Dos semanas, dos semanas desde el accidente, Amelia seguía allí, inconsciente en una cama del hospital, dos semanas en los que Javier había dormido allí y solo salía para ir a ducharse, comer algo y cumplir los compromisos que tenía con Mägo de Oz. Javier deseaba que eso terminara de una buena vez, a veces, por las noches, veía como caía una lágrima por sus ojos, él sabía que era consciente de lo que pasaba en esos momento. «¿Por qué lloras?» le había preguntado Javier la primera vez que las lágrimas caían «Amelia... ―su voz se quebró―. Despierta, por favor... Te extraño» ¿Qué podía esperar de eso? Nada. Sus hematomas habían desaparecido y algunos rasguños estaban sanando.
―¿Aun nada? ―preguntó Leo que entraba a la habitación con dos vasos en cada mano, Javier negó con tristeza y recargó su frente sobre la mano de Amelia.
―¿Por qué no puedo despertar? ―susurró Amelia mirando al hermoso cielo.
―Eso ni tu lo sabes, creeme... ―la niña sonrió―. Yo soy tu y tu eres yo ―habló con incredulidad.
―Para qué mierda estás aquí, ni siquiera me ayudas en nada ―Amelia la empujo molesta, en estas dos semanas aquella niña no había hecho nada más que molestar y recordarle toda clase de abuso que había vivido.
―Para eso mismo ―contestó la pequeña―. Si no has despertado es porque no sabes si hacerlo o no ―reemplazó su caminar con pequeños saltitos, su cabello saltaba sobre sus hombros― ¿Qué me miras?
―Nunca me gustó hacer eso ―la niña le sonrió, Amelia rodó los ojos y miró al frente.
―Por que nunca lo hiciste, siempre veías a las demás hacerlo. Pero tu no porque papá te regañaba.
―¿Cuándo fue que me volví tan amargada?
―A los 10 años... ―contestó la niña― Aquel día...
―¿Así que ella es tu pequeña hija? ―preguntó un hombre alto de cabello castaño, tomó la mano de Amelia y la cercó a él―. Si que es linda...
―Ella valdría una fortuna... ―agregó otro de cabello rubio oxidado. Tenía un puro en una mano.
―No, ella no es para ese tipo de negocio... ―replicó Martín. Comenzó a barajear y después a repartir las cartas.
―Te ofrezco diez grandes, solo una noche... ―habló el hombre de cabello castaño, se llevó un puro a los labios y lo fumó, soltó el humo con mucho placer.
―¿Es en serio? ―Amelia pensó que su padre la defendería de aquel hombre, pero se equivocó.
―Claro que sí. ¿Crees que bromearía con algo así?
―Vaya, me hiciste tener un mal recuerdo... ―protestó Amelia mientras sacudía la cabeza.
―Todos pagarán por lo que nos hicieron, eso tenlo por seguro. Lo pagaran de la peor forma posible. Y cada uno de ellos sufrirá el triple de lo que nosotras sufrimos.
―Eso me agrada, pero no es bueno decir ese tipo de cosas. Yo jamás pensaría en eso...
―Pero lo deseas, recuerda, yo soy tu... Se tus más oscuros y profundos deseos, se que deseas matar a cada uno de ellos, sentir el placer que ellos sintieron con nosotras cuando nos violaban...
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Si supieras...
FanfictionQuerida Amelia: Han pasado algunos meses desde que no sé nada de tí, me siento solo, aun asi estando rodeado de amigos. ¿Estas bien? Para serte sincero estoy preocupado por ti, desearía que cada amanecer estuvieras aquí a mi lado. ...