87. Corazón en llamas.

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—Kara, ¿te sientes bien?
—¿Qué? Sí, sí, estoy bien —dije buscando otra posición en el mullido sofá, entorpeciéndome con mis propias palabras. Sage me observó preocupada—. ¿No tendría que ser yo quien debería preguntarte eso?
—Ah... —bromeó la castaña, echándose hacia atrás—, ya me he recuperado, soy una chica dura. Es solo que te noto algo... Distraída.
—Lo siento, soy una idiota. Has venido hasta aquí y yo me comporto como... Cómo una tonta y...
—Calla ya —interrumpió—. Eres linda cuando te pones nerviosa pero no hay necesidad. Puedes contarme qué sucede, si quieres.
—Hace dos días saliste del hospital.
—Y ya estoy como nueva.

Levantó los brazos en el aire y los movió velozmente para enfatizar su punto. Yo puse los ojos en blanco pero sonreí. Sage deslizó las piernas debajo de la manta que nos cubría hasta que quedaron sobre las mías y las dejó allí. Era algo bobo pero me hizo aletear el corazón. Desde el otro lado del sofá se estiró un poco y me alcanzó el resto de su comida.

—No puedo comer más, explotaré. Aún no me acostumbro a la comida normal, ya sabes, en el hospital me tenían como bebé.
—Es porque lo eres, Sage —dejé mi plato vacío en la mesa y tomé su pasta sin terminar.
—¿Y bien? ¿Me dirás qué ocurre?
—Es que... No lo sé en realidad. Solo... —negué con la cabeza, alejando toda confusión, tratando de reformular mis pensamientos—. Mi mente es un desastre ¿sabes? He estado pensando en muchas cosas, y en... En ti. También pensé mucho en ti.

Sage ladeó la cabeza con una sonrisa bobalicona, cosa que me avergonzó instantáneamente. Pero su silencio fue de agradecer ya que me permitió continuar.

—Tengo algo que decirte sobre el tiempo en el que te quedaste en el hospital.
—Si es sobre lo de no querer verte, Kara...
—No, no, ya me lo has explicado, no se trata de eso.
—No era por ti, ¿está bien? Solo no quería que me vieras en ese estado.
—Lo sé —murmuré. Ella asintió en señal para que siguiera y respiré profundo—. Tiene que ver un poco con Lena. Lena Luthor.
—Oh.
—Sí... Uh, Ra... Cielos, esto es difícil. Verás...

Por los siguientes diez minutos le conté a Sage todo lo que había pasado desde la última vez que nos vimos. Con lujo de detalles le expliqué mi encuentro en la tienda con Lena, el verla totalmente ebria y lo demás, llevarla a su casa y quedarme. Ayudarla entonces en la comisaría y tratar de sacarla de la cárcel. Me escuchó sin interrupciones, logrando ponerme más nerviosa de lo que creí posible. Cuando terminé me invadió una sensación de temor.

—No voy a culparte por hacer lo correcto, Kara. Tú sabías que ella no había hecho nada. Con respecto a llevarla a su casa, bueno... Eso está bien ¿no? —su tono dejó entrever algo distinto... ¿celos? Ocultó cualquier emoción extra con una sonrisa—. Tal vez me habría cabreado ir a tu propia casa y no encontrarte, aunque no pasó pero lo entendería. Hiciste lo que creíste correcto y eso es algo que me gusta de ti.
—¿Entonces no te molesta... ?
—Para nada, bonita —repuso, y vi honestidad en sus ojos—. Imagino que yo haría lo mismo si me encontrara a alguna de mis ex en ese tipo de peligro inminente.

Menos mal que había terminado de tragar. De no haber sido así estaría atorándome con la pasta. Por mi bien la puse a un costado.

—Perdona ¿qué?
—Tienes un pasado con la jefa, ¿no es así? —No se me ocurría qué decirle. Sage ya lo sabía y negarlo sería mentirle en la cara. Pero no podía hablar, no podía pensar en nada bueno contra eso—. No es la gran cosa, Kara, no te comeré porque hayas preferido no decírmelo. Pero lo entiendo.
—Eres... Demasiado comprensiva —musité apenada—. Y definitivamente te llevarías de maravilla con mi mejor amiga. Tienen un instinto especial para descubrir cosas.
—Solo fue muy obvio. La manera en que a veces te mira... Conozco esa clase de miradas. Únicamente la poseen los amores pasados. Bah, pero no es nada ¿sabes? Solo quiero que te sientas cómoda conmigo, quiero que seas capaz de confiar en mí algún día. Y quiero que estés segura de que no hay nada que me haga pensar distinto a lo que siento. Ni tu pasado, ni tu ex, siquiera el hecho de que es una multimillonaria empresaria —añadió frunciendo el ceño reflexiva, su expresión fue de lo más graciosa—. A lo que voy es que, según lo que me contaste, ese accidente pudo haber sido un ataque al azar contra mí para hacerla ver mal a tu ex pero me hizo abrir los ojos. Tener una experiencia de vida o muerte te hace pensar en lo corta e insignificante que es tu vida.
—Me estás asustando un poco —dije en broma.

My Yellow Sun; Supercorp.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora