[ sesenta y uno ]

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Ella salió del baño y a mí casi se me sale el corazón del pecho.
¿Cómo es posible que alguien pueda hacerte sentir cosas tan mágicas?
Todavía me reprocho el haber sido tan estúpido y no haber admitido lo que me pasaba con Emilia después de aquella noche. Pero mejor tarde que nunca ¿no lo creen?

-Te ves hermosa -musité una vez que se acercó a mí. Levanté mi mano y acaricié su mejilla. Luego acomodé un mechón de su cabello -Realmente hermosa.

-Mentira -dijo ella sonrojándose un poco. Me pareció lo más tierno del mundo.

-No podría estar mintiendo, Emilia -le aseguré mientras le echaba una devoradora mirada por su pequeño cuerpo.

-¡No me mires así! -dijo divertida y golpeó levemente mi pecho -Eres un depravado.

-Ese vestido negro que traes puesto se vería muy bien en el suelo en este momento -le dije y me acerqué rápidamente a ella.
Intentó escapar pero coloqué mis manos alrededor de su cintura impidiéndole aquello. Rió nerviosa y colocó sus manos sobre mi pecho.

-Suéltame -ordenó.

-¿Pero quien te crees, mi madre? No voy a obedecerte, loca.

-Escúchame una cosita, tontito -dijo y comenzó a ejercer un impulso sobre mí para alejarse. La acerqué más a mí -Tenemos que irnos... se nos va hacer tarde para la reunión de tu padre.

-No pasa nada si llegamos unos cuantos minutos tarde -musité y la acerqué más para depositar un pequeño beso justo debajo de su oreja. La sentí temblar levemente.

-Claudio Meyer, por favor... no hagas eso -me dijo firme. Volví a besarla en el mismo lugar que antes pero esta vez el beso se hizo más largo. Comencé a correr mis labios por el contorno de su bello rostro -Claudio...

-Cállate -le ordené -Me la debes.

-Mentira -chilló.

-Si que me la debes... ayer te hiciste la tontita.

-Eso no es cierto. Tuvimos nuestro momento... ¿o no?

-Ajá, si claro.

-Claudio -me dijo y con sus manos que seguían sobre mi pecho me empujó un poco de ella para que la mirara a los ojos -Después de la fiesta.

-No, ahora -le dije.

-No, ahora no -sentenció.

-¿Cuál es la diferencia de ahora y después? -le pregunté fastidiado. Ella sonrió y se puso en puntas de pie para besar con cuidado mis labios.

-Que ahora tenemos que irnos y además no me gustaría llegar marcada... últimamente te estas volviendo muy marcador -me acusó. Sonreí con los labios sellados -Y después será después... tú sabes.

-Lo que pasa es que a mi me gusta marcar lo que es mío. Si yo te marco entonces los demás lo ven y saben que tienes dueño.
Frunció el ceño y se alejó completamente de mí.

-Eres un cerdo machista, nos vamos -dijo con cierto enojo.
Volví a sonreír y tomé mi abrigo para dirigirme hacia la puerta. Estábamos en casa de ella, ya que el lugar en donde mi padre nos había citado quedaba cerca de allí. Salí primero que ella y fui a apretar el botón del ascensor.
Ella estaba totalmente seria. Está enojada ofendida, esperando a que yo me le acerque la abrace y le pida perdón por ser un cerdo machista. La miré y ella entró en el ascensor. Apretó el botón a planta baja. Pronto llegamos y sin decir nada salió de allí.
En silencio caminé detrás de sus pasos. Sonreí y estaba por decir algo pero un celular comenzó a sonar. Era el de ella.

-¿Hola? -dijo y al instante una sonrisa atravesó su rostro -¡León! ¿Cómo estas? -la sonrisa que yo tenía en mi rostro desapareció en ese mismo segundo -Claro que podré verte mañana en la biblioteca... me encantaría poder ayudar en eso -sonrió aun más y asintió con la cabeza. Sentí una punzada en medio de mi pecho. ¿Por qué demonios León llamaba a mi novia y la citaba en la biblioteca de la Universidad? Creo que tendré que aclarar unas cuantas cosas con el querido Rubio -Claro que si, nos vemos mañana.
Ella colgó y no dejó de sonreír. Hacía un segundo su cara era la de alguien completamente enojada y furiosa.
Ahora la señorita solo sonreía. Pero que descaro.

peligrosa obsesión; claumilia [EN EDICIÓN]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora