Londres - Siglo XIX
Llevo varios minutos caminando por mi sala de ensayo y aún no logro controlar la aceleración de mi corazón. ¿Por qué es así Serena? Mis manos pasan por mi pelo para intentar sacar de alguna forma la frustración que me hace sentir el haber cedido a semejante situación tan comprometedora. ¿En qué estaba pensando cuando le hice caso? Cierro mis ojos para encontrar un poco de sosiego, pero ahí aparece la imagen de su mirada brillante e implorativa. "Darien... lo amo", escucho su voz en mis oídos tal como si me lo estuviera repitiendo otra vez. ¡Oh, Dios! Serena va contra todo lo que he conocido en esta vida. Ella es decidida, valiente, sincera y jamás retrocede, jamás. Cuando su mano se aferró sobre la mía sobre el piano sin importarle que el sonido se disparara grave hacia nuestros oídos, sólo con la intención de demostrarme como latía su corazón después de escucharme tocar, supe que estaba perdido... ya no hay vuelta atrás en esto que comienzo a sentir por ella, esto que aún no quiero definir, aunque tengo claro lo que es, pero no me siento preparado para asumirlo, no antes de terminar el diario de Serenity. Creo que es por respeto a su memoria o a lo que alguna vez sentí por ella, porque de lo que sí estoy seguro es de que, con todas sus omisiones y engaños, destruyó gran parte del amor que aún le tenía.
No puedo dejar de pensar en la calidez del cuerpo de Serena y en su exquisito aroma a lavanda que inunda mis recuerdos. Su piel es aún más suave de que lo que siquiera podía imaginar y hoy, cuando he desatado su vestido, estuve a punto de perder el control. ¿Qué espera de mi, Serena? ¿Acaso no se da cuenta de lo difícil que me es estar a su lado sin desear besarla y quién sabe qué más? Mis dedos ardían a medida que soltaba esas delicadas cintas que sostenían su vestido y mis ojos no podían dejar de notar como su piel se relajaba al ser liberada poco a poco de la prisión del corsé. Era verdad que nunca había hecho eso, aún cuando ella no me creyera, pero... Serenity era tan diferente. Por eso, mi corazón saltaba furioso dentro de mi pecho, ahogando mi respiración, que se aceleraba cada vez más. Veía que ella estaba en la misma situación debido a su piel erizada y a la forma en la que su espalda subía y bajaba rápidamente al respirar. Cuando al fin terminé aquella deliciosa tortura, quise enseñarle una lección, además, de que me fue irresistible hacerlo. Toqué su piel y deslicé mis dedos por su hombro, bajando por su brazo hasta llegar a su mano, apreciando su suavidad y el calor que desprendía.
-No me vuelva a pedir esto, porque la próxima vez no respondo por mi -le dije, susurrándole al oído y vi claramente como un escalofrio recorrió su piel.
Ella se quedó estática por completo, y ahí salí casi huyendo de la habitación, pues ya estaba al borde del colapso.
Ahora, estoy aquí, encerrado en la sala, esperando a que se haga muy tarde y a que ella esté dormida, antes de volver a la habitación, para que no me insista en que además duerma a su lado. ¡Ah, Serena! ¿De dónde salió usted para poner mi mundo de cabeza? Aunque, debo reconocer que sin ser como es ella, así, chispeante y natural, quizás mi vida seguiría igual de hundida en la oscuridad.
-Vi la luz encendida y venía a apagarla, pero me encuentro contigo aquí -me dice de pronto mi padre, que ha abierto la puerta de par en par-. Pensé que ya te habías ido a dormir con Serena...
-Padre... -lo llamo con molestia, pues sé hacia donde se dirige.
-¿Qué? ¿No me digas que aún lo estás pensando? -me pregunta, acercándose a mi lado con mirada escrutadora-. ¿Darien?
-No... Sí... ¡Ah! No sé -respondo, tan confuso como estoy.
-¿Por qué tienes tantas dudas? La química entre ustedes salta a la vista, ¿acaso estás ciego? -me espeta, apuntándome con su mano.
-¿Usted cree? Es sólo que...
-No me digas que es por Serenity, por favor...
-¡No! Quizás... un poco... ¡ahgg! -le contesto, revolviendo mi cabello como un loco.
-Hijo, por Dios, ¿cómo puedes seguir atado a tu pasado de esa manera? ¿No ves el daño que te haces? Piensa en Serena, se ve que ella te quiere...
-Lo sé, y es a eso a lo que le temo, a hacerle daño sin querer. ¿Cree usted que es muy fácil olvidar que mi primera esposa perdió a mi hijo y además quiso suicidarse? No es fácil, padre, eso no es fácil de olvidar... No quiero ni imaginar que eso pueda repetirse... -revelo con mi voz llena de la impotencia que siento.
-Darien... ¿cuántas veces hay que decirte que ellas son personas muy diferentes? ¿Tú crees que Serena sería capaz de darse por vencida? Si la arrancaran de tu lado, ¿crees que no buscaría la manera de regresar? En sus ojos se ve su determinación, hijo, algo que Serenity nunca tuvo.
-Eso es verdad -reconozco bajando la mirada.
-No tengas miedo a amar otra vez. Te aseguro que ella es la indicada. ¡Mírate! Estos días has reído como no lo hacías hace mucho tiempo. Me dio mucho gusto verlos trabajar juntos hoy. Valora esta segunda oportunidad, quizás no tengas otra -dice mi padre, poniendo su mano en mi hombro con firmeza.
-Sí... Es verdad. A su lado me siento pleno, como si ella hubiese estado a mi lado desde siempre. Es tan extraño...
-No es extraño, hijo, así se siente el amor -me habla con una sonrisa sincera en sus labios y yo sólo lo miro asombrado.
-¿Por qué la trajo a casa por medio de un contrato anónimo? -le pregunto, aprovechando el momento.
-Exigencias de Diamante... ese hombre es un loco y fue la única manera de que aceptara. Creo que sabía que entre ustedes pasaba algo, porque estaba furioso al comienzo, pero su fortuna estaba en mis manos, así es que no le quedó de otra.
-¿Qué sabía que pasaba entre nosotros? -inquiero dudoso.
-Darien... por favor... desde el primer día que se saludaron en la fiesta de compromiso de Serena, vi las chispas que saltaban de sus ojos. ¿Crees que Diamante no se dio cuenta?
-Esa no fue la primera vez que nos vimos.
-¿No?
-No, fue en mi primer concierto.
-Ves... La recuerdas entre las cientos de personas que había ese día.
-Sí, ¿cómo podría olvidarla? Estaba en primera fila, y me miraba tan atenta con sus brillantes ojos celestes -revelo, con la mirada perdida en el piso, mientras rememoro la escena en mi mente.
-¿Quieres más razones para aceptar a Serena? Escúchate, Darien...
-Usted sabe que ella aún es menor de edad, por algo su madre fue quien firmó el contrato...
-Sí, Diamante me lo dijo.
-Y, ¿sería correcto que yo duerma con ella? Usted siempre me habló de la importancia de respetar a la mujer, me enseñó que ellas son frágiles como las flores, pero que también son fuertes como un roble cuando es necesario.
-Es tu esposa ante la ley, Darien. No estás quebrantando ningún estatuto. Pero, sabes que también te enseñé que las mujeres no son objetos, no se usan y se desechan, eso jamás lo aceptaría de un hijo mío.
-¿Entonces, por qué se arriesgó de esta manera? Podría haberse equivocado respecto a mis sentimientos.
-Si estaba errado, jamás tocarías a esa mujer y a los seis meses regresaría a su antiguo compromiso. Pero, si acertaba, ella sería tu mujer tarde o temprano, de eso estaba seguro -me explica, mirándome con seriedad, dejándome mudo ante sus palabras-. Espero que sea más temprano, recuerda que no todas las mujeres quedan embarazadas de inmediato -remata con su típica sonrisa de victoria.
-Padre... le prometí a Serena aceptar el contrato cuando cumpla dieciocho años, para lo que falta ya menos de un mes -reconozco derrotado ante su lógica-. Le dije que compraría una nueva sortija para ella y que haría una fiesta que la hiciera sentir honrada, no una pieza que puede comprarse.
-¡Perfecto! ¿Cuál es el problema?
-No sé si ya quiero esperar tanto -respondo con total honestidad ante él y ante mi mismo.
-Ves que no me equivoqué -suelta altanero-. Entonces, ¿quieres hacer una fiesta para sentirte mejor y hacerla tu esposa como corresponde?
-Sólo quiero hacer las cosas de la manera más correcta posible, por el bien de ella.
-¿Te parece que aprovechemos la cena familiar de este domingo?
-¿La cena?
-Sí, tendríamos una semana para preparar todo, y sería más que nada la presentación de su matrimonio. Es imposible hacer una ceremonia, ya que están legalmente casados.
-¿Una semana? -repito, meditando la situación. Aún me quedan muchas hojas del diario de Serenity, pero en este momento no tengo cabeza para pensar en eso, creo que necesito un respiro entre tanto sufrimiento. Quizás... - Está bien. Creo que es lo mejor.
-¡Excelente! Hijo, verás que esta es la mejor decisión -me dice, dándome un abrazo fuerte-. Avanzar es lo mejor en la vida, sobre todo cuando sólo tienes veintidós años. Ya lo verás.
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Atada a tí
Fiksi PenggemarSerena está comprometida con Diamante, en un arreglo concertado por su madre para sacar a su familia de la anulación aristocrática y pronta bancarrota. Sin embargo, en un evento conocerá a Darien, un prodigioso pianista que pondrá su corazón a prueb...
