Toda historia
necesita de sus héroes.
De sus villanos.
Y de un monstruo.
El último día de mi vida siempre lo imaginé de modos distintos.
Primero en mi dolorosa estadía en Krypton. Esos días los recordaba, en particular, por el calor agonizante que llenaba cada espacio de mi cuerpo. Un calor tan infernal que la idea de dejar de respirar era lo único que cruzaba mi mente cada hora transcurrida allí.
Luego al casi perder a Lena, cuando el avión explotó.
Mi vuelo desesperado en su búsqueda había durado tan poco que no lo había sentido en ese instante. El dolor agonizante que me quería arrancar el aliento, creciendo mientras más difícil era hallarla, se convertía en un nudo triste y ansioso en mi pecho.
E inmediatamente después al encontrarla, al ver y escuchar como su corazón dejaba de latir lentamente.
Eran cosas que había podido superar pero que sufrí con un último aliento. Porque en cada fibra de mi cuerpo el sentimiento de que si Lena se iba yo inevitablemente también, estaba allí latente.
Eran esas cosas que pasaban por mi mente, en lo que contemplaba el edificio, las que me hacían dudar sobre lo que estaba a punto de suceder. ¿Pero qué exactamente pasaría? ¿Con qué me encontraría si allí estaba Sam?
Le eche un vistazo al móvil y una foto de Lena en la pantalla me sonrió feliz. Se la había sacado ella misma días atrás, mientras preparaba un postre escocés que ella aseguraba iba a adorar —cosa que fue cierta—, sus ojos estaban más verdes y puros que lo habitual en esa toma. El impulso de llamarla irrumpió en mí con dureza, y lo desaparecí apagando el celular sin pensarlo una vez más.
Escucharla me habría hecho regresar en menos de un segundo.
Dudando, comprendiendo el error al que le iba a hacer frente, pasé de la entrada principal en completo silencio y me escabullí por el estrecho callejón.
Mi respiración iba y regresaba a mi rostro en lo que me esforzaba por deslizarme hasta el espacio más abierto un metro más a la izquierda. Un paso más y llegaría al ancho hueco. Evité gastar aire y reírme; que muerte tan audaz sería esa, morir atrapada entre dos edificios sería el cúspide de la ironía. En cambio mantuve la calma, como si pudiera quebrar el ladrillo que raspaba la palma de mis manos en cualquier segundo.
Pocos menos de un minuto más tarde mi cuerpo dejó la tensión y me liberé.
Me froté las manos, me quité el polvo que había terminado en mi cara y respiré hondo. Había una ventana a escasos centímetros de mí, hacia la izquierda, y estaba abierta.
Por lo que fueron casi cinco minutos estuve en completo silencio, escuchando, conteniendo la respiración cuando mi cerebro creía oír pasos cerca. No me convencía mi escondite, o estar inmóvil sin saber cuál sería el siguiente paso. Pero de una cosa estaba segura; cuánto más me demoraba peores eran las posibilidades con respecto a los planes inciertos de Sam.
Un impulso idiota me alentó a escabullirme dentro del apartamento.
El esfuerzo no había significado la gran cosa y sin embargo el aliento me faltaba. En lo que recuperaba aire miré rápidamente el sitio. No era tan de mala muerte como dio a entender su exterior. Bueno, al menos la cocina no se caía a pedazos. Me apuré en detectar tantos escondites como pudiera emplear en caso de emergencia, pero nada era lo precisamente discreto. Había muchos espacios abiertos y cualquiera me podría ver de poner un pie dentro.
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My Yellow Sun; Supercorp.
FanfictionHan pasado seis años desde que Kara Danvers llegó a la Tierra, después de que su planeta Krypton fuera destruido y ella fuera la última sobreviviente. Todavía está aprendiendo de sus poderes, aún sigue en etapa de controlar sus habilidades pero har...
