«Te dije que nunca me dejaras, no con palabras si no con los ojos y como tú ni me miraste, te fuiste y me dejaste.»
Las noches más silenciosas son las que más gritan.
Me retuerzo entre las sábanas, atrapada entre recuerdos que no pedí y un presente que no elegí. Mi madre hablaba sola—¿o hablaba con alguien?—, sus ojos perdidos en una batalla que nunca entendí.
"Una batalla con un soldado no gana la guerra."
¿Quién era el enemigo? ¿Mi padre? ¿Ella misma?
Las lágrimas no siempre son agua. A veces son gritos mudos, miradas que clavan cuchillos en el pecho. Nunca conocí a mi familia. ¿Acaso existe algo que conocer? Mi padre se fue sin mirar atrás. Mi madre se transformó en una extraña antes de desaparecer por completo. Solo queda el recuerdo de mi abuela paterna—olor a galletas de jengibre, manos arrugadas acariciando mi pelo—, pero hasta eso parece un sueño lejano.
«Quien descubre el quién soy descubrirá el quién eres.»
Hubo un tiempo en que todo era perfecto. O al menos, eso creía mi niña interior. Papá con trabajo estable, mamá sin esas miradas vacías, risas en lugar de susurros.
Aprieto las sábanas entre mis dedos como si pudiera estrangular el recuerdo. La maternidad me fue arrancada como páginas de un libro que nunca llegué a leer.
¿Cómo habría sido su risa?
Me torturo imaginando escenarios: sus primeros pasos tambaleantes en el pasillo del apartamento, ese balbuceo incomprensible que solo yo entendería, la emoción de comprarle vestiditos diminutos y zapatos que parecen de muñeca. El orgullo al ver sus garabatos de colores —"Mira, mamá"— pegados con imanes en el refrigerador, junto a los recibos y listas del supermercado.
Todo eso me lo quitaron.
Y fue culpa mía.
"Si no hubieras invitado a Erick..."
El remordimiento me corroe. Fue un solo error. Un momento de debilidad. Una noche en que confundí soledad con deseo. Pero Arquímedes no perdona fallas, y menos las mías.
Sus palabras aún me atraviesan como cuchillas:
"Porque si no me hubieras engañado con ese hijo de puta, ahora estaría contigo, unidos por una hija... sin poder disfrutar de lo que tengo en un chasquido de dedos."
Lo dijo con la frialdad de quien dicta una sentencia. Y tenía razón.
Nuestra hija habría sido un obstáculo para su vida perfecta. Un recordatorio de que hasta él —el impecable, el controlado— pudo cometer un error llamado Melanie.
La llamada que rompe el silencio
El celular vibra sobre la mesilla, arrastrándome de vuelta al presente. Entrecierro los ojos contra la luz del amanecer que se filtra por las persianas.
El corazón se me acelera.
¿Savannah?
Sus mensajes siempre llegan como trampas: palabras calculadas que ocultan más de lo que revelan. Extiendo la mano con la cautela de quien desactiva una bomba.
La pantalla brilla con un nombre inesperado.
Estefan Castillo:
"¿Qué te parece si te invito a almorzar?"
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Giros Del Destino
Romance"Para que nada nos separe, que nada nos una" -Pablo Neruda. Arquímedes Bernat un déspota, calculador en sus pasos, el mundo para él es como jugar al ajedrez, siempre va a ver un jaque mate y es él quien va a mover la primera pieza. Ve a las mujeres...
