Londres - Siglo XIX
Sofocada... así me siento en los brazos de Darien después de caer en ellos. Mi corazón late con fuerza contra mi apretado pecho, ahogándome aún más, y su agarre me quema por dentro, sintiendo mis mejillas arder. Sus ojos azules siguen mirándome con asombro debido a mi indiscreción. Eso me obliga a bajar mi mirada para evitarlo y sobre su camisa noto una cadena con una argolla colgando de su cuello. Me intriga, pero justo en ese momento, me endereza y suelta con rapidez, teniendo claro que aquella situación es inaceptable, más aún tratándose de la fiesta de mi compromiso. Su cara se pone seria y su cuerpo está rígido como si quisiera evitarme, lo que me entristece en lo más profundo de mi alma.
—Debería tener más cuidado, Lady Serena —me dice con voz seca y a mi me dan ganas de llorar al darme cuenta de lo distante que está su corazón del mío—. A Lord Diamante no le gustaría saber que pudo lastimarse.
—Mu-muchas gracias —tartamudeo sin control, debido a que mis labios tiemblan de decepción, mientras aprieto mis manos, estrujando mi vestido para controlarme.
—No tiene que agradecerme —habla casi dándome la espalda y ya no puedo soportar su displicencia.
—Ha tocado hermoso hoy —suelto con la esperanza de que me dé unos segundos más de atención. El sólo me ve como la novia de Diamante y yo deseo que me vea a mi, Serena.
—Gracias... aprecio que le guste mi forma de tocar —acepta, dirigiendo sus ojos otra vez hacia mi. Ahora puedo notar en ellos un brillo de ¿nostalgia? Su mirada es más suave, incluso triste. ¿Por qué, si recién estaba siendo tan frío conmigo?
—Tiene un talento maravilloso. Desearía escucharlo otra vez —le digo, acercándome un poco, dirigiendo mi atención al collar que vi hace un rato. Parece una sortija de matrimonio. "No puede ser", pienso, sitiendo una punzada en mi corazón, lo que me hace apretar mi mano sin darme cuenta.
—Puedo concederle ese deseo ahora mismo, si gusta —me dice, esbozando una tenue sonrisa, que es la primera que le veo, devolviéndole la vida a mi dolorido corazón, el que se dispara sin remedio ante su pequeña muestra de interés hacia mi persona.
—Sería perfecto.
Él se dirige al piano con su caminar tan seguro que siento como irradia perfección en todo lo que hace. La mujer que esté a su lado debe ser demasiado afortunada y me duele no ser yo. ¿Por qué? Ni siquiera lo conozco, pero no puedo evitar sentirme atraída a él, a su forma de expresar sus sentimientos a través de la música, y, de alguna forma, siento que lo he conocido gracias a eso. Después de que está sentado frente al piano, me acerco a Mina disimulando lo mejor que puedo mis alteradas emociones.
—¡Serena! ¿Dónde estabas?
—Sólo en el baño. Perdón...
—Diamante tuvo que ir a una reunión importante en su despacho, me pidió que te avisara para que lo esperes —me dice mi madre, mirando hacia Darien y vigilándome a la par. No se le escapa nada y ya debe haber notado mi perturbación—. ¿El joven volverá a tocar?
—No lo sé —respondo, haciéndome la desentendida.
Aunque sé que no me cree, menos aún cuando él alza la mirada y me busca en medio de la multitud antes se iniciar su nueva interpretación, haciéndome retener la respiración de emoción.
Etude, Op, n°10, n°4 de Chopin... una partitura que no he escuchado hasta ese momento y es impactante desde el primer movimiento. Sus dedos en cuanto tocan las teclas se mueven por sobre ellas con exquisita rapidez, llenando el salón de una melodía atrayente y deliciosa, que me estremece el corazón, acelerándolo hasta casi doler debido a la presión de mi ropa.
Me maravilla cómo puede subir y bajar por toda la extensión del piano, mientras sus dedos vuelan sin enredarse tocando cientos de notas por minuto que erizan la piel de cualquiera. Su rostro en sí mismo es una melodía, pues veo sus expresiones tan apasionadas, mientras el sudor comienza a asomar en su frente debido a la efusiva presentación, humedeciendo sus cabellos, dándole una expresión aún más sensual. Mis piernas tiemblan de emoción y el sonido es cada vez más intenso, tan rápido que casi no puedo ver el movimiento de sus dedos que se desplazan a una velocidad sobrehumana, sorprendiéndome al máximo, hasta que da los últimos toques, lentos pero intensos, finalizando su interpretación, que me ha dejado la piel erizada en todo el cuerpo, mientras sonrío como boba de felicidad.
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Atada a tí
FanfictionSerena está comprometida con Diamante, en un arreglo concertado por su madre para sacar a su familia de la anulación aristocrática y pronta bancarrota. Sin embargo, en un evento conocerá a Darien, un prodigioso pianista que pondrá su corazón a prueb...
