Capítulo 5

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Londres - Siglo XIX

¿En verdad sólo siente nostalgia por su esposa cuando me ve, Darien? ¿Nunca podré pasar por sobre su recuerdo para alcanzar su corazón? Y, ¿qué sucederá si ella regresa? En ese momento, ya no tendré ninguna cabida a su lado.

Sentir sus labios sobre los míos es la sensación más maravillosa que he experimentado en mi vida... sólo fue una caricia sutil, pero logró enviar corrientes eléctricas por todo mi cuerpo, llenándome de mariposas el estómago. Es la primera vez que alguien me besa y estoy segura de que será inolvidable para mí.

Sin embargo, la interrupción de mi madre es el peor escenario posible para mis pequeñas ilusiones. Aún a la espera de que él responda a mi sincera declaración, ella llega con su rabia y molestia, gritándome en cuanto me ve en la sala. Bueno, en realidad la entiendo, ya que la escena es bastante obvia. Yo en el suelo, Darien abrazándome, uno muy cerca del otro... ella no necesita nada más que eso para hacer de mi vida un infierno. Y sé que lo hará.

—¡Serena! ¡¿Qué es lo que haces?!
—Madre —musito, mirándola con temor, ya que un escalofrío recorre mi espalda.

Veo a Darien ponerse de pie y extiende su mano para ayudarme a levantarme, por lo que la recibo sin dudar. El sólo contacto de mis dedos con los suyos es una caricia exquisita, que transmite calidez a mi corazón. Como quisiera...

—Disculpe mi imprudencia, Lady Ikuko, su hija... —dice, excusándose, sin embargo, mi madre no piensa escucharlo.
—¡Largo! ¡Fuera de aquí! Usted no es bienvenido en esta casa. Aléjese de mi hija —le grita casi sin control, escupiendo sus palabras con rabia, mientras apunta hacia la salida.

Estoy estupefacta ante su reacción tan indignada, pero de alguna forma entiendo que lo odie tanto, ya que ella sólo quiere verme al lado de Diamante. Tomo mi vestido con fuerza, para darme un poco de valor ante esta situación tan estresante y desvío mi mirada hacia sus ojos, para que me vea a mi y no a ella.

—Darien... —susurro apenas entre mis labios temblorosos que aún pueden sentir su caricia.
—Lady Serena, perdóneme —me dice, enfocando sus ojos de forma tan intensa sobre los míos que siento como si me acariciara con ellos.
—No se preocupe... algún día...
—Quizás... ahora debo marcharme —finaliza, pasando por mi lado, dejando su delicioso aroma a rosas frescas en el aire, el que ha quedado impregnado incluso en mi ropa debido a su abrazo.

Quiero girar y verlo salir de mi casa, pero sé que eso sería terminar de cavar mi propia tumba, por lo que me agarro aún más fuerte de mi vestido, dejando caer unas lágrimas de rabia ante esa situación tan injusta para mi corazón.

—¡Estás loca! —me grita mi madre, que ya está encima mío, lo sé por su voz tan cercana—. ¡¿Cómo se te ocurre hacer semejante espectáculo?! ¿Para esto te crié como una dama? ¿Para arrojarte a los brazos de cualquiera?
—Él no es cualquiera, madre —hablo entre dientes debido a mi rabia.
—¡Ja! No es cualquiera... ¿acaso lo conoces? ¿Sabes quién es? Serena... ¿Tienes idea de por qué se acerca a ti? —suelta sus preguntas con sarcasmo y evidente deseo de herirme. Sólo la miro con molestia, desencajada con su odio tan intenso hacia Darien. Pareciera que ella sabe algo que yo no.
—Madre...
—¿Quieres saber? Ven para acá niña ingenua —me dice, tirándome de un brazo—. Espero que esto te deje claro que clase de hombre es Darien Chiba y te olvides de una vez por todas de ese estúpido capricho.

Sus palabras siguen saliendo con ira y me siento un poco mareada por cómo se está comportando. Su mano aprieta mi muñeca con fuerza, haciéndome doler la piel apretujada entre sus dedos, mientras me conduce por un pasillo de nuestra casa. No sé porqué, pero siento que pocas veces he estado en este lado de la mansión que nos alberga. Ella sigue arrastrándose por ese pasillo sin final y mi corazón está cada vez más acelerado ante la incertidumbre. ¿Qué querrá mostrarme? ¿Me encerrará de por vida aquí o en verdad sabrá algo de Darien que yo no? Si lo pienso bien, no sé nada de él, más que su música que me enamora y las pocas cosas que me ha contado de su esposa.

Atada a tíHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora