Epílogo.

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Tú de todas las personas deberías entender la frágil barrera entre la vida y la muerte.


Kara permaneció bajo cuidados intensivos durante cuatro semanas infernales.

Alex, por sobre todos, era la que menos esperanza tenía cuando en la cuarta noche seguía teniendo recaídas fatales.

—Esto es una locura. Ha estado recayendo durante horas, días, y no mejora. ¿Qué clase de ayuda es esta?
—Alex, Lena está haciendo todo lo que está en sus manos —había dicho Maggie acercándose a su novia, su brazo herido colocado en un vendaje—. Son las tres de la mañana y Kara está estable ahora. Debes...
—¡No me iré a dormir con mi hermana en peligro! Esto no la está ayudando en nada. Esto no es un hospital, apenas es un laboratorio —estalló alejándose de Maggie. Sorprendía cuánto cambiaba su rostro al enojarse—. La trasladaré donde tenga las instalaciones adecuadas.
—Ningún hospital puede ayudarla —respondí con paciencia. Alex apretó la mandíbula.
—Ya no es un alienígena. Y no serás tú, ni nadie, el que cambie ese hecho. Llévala dónde médicos calificados sepan atenderla.
—Traje a los mejores científicos y doctores del planeta para que lo hagan. Pasarás sobre mí antes que poner un dedo en esa camilla.

Alex frunció el ceño.

—Tu egoísmo va a matarla.

Con aquello se marchó, casi hizo caer a uno de los doctores de guardia al abrir la puerta. Me senté en el sofá y enterré el rostro en mis manos. Había dispuesto la gran sala de laboratorio en un enorme laberinto de insumos médicos, mesas de alimentos para los que iban y venían, sillones para que descansaran y todo lo que fuera necesario. Kara estaba en el centro de todo ese caos. Mientras yo la miraba a través del espejo en una sala contigua un poco más silenciosa Maggie se paró a mi lado, con una píldora y un vaso de agua. A regañadientes acepté.

—Se está repitiendo lo de la última vez. Cuando le dispararon. Todo se ve exactamente igual.
—Estás haciendo lo que puedes.
—¿No crees que Alex tenga razón verdad?
—¿Me preguntas como tu amiga o su novia? Pues... No lo sé, Lena. Esto no se siente como esa vez. Antes le dispararon, antes... Al menos tenía sus poderes, algo de ellos. Ahora fue un golpe de suerte. Pero igual sigue aquí —repuso Maggie estudiando el cuerpo débil de Kara en la camilla.

Su recaída había sucedido hace cuarenta minutos. Algo estuvo mal desde el anochecer, sus signos vitales cambiando minuto a minuto, volviendo a la normalidad y regresando al caos con la misma facilidad. No tenía ninguna seguridad sobre cuales drogas mantener: las medicinas humanas servían pero eran excesivamente peligrosas. Una dosis para estabalizarla y algo fallaba, podía ser su corazón, podía ser cualquier órgano y tenían que actuar con rapidez para evitar daños inesperados.

Todos eran buenos médicos pero yo no podía parar de pensar en todas las opciones que llevarían a Kara a una muerte segura y rápida. Una que no me daría ni un minuto para entender lo que ocurría. Vivía en tal estado de nerviosismo que no había dormido nada en los pasados cuatro días. Se me apagaba el corazón mientras más la miraba allí. Pálida y solitaria. Iba a regresar junto a ella cuando escuché el viento soplar a mis espaldas.

Se trataba de Kal. Curioso como llegaba siempre en las ocasiones más inútiles.

—Lena.
—Todo está como siempre —miró a su prima a través del cristal. La pena era notoria pero no iba a sentir lástima por su preocupación.
—¿Estás segura de que no puedo hacer nada para ayudar? ¿Una transfusión como esa vez? ¿Llevarla al sol?
—Su sangre ya no es compatible con la tuya y morirá si llega a la atmósfera. Es más apropiado tratarla como humana, la mantiene estable.
—Lamento que se hayan dado así las cosas.

My Yellow Sun; Supercorp.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora