103. La llegada de un huracán.

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Después de una torpe salida del bar, donde evité hacer contacto visual con cualquiera, el aire fresco del amanecer me terminó de despertar. Pese a que el sol no terminaba de salir me alegré de tener unos minutos extras para volar hasta mi departamento algo menos descubierta; ayer no había llevado mi traje bajo la ropa y no estoy segura de porqué.

Entré por la ventana a la vez que Maggie cerraba la puerta de entrada. La mirada que me regaló fue de todo menos bonita. Mi respiración, por primera vez acelerada debido al nerviosismo, hizo que ella entrecerrara los ojos suspicaz.

—Voy a preparar café mientras te... Arreglas para el trabajo. Algo me dice que necesitas mucha, mucha cafeína.

Suspiré aliviada... O no tanto dadas las cosas que ocurrirían apenas le contara lo sucedido. Vale, un paso a la vez.

Tomé una ducha helada y casi podía sentir como el agua se llevaba cada rastro de la noche anterior. Cada beso, cada mordida, cada toque de su lengua. Pero si tan solo fuera así de fácil sacarla de mi cabeza... Los dedos de Lena los sentía todavía en mi cuello, llevándome hacia sus labios.

Imagino que no hace falta aclarar que no fue exactamente un baño reparador.

Entre la ducha y cambiarme solo pasaron seis o siete minutos, el olor a tostadas llegó hasta mi cuarto mientras me volvía a colocar las gafas. Otro problema; había sido tan estúpida como para quitarmelas en frente de Lena.

Exhalé con fuerza y me deslicé en la banqueta de la cocina frente a la taza humeante que Maggie acababa de dejar.

—Desembucha —dijo sentándose frente a mí. Varias veces ese don para darse cuenta de todo no me favorecía en nada. Pero no me quedó otra opción, no tenía ganas de ocultar algo que me había tenido sin poder pensar claramente desde que había despertado.
—Anoche... —mientras yo buscaba las palabras justas mi amiga fue bajando la mirada de a poco. Hasta mi cuello. Tendría que haberlo sabido antes...

Si Maggie no me escupió la tostada en la cara fue porque ya estaba tragando. Su cara me habría hecho reír de ser otras las circunstancias.
Lentamente dejó la taza en la encimera y parpadeó repetidas veces antes de hablar;

—¿Con quién estuviste? —Abrió la boca tanto que mis mejillas comenzaron a calentarse—. Oh, por dios, te acostaste con tu ex.
—¡No!
—¿Entonces con quién?
—No... No. Sí estaba con Lena, pero...
—¿Cómo te hizo esa cosa en el cuello y no tuvieron sexo?
—El tiempo se me agota y debo ir a trabajar, si me dejaras hablar sería fantástico.

Ella bufó y yo al logré contarle todo con lujo de detalles. Bueno, no... No me fui por las ramas con los besos o... Otra vez estaba pensando en sus besos. Maldita sea.

—Dices que te emborrachaste, se metieron la lengua hasta la garganta, fueron a un cuarto con las hormonas todas disparatadas ¿y no hicieron nada?
—Justo ahora no sé si estás contenta por eso o...
—Rubia, eres de no creer.

Bebí de mi café en un intento de ignorar su mirada aunque solo sirvió para agregar otro mal sabor a mi boca.

—Te lo conté porque no sé qué hacer. No sé cómo dejé que eso pasará o porqué... Mi cabeza es un desastre y siento que va a empeorar cuando vaya a la oficina.
—Y no es de menos —replicó con el ceño fruncido—. No todos los días te devoras a tu ex en su propio bar de lujo.
—Lo peor de todo es que recuerdo cada estupidez que dije y cada cosa que hicimos. ¿El alcohol no debería haberme hecho olvidarlo todo?
—Pues parece que no en esta ocasión. Lo mejor que puedes hacer, Kara, es afrontar esto.
—¿Cómo esperas que lo haga? ¿Acaso debo ir hasta su oficina, armar una escena y reclamarle por algo que hicimos las dos? ¿Por haberme dejado llevar y no medir las consecuencias? Por Rao, es mi ex y lo arruiné estratosfericamente.
—Tal vez no es tan... ¿Malo cómo piensas? Las cosas que imaginamos siempre parecen mil veces peor de lo que en realidad son. Rubia, tal vez no haya sido tan malo, quizás ella ni se acuerda que...
—¿Mi lengua estuvo en su boca? —completé con la misma ironía que había usado ella antes—. ¿Entonces qué otra cosa podría recordar si despertó en la misma cama que yo? No me hagas repetirte que cuando abrí los ojos Lena ya no estaba.

My Yellow Sun; Supercorp.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora