En la clase de historia, el tiempo pasa aun más lento de lo normal. El como si las agujas del reloj hicieran un sonido semejante al de una gota de agua caer en un espacio sin aire cada segundo. El profesor señala con un bolígrafo alguna parte del mapa que está colgado en la pizarra. Sé que está hablando con bastante entusiasmo de una guerra, pero no sé de cual. Casi todos mis compañeros tienen la mano en la barbilla, sujetando la cabeza para que no se caiga, otro, directamente tienen la sien recostada sobre la mesa.
Zoe, la chica sentada a mi derecha, se señala la muñeca poniendo una mueca interrogante.
-Quince minutos. -de digo más gesticulando, que con la voz. Ella pone los ojos en blanco.
Mentira, solo quedan unos segundos para que toque la campana. Pero es divertido hacerle pensar que queda más, además así se le hará mas corto.
Suena el timbre y se escucha un repentino arrastre de sillas y murmullos. El profesor grita apuntando los deberes en la pizarra, pero nadie parece hacerle caso.
-Me has dicho que quedaban quince minutos. -Dice Zoe sorprendida. Yo me río y sigo recogiendo los libros. -hmm, te las pagaré, Graham. -Me señala con el dedo índice, bromeando.
No somos amigas, pero llevamos cinco años en la misma clase, supongo que el roce hace la confianza.
Llevo mis libros apoyados entre mi antebrazo y mi estómago. Tengo tanta hambre que me comería cualquier cosa. En la hora del desayuno soy como una máquina de comer.
-Señorita Graham, -Mi profesor de historia eleva la voz un poco. - ¿Podemos hablar?
"Bueno, ¿y ahora qué? -pienso- seguro que es por la redacción."
-Es sobre la redacción. La que escribiste en contra de la monarquía. ¿Recuerdas?
-Sí, 5000 palabras, cómo olvidarla.
-No me he parado a contar, pero supongo que había más de 5000.
-Seguramente, no puedo parar cuando me dan cuerda.
Sí. Estoy siendo insoportable, pero este señor me pone de los nervios.
-¿Tienes pensado estudiar política?
-No.
Se queda expectante mirandome, como si tuviera que decirle algo más. Aunque yo creía que ya había terminado mi respuesta.
-Fililogía. -Sigo diciendo.
-Tampoco me extraña.
Se gira sobre si mismo y coge los papeles de mi redacción. Me los entrega frunciendo los labios.
-¿Puedo preguntar a que viene este repentino interés por mi futuro?
-Es la redacción mejor narrada y razonada que he leído a lo largo de mi carrera. Más que un castigo, parecía que habías disfrutado haciéndola.
-No, no lo he disfrutado.
-Entonces tienes un don, Daniela.
-Profesor, estamos hablando de una redacción sobre la monarquía, no de un "Amor en tiempos del cólera", ni de una "Celestina".
-Lo sé, y por eso me sorprende. No soy fácil de convencer y casi acabo yo también en contra de los países monárquicos.
-Casi. -Sonrío.
-Por supuesto, no voy a cambiar mis principios, pero ese no es el tema. -mira el reloj ligeramente.- sin tu permiso, he hecho que los demás profesores de letras lean tu radacción. Y todos están de acuerdo conmigo.
-¿En què?
-En que no debes desaprovechar tu talento, Daniela.
-No le pillo.- le digo.
-Sí tú y tus padres estáis de acuerdo, estamos dispuestos a concederte una prueba de acceso a la universidad nacional, en Camberra.
El mundo se me hace un poco más pequeño y noto mucho calor en la cara.
-Sí.- Es todo lo que llego a decir, y sacudo la cabeza de una manera un tanto ridícula. -Claro que sí.
-Bueno, antes debemos hablar con tus padres y...
Mi cabeza no está pensando como suele hacerlo y de la emoción, me da por abrazar al profesor.
-Gracias, gracias. -Le digo. Después, salgo corriendo.
Cuando llego a la puerta de abajo vuelvo a pensar de nuevo. ¿Cómo he podido abrazar a ese hombre? No dejo de sonreír y casi corriendo llego a la esquina. Nuestro punto de encuentro.
-¡Cal! -Le digo corriendo con la mochila botándome en la espalda.
-¿Qué pasa?-llego hasta él y lo abrazo con todas mis fuerzas. -Hood, me ha pasado una cosa increíble. Me han ofrecido una beca para estudiar en la nacional.
-¿Qué? ¿En serio?
Lo dice contento y emocionado, pero se que ni siquiera lo ha entendido.
-Siempre he querido estudiar allí.
-Pues ya sabes, a estudiar.
Sonriendo más que de costumbre, me da un beso y enlaza sus dedos en los mios. Y ahora que estoy así, me doy cuenta. La universidad está en Canberra, él en Sydney. ¿Solo en Sydney? No creo. Y en América y en Europa. La idea de pronto no es tan bonita como me la pintaba hace años. Me cambia la cara.
-Calum, no había pensado en que... Es en Canberra y...
-¿En Canberra?- quita la sonrisa por un segundo pero después vuelven a tirarle de las comisuras, supongo que por obligación. -Solo está a un par de horas.
-No quiero alejarme de ti. -Digo de nuevo sin pensar.
-Tu haz lo que tienes que hacer. Y ya sabes lo que tienes que hacer, si siempre has querido ir allí, ve. De todas formas yo tengo que viajar mucho. No te vas a alejar tanto, al fin y al cabo. -Me sonrojo. - Va a salir bien, ya verás.
-¿No va a salir bien, verdad?
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Dandelion - Calum Hood
FanfictionPasaba el rato soplando dientes de león hasta que Calum llegó a mi vida.
