es que Eduardo Bernat está logrando que no le den ni la gerencia de su propia vida al confiar ciegamente en un Castro.
—Señor, pero... —intento argumentar, pero me interrumpe a mitad de la oración. La exasperación crece en mí como una marea, escapando en un suspiro sonoro. Eduardo está irritado ahora; sus ojos miel aún guardan comprensión, pero están heridos por mi desconfianza hacia sus decisiones empresariales.
—Alguien debería confiar una vez en mí —reclama, pasándose una mano por el cabello en ese gesto nervioso que heredó de su familia. Su tono de voz me estremece, y el peso de su mirada cae sobre mis hombros como una losa. —Y perdón por lo que voy a decirte, Melanie —me tutea, suavizando lo que viene, pero solo para no hacer la conversación más incómoda de lo necesario. —Eres una empleada que debe acoplarse a las decisiones de esta organización y no cuestionarlas —puntea cada palabra como si estuviera dictando un memorándum. —Puede que seas la secretaria de Coello porque él es más flexible, porque necesita opiniones al ser el jefe de edición, pero no...
—No me refiero a eso —aclaro, y mi voz suena desesperada, agria, como si las palabras me quemaran al salir.
—No sé si te confundiste por lo que pudo pasar entre nosotros o lo que no —aclara, como si nuestra historia fuera un enigma sin resolver. Para mí está más claro que el agua; para él, parece seguir turbio. —Te considero una amiga, si me lo permites, y puedes confiar en mí, pero afuera del grupo Bernat. Porque dentro de estas paredes, soy el subgerente.
—Siendo así, nos vamos afuera, ya que ahí eres mi amigo y puedes confiar en mis palabras —ironizo, y su expresión se endurece al escrutarme con una intensidad que casi duele. —Lo siento —miento, porque no lo estoy. No del todo.
— ¿Tienes algún problema con Castro? —curiosea, pasándose la punta de la lengua por los labios, ansioso por una respuesta. Sé que, al igual que Arquímedes, está ejerciendo presión, y hasta a mí me asfixia.
—No, ninguno —miento de nuevo, pero no puedo evitar añadir—: Pero soy de las personas que tienen corazonadas, y siento que no...
—Por algo estúpido no voy a perder un contrato millonario, Rosell —sentencia, y la irritación brota de sus poros como un perfume amargo. Su decisión está tomada, y nada de lo que diga cambiará eso.
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Giros Del Destino
Romance"Para que nada nos separe, que nada nos una" -Pablo Neruda. Arquímedes Bernat un déspota, calculador en sus pasos, el mundo para él es como jugar al ajedrez, siempre va a ver un jaque mate y es él quien va a mover la primera pieza. Ve a las mujeres...
