Capítulo 26

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-!¿Que Evan qué?!- oiga a Ela gritar al otro lado del teléfono tras escuchar toda la historia.

-Ela, Samuel te va a escuchar- le advierto.

-No seria una mala idea- dice molesta- para que le den una lección a ese bastardo.

-¡Ela!- le reclamo.- no es el momento, te llamo para que seas la voz de la razón.

-No puedo ser la voz de la razón, tengo una sandía en mi vientre y mis piernas son el doble de su tamaño.

Trato de aguantar una carcajada a pesar de la situación, ya que Ela no lleva bien el embarazo pero eso la ha hecho mucho más divertida. Samuel y yo debo aceptar disfrutamos bastante sus cambios hormonales.

-Ela, haz un esfuerzo, te necesito.

-Bien- dice doblegándose a su papel de mejor amiga.-Creo que debes pensar como la madre de Luccas  no como la... lo que sea de Evan. Ahora lo importante es él.

Me sonrío, porque Ela nunca me decepciona.

-¿Ves? Eres la mejor dando consejos.

-Si, si. Ahora solo falta que los sigas- me dice molesta,por ninguna razón en particular más que tiene una sandía en su vientre.

-Claro que lo seguiré. Te quiero. - Le digo.

-No me endulces el oido- me dice con una sonrisa en su voz.

Nos despedimos y por supuesto no logro dormir nada, esperando a nuestro encuentro del día siguiente. Decidí no llamar a Kai, en primer lugar porque tenía una audición muy importante al día siguiente y no quería alterarlo, además que la aparición de Evan, no representaba nada para nuestra relación. Aunque para ser honesta, no se como decírselo, Kai siempre escuchó de mis labios que Evan era, fue y será el amor de mi vida y aunque podría sacarlo de la mía, no puedo sacarlo de la vida de Luccas.

Estoy como una lunática esperando en la sala viendo el reloj y esperando a que sean las diez, trate de trabajar un poco, pero era peor, no dejaba de cometer errores y eso me llevó al límite.

Luccas, está en casa de Ela y Samuel con Lila y los niños están en el colegio, por lo que estoy sola, con mis nervios en una casa inmensa. El sonido del timbre de la puerta me hace saltar, sin pensarlo dos veces, tomo mi chaqueta y salgo a encontrarme con el hombre que todavía me hace perder la paz.

Me espera apoyado en su auto, con las piernas cruzadas y las manos en los bolsillos, no puedo evitar notar como la camiseta de manga larga negra que usa se ajusta a sus musculosos brazos y como los jeans, no ocultan que sus piernas no tiene un centímetro sin trabajar.

Escuché en algún lugar que debido a que en su última película, tuvo que interpretar a un luchador ilegal, se vio obligado a trabajar en su cuerpo de manera rigurosa y por supuesto, para mi desgracia, los resultados son más que visibles.

-Pensé que no me recibirías- me dice mientras me estampa un beso en la frente.

-¿Por qué no lo haría?- le digo con una tímida sonrisa, su beso en la frente me ha desequilibrado y se muy bien que lo hizo a propósito.

Haciéndole un gesto con la cabeza, lo guio hacia el bosque, sé bien donde vamos, al final del bosque hay un claro, donde hay un riachuelo, bancos y un parque para hacer picnics, una de las razones por las que compre la casa.

-Y bien- le digo para romper el hielo- ¿cómo has estado?

Evan me mira entre divertido y molesto.

-¿Esa es tu pregunta despues de tantos años?

-Bueno, es mejor que la tuya- le digo retadora.

-¿La mia?

Todo lo que pudo serHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora