Capítulo 25

84 8 1
                                        


2 años después.

Me levanto antes de que salga el sol, no por iniciativa propia, Kai y yo tenemos esta rutina, de salir a correr por el bosque que rodea el jardín de casa, para mantenernos en forma. Así, que a pesar de no haber dormido mucho, a las 5 de la mañana estoy estirando mientras Kai bromea con mi poca inclinación a la sonrisa antes de mi café. ¿Por qué Kai piensa que el café debe ser después del ejercicio? No lo sé. Pero cada vez me convenzo más que es una herramienta más para hacerme sufrir.

-Vamos gruñona, haz el último esfuerzo, que valga la pena las dos semanas que pasarás sin hacer ejercicio.

-Si voy a hacer ejercicio- le reclamo casi sin respirar.-no se por que insistes en eso.

-Porque se que cuando no estoy, olvidas la rutina por completo.- me dice mirandome divertido.

Es verdad, al momento que Kai sale por la puerta, sale tambien mi rutina deportiva, mi disciplina y mi sacrificio. Pero no se lo voy a aceptar nunca, tengo a todos mis hijos sobornados con noches de pizzas para comprar su silencio.

Kai y yo llevamos viviendo juntos un año. Al final, cedí ante sus insistencia y no me he arrepentido de mi decisión ni una vez. No solo es amor, es agradecimiento lo que siento por él. Estuvo ahí durante el embarazo, los primeros meses de Lucca, y siempre con esa paciencia y devoción que ha cautivado a toda mi familia... menos a Caleb, pero Caleb no aceptará a nadie como figura paterna a parte de mi hermano Samuel.

Corremos por el bosque por unos cuarenta y cinco minutos y llegamos justo cuando el sol ha salido.

Mientras Kai se ducha, lo ayudo con sus maletas, esta vez estará fuera casi por un mes. No niego que las separaciones son duras, pero por lo menos conseguimos un punto intermedio entre su vida y la mía. Esa fue una de las razones por las que me convenció a darle una oportunidad a lo nuestro. Kai hace hasta lo imposible para pasar conmigo por lo menos 2 semanas al mes. Por lo que organiza su trabajo u agenda de tal manera que puede trabajar desde mi casa por varios días sin que tenga que salir o apartarse de nuestra casa.

Podría decir que después de la tempestad vino la calma. Es una calma que disfruto todos los dias, con mi familia, mi novio y mi trabajo.

-Te llamaré en cuanto aterrice- me dice Kai depositando una tierno beso en mis labios. -Te quiero.

Esperamos al taxi abrazados en la sala, hasta que es hora. Con nostalgia lo observo alejarse desde la puerta de entrada, una vez lo pierdo de vista, corro a la cocina por mi segunda taza de café. Es uno de los lujos que me doy cuando Kai no está en casa. Ya que él mantiene que mi adicción al café es la culpable de mi insomnio permanente.

Voy por mi tercera taza cuando Caleb baja a desayunar, con cara de adolescente torturado, pero no puede evitar sonreír cuando me ve absorbiendo café.

-Buenos días mamá, ya se fue Kai ¿verdad?

-Buenos días. Si, ya se fue y ninguna palabra de esto- digo subiendo mi taza para hacer énfasis.

-Para que conste en acta, no quiero más pizza como soborno, me gustaría comida china.

-Caleb, a tus hermanos no les gusta.

-Si... lastima que yo soy el que tengo más credibilidad de todos tus hijos, la mitad de ellos ni siquiera pueden hablar correctamente.

En eso tenía un punto. Mi hijo era malvado pero inteligente.

-Bien, después vemos que restaurante hay cerca.- le digo despeinandolo para hacerlo rabiar un poco en venganza.

Poco a poco bajan el resto de mis hijos con Lila, la niñera y en un conjunto de gritos risas carreras, no subimos al auto y los dejo en el colegio.

Todo lo que pudo serDonde viven las historias. Descúbrelo ahora