[Tercera temporada de Ecos de amor]
Como el viento.
Lenta pero inexorablemente se va borrando recuerdos de sus vidas, poco a poco se hicieron neblina. El vendaval de las horas arrasó desde el tiempo cruel a la lucha contra sus demonios, despojó sus...
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Tres años después
Una fuerte brisa sacudió los terrenos Bianchi D'angelo, las flores, las hojas, las ramas, y las uvas de los viñedos se sacudieron ante la magnitud de tal vendaval, aquél fuerte viento que levantó con él la tierra, movió las hojas de los árboles e inquietó a los caballos.
Los trabajadores que cuidaban de las uvas tomaron sus sombreros en manos y soltaron un triste y lastimero sonido lleno de pesar.
-¿Y se va a quedar ahí pa' siempre? -cotilleaban las cotorras, mejor conocidas como las mujeres de limpieza, Casandra, Kika y Marifé.
-Hombre, el patrón está que se muere, salió más de treinta veces con la bata de hospital, aún no está bien, pero aún así se sentó en el porche de la hacienda a llorar. -desde otra parte de la hacienda murmuraban los granjeros.
-La señora no se merecía que le pasara eso, Aníbal. Tan buena gente ella, tan llena de vida. Mire que injusta es la vida.
-No hay quien me llene más de pesar que las pobres niñas, joder, lo tristes que deben de estar. -comentaban los policías que salían de la hacienda.
-Lo devastada que quedó esa pobre familia... -sollozaron las enfermeras conmovidas ante tal suceso al salir en las ambulancias.
Mientras en la recámara principal...
-¡Mamá hablá por favor! ¡Respóndeme, despierta! -gritaba llena de dolor una pequeña pelirroja aferrada al regazo de su madre quien yacía dormida sobre la cama.
Una castaña no hacía más que llorar abrazada a su madre, su corazón desgarrado no le permitía hablar, o sentir otra cosa que no fuera dolor.
-¡Mami tienes que despertar, abre esos bonitos ojos tuyos, cantanos esas canciones de cunas con las que ponías incluso a papá a dormir! -murmuraba llorando la pelirroja, sus cuerpos se sacudían a causa de los sollozos pero el cuerpo inerte de su madre de bajo de ellas no.
-¡No va a despertar, Mackenzie, acéptalo! -un fuerte grito salió de la garganta de la castaña desgarrando su corazón.
-¡Cállate! ¡Mamá va a despertar! ¡Cállate! ¡Cállate! -gritó la pelirroja mirándola furiosa con los ojos llenos de lágrimas. -Mamita, abre los ojos, demuestrale a esta tonta que estás bien, mami, por favor.
Detrás de ellas se escuchó el yanto desgarrador de su padre quien se les unió y las abrazó a ambas con fuerza. Las sacudidas de su cuerpo por los sollozos hacían temblar a las pequeñas quienes se abrazaron a su padre y lloraron junto a él.
-Mi amor... Perdóname. -murmuró bajito Maximiliano mirando a su esposa quien ahora yacía postrada en esa cama sin poder levantarse, sin esperanzas de nunca más poder levantarse.
Bienvenidos al comienzo de esta nueva historia... -Aisha Steele.