Capítulo 13

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Londres - Siglo XIX

Debo reconocer que estoy demasiado confundido... ¿Cómo mi padre me hizo esto? Serena me acaba de confirmar que no tenía idea de con quién la habían casado, por lo tanto no es su culpa estar en esta situación. Sin embargo, estaba dispuesta a ser la esposa de alguien desconocido. Gracias a mi padre está a mi lado, a salvo, pero, ¿y si hubiera sido otro el interesado? ¿Ella igual habría estado en la habitación de ese sujeto así sin más problemas? ¿Por qué lo hace? ¿Por qué todos me torturan más? ¿No se dan cuenta de que ya estoy lo suficientemente destruido como para afrontar más situaciones tensas? Pero, mi padre no se librará de darme unas cuantas explicaciones. ¿Casado con Serena? ¿Yo? ¿Por qué la escogió a ella? ¿Acaso se dio cuenta? Oh, Dios, ¿por qué me pruebas de esta manera? Tengo a mi lado una caja llena de cosas de Serenity que podrían darme respuestas a todas las preguntas que me hice acerca de ella... y, frente a mi está Serena, mi nueva esposa, tan llena de vida como siempre, demostrando un temperamento que desconocía, pero que es igual de atrayente que todo en ella.

Sin embargo, no puedo avanzar sin cerrar mi pasado, no es justo para Serena que acepte este contrato sin estar totalmente seguro de que he dado vuelta la página, aunque, debo reconocer que mi corazón volvió a latir otra vez en cuanto la vi... no, no puedo dejarme llevar por mi traicionero corazón, una vez ya lo hice y el daño que causé fue mayor que los beneficios, Serenity aún estaría viva...

Giro mi cabeza sobre la cama y lo primero que veo es aquella caja que me tortura. Me siento con desgano y Serena enfoca su vista en la mía, haciéndome temblar. Sus ojos reflejan desilusión y creo entender su dolor. Ella imagina que la compré por su parecido con mi primera esposa, pero se equivoca. Definitivamente, debo conversar con mi padre, es lo primero que tengo que hacer.

—Lady Serena, creo que ambos necesitamos respuestas —reconozco, agachando la mirada para evitar sus ojos celestes—. Puede disponer de la habitación como desee, yo buscaré otro lugar, así es que quédese tranquila.

Me levanto y tomo la caja para salir de ahí, hasta que su voz llega a mis oídos justo antes de alcanzar mi objetivo.

—Su esposa... —alcanza a susurrar, poniéndose de pie y entiendo su preocupación.
—Ella no volverá, no se preocupe por eso —le aseguro, mirándola a los ojos, lo que es un grave error, pues siento aquella conexión que me obliga a quedar atrapado en su mirada.
—Yo... perdón, pero, ¿qué sucederá si ella regresa?
—No lo hará... ella... falleció —respondo, desviando mi mirada hacia la caja en mis manos, apretándola con fuerza, admitiendo delante de Serena algo que ni siquiera he querido reconocer para mí. Pero, debo hacerlo, no puedo dejar que piense que está en una situación poco honrosa para ella.
—Oh... lo siento... no debí —dice, volviendo a caer sobre la silla con todo su peso.
—No se preocupe, al parecer hay muchas cosas que desconocemos aún.

Al fin salgo de la habitación y veo a Rei llegar a mi lado con gran sorpresa. Me mira de arriba a abajo en un examen que no entiendo bien y luego me abraza de forma apretada.

—Darien... por fin seguirás adelante.
—¿De qué hablas?
—Ya todos sabemos de que Serena es tu nueva esposa —me revela, soltando el abrazo, fijando sus ojos en los míos con una sonrisa sincera.
—¿Todos? ¿Cómo es eso? —pregunto asustado, dándome cuenta de que era el único que no sabía de esos absurdos planes de mi padre.
—Bueno, hoy nuestro padre ha hablando con nosotros. Pero, no te enojes de que nos haya contado así —dice muy tranquila, para luego cambiar su tono a uno molesto, pegándome en un brazo—. Pero, ¿cómo es posible que seas tan poco romántico, hermanito?
—¿A qué te refieres? —pregunto extrañado, apartando mi brazo de ella.
—Es la segunda vez que traes a una mujer estando ya casado. ¿Será posible que alguna vez tengas una fiesta de compromiso y de matrimonio como dictan las buevas costumbres?
—Por favor, Rei, no tienes idea de cómo son las cosas.
—A las mujeres nos gustan las cosas lindas y preparadas, no las locuras de ustedes —explica muy decidida, sin conocer mi situación actual. Si supiera...
—Rei, en verdad no sabes lo que dices.
—Pero, te obligaré a hacer algo. Ahora, voy a conversar con Serena. La ayudaré a ponerse cómoda en tu habitación —finaliza, guiñándome un ojo, mientras pasa por mi lado, dejándome boquiabierto.

Atada a tíHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora