118. Inquebrantable.

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—¿Dónde está Kara?

Fueron las primeras palabras que salieron de mi boca cuando me quitaron el respirador y era finalmente conciente de dónde estaba. Según la doctora Corday, a pesar de que no habían pasado por complicaciones era todo un caso entre cien que hubiera sobrevivido los primeros dos días cuando el pronóstico no era nada bueno.

Pero ahí estaba. Media confundida por la cantidad multiplicada de agentes del DEO fuera de mi habitación que hacían guardia. Y mucho más preocupada por no saber nada de Kara. Ni siquiera estaba al tanto del tiempo pasado inconsciente pero la duda ya se había instalado junto con el miedo.

—No te fuerces mucho —pidió Alex, quién se encontraba en un sofá cercano, al tiempo en el que la doctora Corday entraba con una sonrisa brillante—. Kara está bien. Se recupera aunque lentamente. La cura parece estar sirviendo.
—¿Pero?

Había visto la vacilación en su rostro y no pude evitar dudar. ¿Y cómo culparme? Ya no podía pensar en Kara o cualquier cosa en mi vida sin sentir que estábamos en peligro.
Alex cruzó una mirada con la doctora y ésta asintió antes de acercarse al monitor junto a mí.

—Hay algo mal con sus poderes. Es muy temprano para especular pero... las probabilidades de que regresen son escasas en este momento.
—¿Cómo es eso posible?
—Empezamos con pruebas pequeñas, insignificantes. Su invulnerabilidad no está presente, tampoco la super visión —Alex se detuvo, su expresión decaída ya era demasiado abrumadora—. He tenido que decirle que es a causa de la cura. Que los químicos tienen un proceso lento que hace que sus poderes... Dios, ¿cómo le diré a mi hermana que quizás ya no vuelva a ser quién era? ¿Cómo explicarle que Supergirl tal vez está... ?
—No lo digas. Es muy pronto para pensar en eso. Tú misma lo dijiste, es demasiado temprano para especular y no hay razón para alarmar a Kara, ¿de acuerdo?
—¿Entonces solo no le diré nada? No quiero guardarle secretos. No a ella.

Nos quedamos en silencio. La doctora Corday permanecía de pie a un lado del monitor pero no buscaba hacerse la distraída, nos contemplaba con palpable preocupación.

—Es mi culpa —dije luego de unos minutos. Descubrí en ese momento que si respiraba hondo el pecho me dolía terriblemente—. Debí estudiar la sustancia mejor. Hacer las cosas de otra modo, asegurarme de que ningún efecto secundario...
—Lena, para ya. ¿Es que no te das cuenta de lo que has logrado? No creo que seas consciente de que creaste una cura para alguien que no es de este planeta. Un antídoto que muchos decían no sería posible hasta dentro de un par de miles de años. Tú la salvaste. ¿Qué importa lo demás? —Alex no estaba especialmente enojada. Entendía a la perfección de donde venía su exaltación.
—Ella ama quién es. Ama ser Supergirl. Y se lo he quitado.
—Seguiré con las pruebas, ¿te parece bien? Seguiré buscando y cuando tenga novedades, buenas o malas, vendré corriendo. Pero piensa un poco en ti, Lena, en recuperarte. Tienes prohibido culparte por salvar a mi hermana.

No tuve tiempo de reaccionar cuando se inclinó y me besó en la frente, saliendo de la habitación tan pronto que incluso la doctora se quedó asombrada.

—¿Cómo te sientes sin el respirador?
—Duele un poco. Pero al menos puedo hablar y no sentirme una completa inútil en la cama —dije mirando a través de la ventana a los agentes del DEO fuera del cuarto.
—No lo eres. Es solo que toma tiempo. Necesitas recuperar todas tus energías, sabes que no fue una cirugía fácil.
—¿Estuve a punto de morir o algo así? Porque no me sorprendería en absoluto. Sería como el atentado número cincuenta y dos contra mi vida.

La doctora sonrió muy apenas pero negó con la cabeza.

—Nada de eso. No corriste peligros directos pero... En un par de ocasiones algunos cirujanos consideraron cerrarte y no continuar. Supongo que para ellos habría sido más fácil no tener que pasar por cuatro horas y dejar el tumor donde estaba. Estarían ahora diciéndote que lo intentaron pero que nada más se podía hacer.
—¿Y qué pasó?
—Tomé el control de la cirugía —murmuró con suficiencia—. Sé lo mucho que te ha costado someterte a la operación, en sí lo que te costó venir hasta aquí. Como mínimo tenía que dar lo mejor de mí.
—Realmente no sé cómo agradecerle.
—Puedes empezar cuidando de ti misma. Nada de estrés innecesario.
—Eso es un poco complicado de prometer —admití, exhalando despacio—. Haré lo que pueda.
—Eso es mejor que nada.

My Yellow Sun; Supercorp.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora