Maggie me llevó a través de pasillos y escaleras hasta que nos encontramos en el último piso de la universidad. La mayoría de las aulas estaban llenas de computadoras y objetos electrónicos, las demás solo sillas viejas apiladas una arriba de la otra. Lo más raro de este piso era que no había nadie. Ningún estudiante ni profesor, ni siquiera un conserje limpiando alguno de los corredores. Para ser una universidad tan importante dejar uno de los pisos abandonados llamaba un poco la atención.
—Es aquí —señaló una puerta cerrada con el dedo y me acerqué dudosa. No tenía ventanas al interior así que no tenía idea qué podría esperarme.
—¿Esto es legal?
—Esa es una palabra demasiado fuerte.
Tocó la puerta tres veces seguidas y me hizo una seña para que esperara, al cabo de veinte segundos Maggie abrió la puerta y la seguí dentro. ¿Qué demonios era esto?
Todo estaba en completa oscuridad a excepción del pequeño sector junto a las ventanas cerradas. Era alguna clase de cubículo con al menos tres computadoras diferentes y alguien estaba detrás pero no alcanzaba a verle el rostro. Ví que en el piso los cables se cruzaban entre sí, sobre ellos también varios envoltorios de dulces y frituras vacíos. Mi mirada se concentró y pude mejorar un poco la visión. En la pared habían diferentes pósters. Desde series de los noventa y películas de gran reconocimiento mundial hasta mapas del mundo y fotografías de videojuegos. Casi caigo por uno de los cables cuando la puerta se cerró de golpe.
—No te preocupes, es el sistema de seguridad.
—¿La qué cosa?
—Hola —dijo una voz masculina desde el sitio de las computadoras. Giré la vista a él mientras una luz verde y clara se encendía y le ví el rostro. —
Diseñé mi propio sistema hace un año y nadie ha podido abrir esa puerta sin mi permiso.
—¿Vives aquí? —aventuré. Maggie deliberadamente se apoyó en una de las mesas vacías y el chico me contempló un momento. Parecía como si alguien lo hubiera electrocutado y en consecuencia el cabello negro brillante le aparentase el pelo de un puercoespín. Tenía una camisa desgastada con las mangas hasta los codos y una corbata con un nudo para nada práctico le colgaba del cuello, ese último detalle más bien parecía un chiste teniendo en cuenta como lucía. Más allá del acné adolescente y la poca atención a su ropa tenía una clase extraña de belleza.
—No todo el tiempo pero hay una máquina expendedora de todo tipo de comida chatarra que pocos conocen y además tengo a estas bellezas —dijo señalando las computadoras. —No necesito más.
—Bien... —comenzó a jugar con una pelota azul y negra cuando Maggie se aclaró la garganta.
—Necesitamos un pequeño favor.
—Imaginaba que no venías solo a saludar, ¿no me presentas a tu amiga?
—Se llama Kara. Kara, él es Rata. No te dejes llevar por las apariencias es genial en lo que hace.
—¿Y qué es con exactitud lo que hace?
—Tiene un gran conocimiento en computadoras y cosas extrañas que ahora no vienen al caso. Oye, en serio necesito tu ayuda.
—Dispara —tomó una bolsa de papas y se dispuso a comer. Tenía la impresión de que aquel sujeto no podía quedarse quieto durante mucho tiempo.
—Quiero que entres a las cámaras de la universidad y encuentres a una persona que se fue como hace... Tres horas con alguien vestido de traje negro.
—¿Quién es tan especial?
—¿Puedes hacerlo?
—No me ofendas.
Se sonó los dedos y yo me acerqué a ellos. Rata presionaba teclas a una velocidad increíble, pantallas extrañas aparecían y se perdían en segundos, no tenía idea cómo hacía él para entender pero después de un par de minutos una computadora cercana a mí mostró una pantalla de video dividida en tres partes.
—Once... Doce. Pondré cámara rápida y es todo. La IA que instalé encontrará los datos por si sola.
—¿Hace cuánto haces esto?
—Desde que tenía trece años y me regalaron mi primera portátil. Eso y con muchos libros de informática al alcance.
—Rata es capaz de hacer literalmente todo en cuestión de segundos. Una vez gané la lotería porque sugirió un par de números que él mismo había hackeado. Un genio.
—Ahí —gritó Rata haciendo que la bolsa que sostenía acabara en el suelo. Me incliné para ver mejor la pantalla que señalaba y de hecho así era, ahí estaba. Un recuadro verde rodeaba el rostro de Lena y mi corazón se aceleró.
—Es ella.
—¿Crees que sea posible mejorar de alguna manera la imagen de la patente? El auto está algo lejos —dijo Maggie señalando con un dedo el vehículo a la vez que veíamos la grabación. Lena caminaba delante de él, y aunque no pudiera ya ver su rostro por el ángulo de la cámara me provocó una gran sensación de angustia. Sabía que ella no quería eso.
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My Yellow Sun; Supercorp.
أدب الهواةHan pasado seis años desde que Kara Danvers llegó a la Tierra, después de que su planeta Krypton fuera destruido y ella fuera la última sobreviviente. Todavía está aprendiendo de sus poderes, aún sigue en etapa de controlar sus habilidades pero har...
