―¿Por qué volví? ―preguntó Amelia con un hilo de voz.
―No te vas a librar tan fácil de mí... ―la niña estaba sobre sus brazos, la cargaba como si fuera un bebé. Amelia tenía miedo de volver al coma y no despertar esta vez.
―No quiero estar aquí, largo de mi mente. Déjame en paz, te lo suplico.
―Si, suplicar... Nos sienta bien, pero nadie se detuvo cuando les suplicamos. Así que yo tampoco lo haré ―sonrió como si fuera una maniática. Pero si era una maniática, una loca que deseaba que todos los hombres que abusaron de ella murieran.
―Solo déjame en paz... ―la niña comenzó a darle de manotazos en la cara, Amelia la dejó caer y la pateó en las espinillas; se retorció del dolor y comenzó a gritar, su cuerpo estaba entumecido.
―Amelia... ―los golpes eran más fuertes. Amelia, sintió una fuerte brisa y unas cálidas manos tomar sus hombros, Amelia abrió los ojos asustada. Javier estaba sentado frente a ella, su rostro expresaba preocupación―. ¿Estás bien? ―preguntó este.
―Solo fue... ―miró a los lados dudando―. Solo un mal sueño ―terminó diciendo. Amelia tomó del brazo a Javier para sentarse―. Quiero irme de aquí, ya estoy bien. ¿Qué no me ves? ―reprimió un gemido de dolor al tratar de ponerse de pie.
―Claro... ―murmuró Javier―. Estás perfectamente ―la sentó en una silla de ruedas y acomodó el suero a su lado, Javier se sentó en el sillón frente a ella―. No nos iremos de aquí hasta que el doctor lo indique ―miró el yeso que protegía un brazo y una de sus piernas― o hasta que te revisen eso...
―Tks... ―musitó Amelia de mal humor, no había podido dormir nada pese a que se sentía cansada. Cada vez que cerraba los ojos por más de diez minutos aparecía aquella horrible imagen, ella con una daga apuñalando a un hombre, aunque sabía que eso era falso se había sentido tan real. Su mirada se perdió en la nada―. Quiero bañarme... ―Javier la miró con un modo de fascinación y le dedicó una hermosa sonrisa―. ¿Desde cuando no me baño?
―Desde que te ingresaron...
―¡Que asco! ―interrumpió ella―. Eso significa que aun tengo sangre y esas cosas en mi piel ―se movió incómoda en la silla. Javier la miraba divertido.
―Te dieron una pequeña ducha cuando saliste de la cirugía, cuando estabas en coma solo venían a darte baños de esponja...
―¿Venían o tu me los dabas? ―la mirada de Amelia cambió a una llena de excitación e incredulidad.
―Las enfermeras, mente sucia... ―posó una mano sobre su cabello y lo revolvió, ella rió―. Necesito que escuches algo ―de una pequeña mochila color negra sacó un disco de color púrpura con varios adornos―. Aún no salen al mercado, pero Txus me dio uno, bueno no solo a mí, a todos ―le tendió el disco y pudo ver mejor la portada, había dos brujas, una con un color de piel normal y cuatro brazos; la otra tenía la piel verde y tenía en la mano un violín, era como una especie de cuarto de pócimas, había toda clase de cosas allí.
―Vaya ―Amelia le dio la vuelta y miró las canciones, pasó por todas las canciones y se detuvo en una―. Quiero morirme en ti... ―levantó la vista a Javier, tomó la caja con las dos manos y se la devolvió. Javier pudo ver un brillo en sus ojos, se puso de pie y caminó hasta un pequeño reproductor de música, abrió la caja y colocó el CD(Aquí reproduscan la canción, plox). La canción comenzó a reproducirse, una guitarra acompañada con un efecto maravilloso de un teclado. La voz de Javier entró, tan dulce, grave y llena de pasión. El hombre frente a ella comenzó a enrojecer y a sonreír nervioso.

ESTÁS LEYENDO
Si supieras...
FanfictionQuerida Amelia: Han pasado algunos meses desde que no sé nada de tí, me siento solo, aun asi estando rodeado de amigos. ¿Estas bien? Para serte sincero estoy preocupado por ti, desearía que cada amanecer estuvieras aquí a mi lado. ...